Cristina Solís, artista todo terreno

Hace ocho años, la creadora nacida en Misiones, llegó a Comodoro Rivadavia, con el grupo “Objetable Teatro”. No sólo actuó aquí, también subió a escena en Rada Tilly y Caleta Olivia.
lunes 28 de febrero de 2022
Cristina Solís, artista todo terreno
Cristina Solís, artista todo terreno

(Por Marcelo Melo)

“Mi paso, por esa región, ocurrió en el 2014. Fue con mi pieza ‘Los Caminos del Deseo’, la presenté en Comodoro, Rada Tilly y Caleta Olivia. Hacia allá, me dirigí con el grupo Objetable Teatro. Quedé impactada con el Centro Cultural de Comodoro, las posibilidades en las salas de exposición, en tanto en Rada Tilly, fue una sala nueva, con mucha onda, mucho viento, la verdad, que dos lugares muy especiales: tienen un manejo del tiempo muy particular, ver el mar, muy hermoso. Siempre hay salida, cuando hay mar”.

El recuerdo sobre la gira, que la tuvo manipulando objetos, en esta región, pertenecen a una gran creadora que viaja de Norte a Sur, de Este a Oeste de Argentina, Cristina Solis. La industria artística que comanda, no sólo abreva en el arte dramático, sino también en el plástico, observar su obra “Luna 5”, por citar una de tantas, es sumamente subyugante.

La evocación basta, para hacer existir las cosas en la cabeza del espectador, lo que sucede en la escena teatral hoy en día, relacionada con la utilización de objetos y marionetas, trata de un juego de relaciones expresivas no sujetas a un canon medianamente predecible, sino más bien, como un medio más, dentro de los múltiples recursos de expresión que utilizan las compañías contemporáneas. Y Cristina Solis maneja todos estos aspectos, con la naturalidad de quien crea de principio a fin, lo que finalmente expondrá frente a espectadores, sean 5 o 100, su profesionalismo no se ampara en cantidad de entradas vendidas, es una artista for export, que tranquilamente puede volar pelucas en Bariloche (donde residió muchos años), Misiones, su provincia natal y en la que hoy habita; Rosario, en la que vivió y construyó su afán innovador; Brasil, París, Londres o Madrid.
Hoy, nos abocamos a desentrañar, con esta enorme artista, un teatro, propuesta dramática, que no responde a las claras convenciones, a las cuales acostumbramos a relacionarla, ya sea desde temáticas, nivel de elaboración de los signos escénicos, dimensiones, formas de manipulación, rol del titiritero, que deriva en la integración -en escena- de un ser humano con un objeto, en una interacción recíproca, sin provocar extrañeza.

Si tuvieras que pensar tu experiencia de hace 8 años, en esta zona, ¿Qué destacarías?, para relacionarlo con tu lugar, el Norte…
La línea sur y lo cultural, están mucho más armados en conexión, que el norte. Los grupos, en el Sur, recorren muchos kilómetros de paisajes y rutas, existe cultura de ir a ver teatro, hay muchas salas, eso es maravilloso. Creo que, el frío, ayuda a salir y meterse en un teatro. No así el calor, es más difícil que tengas ganas de ir a ver algo, cuando te estás derritiendo (hoy, las temperaturas en el Norte, llegan a superar los 45°), por esto creo que, entre otras cuestiones, la cultura también tiene que ver con las posibilidades físicas y temporales.

Argentina es un país pleno de bellezas, tan diferentes y extremas, la cordillera y los desiertos, las grandes montañas y el mar, tantas imágenes, cubriendo tan vasto territorio. Identificarse con la forma, es un plano que no termina. La selva está en este tramo, en extinción, no hay agua, el calor no baja de los 47°, todo se va secando y no es sequía, es desertificación, no terminamos de entender lo que nos pasa, porque nos está pasando ahora. Por esto, es tan difícil de reconocer, empezar a despertar, es imposible estar lúcido, con el miedo y la enfermedad. El encierro, nos fue llenando de imposibilidades, aun sabiendo que, como todo, en algún momento, termina. Debemos seguir abriendo nuevas causas para volver a creer.

