Los desbordes que nunca faltan
En el marco de la nutrida marcha realizada el jueves en defensa de la democracia y para recordar a las víctimas de la dictadura militar, se realizaron una gran cantidad de actividades organizadas por agrupaciones políticas y sociales, se colocaran placas conmemorativas, pintada de murales y un ciclo de cine en diversos lugares de la ciudad con lo que el Día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia, estuvo presente en una jornada con participación de los más diversos espacios.
Si bien esas actividades serían las elogiables, lamentablemente también hubo “de las otras”, aquellas en las que la adrenalina -en algunos casos- fluye sin control y provoca situaciones que no se corresponden con el tenor de la memoria, y otras que -como sucede en cada manifestación que se suceda- permite espacios a los “reclamantes oportunistas” que no tienen más intención que causar daño a los bienes que son propios de toda la comunidad o que, bajo un falso escudo reivindicativo, provocan hechos que no todos los movilizados comparten.
Precisamente, esas reacciones de algunos movilizados son las que históricamente han reducido presencia en muchas convocatorias que, con reivindicaciones sólidas y valederas, intentan llamar la atención sobre hechos puntuales, cambiar paradigmas, recordar víctimas de barbaries o gritar ese nunca más que nadie quiere.
Seguramente serían muchos más los movilizados si entre los que defienden derechos, no se colaran aquellos que con agresiones -piedras o pinturas- dañan una bandera nacional, uniformes de efectivos policiales o la fachada del edificio de una fuerza que seguramente y como no debe ser, se sintió “en la vereda de enfrente” dentro de un acto que también debió contenerlos.