Has andado, viviendo, por un lado, presentando tus creaciones, en otros. Narranos las experiencias que desees, en los lugares que quieras destacar.

Creo que, los lugares más recónditos, fueron hitos en mi vida. En 1996, viví en Lencois, Bahía (Brasil), trabajé para un proyecto destinado a niños de la calle, junto a Castiluce (Baty y Alex), compañeros que me invitaron. Ese lugar era fuera del tiempo, los niños son increíbles artistas, atletas. Creo que fue el lugar más significativo en mi trayectoria. Durante ese viaje, escribí “Los Caminos del Deseo”, recorrí las comunidades, canjeando clases por estadías, conocí la selva maravillosa, las nuevas alternativas de vida, que aún hoy se siguen intentando, una vida comunitaria muy interesante, en un escenario increíble. Hacer funciones en medio del edén, compartir con la libertad, ser libertad.

“Los Caminos del Deseo”, obra que se sigue representando, recorrió -por Latinoamérica- con el grupo Objetable Teatro, formado en Bariloche, junto a Maxi Altieri y Damián Iglesias, más 148 mil kilómetros en solo un año. Lo llamábamos “Teatro Patria”, visitamos lugares tan recónditos y maravillosos, inolvidables. Maxi, no solo es actor, sino el mejor productor que conocí, su impecable trabajo, nos hizo conocer y compartir lo imposible: vivir del arte.

Tu obra, cada engranaje -sos una artista múltiple- ha sido cruzada por todas las artes, la danza, el teatro de objetos, el teatro en sí, la música, el arte plástico… ¿Qué te nace decirle a un creador que recién comienza?, a modo de consejo, en qué no pierda tiempo, en qué si…

Primero, que las artes se vinculan siempre. Los que hacemos arte: necesitamos comunicar, sea con el medio que sea, es una necesidad. Les diría: no escuchen a los que dicen que hay hacer una sola, para hacerla bien, la expresión no tiene pautas del crítico, tiene necesidades del alma, y lo más sincero es lo que está bien, el esfuerzo por ser el mejor: es la estupidez del mercado.

Tuve una familia que hacía muchas artes a la vez, pero, cada una de ellas, debía tener un propósito bien claro, un concepto de qué se estaba diciendo. Después, si el arte es forma o contenido; para mí son las dos cuestiones a la vez. A veces somos más claros con las formas, y otras con el contenido, en el recorrido del decir, hay un lugar sobre la madurez de lo que tratamos, si es mirada adolescente o de infancia, o el proceso de una vida que te habla. Creo que ahí, reside la implicancia de la obra. Lo importante es hacer lo mejor que sabes hacer, poner la fuerza, responsabilizarte por el contenido.

La condición, si es música, teatro, danza, diferencian procedimientos hacia un contenido. Para tener un lenguaje propio, se requiere de un gran recorrido, es el público, el que te dice si le interesa, eso que imaginas, ya que, decir sin que se entienda, tampoco es comunicar.

Háblanos de Osvaldo de la Fuente, tu compañero de escena, desde el costado que desees, su obra, su personalidad, sobre cada una de las entregas (obras) abordadas por ambos…
Nos conocimos tras mi regreso de Brasil. Estaba metida en el armado de “Los Caminos del Deseo”, mientras él, al mismo tiempo, tocaba en una banda maravillosa: Los Pie. Los vi, escuché y me encantaron, se me ocurrió pedirle que musicalizara “Los Caminos…”. Yo ya venía de hacer “Luna 5”, música e imágenes en escena. Él aceptó el trabajo, nos asociamos alrededor de seis meses, para el proceso de la obra. Debíamos acordar las sensaciones y emociones de cada parte; había quedado con un alumno de Rosario, para el personaje protagonista, al final no pudo ser, fue un dolor enorme, tener todo y no poder llevarla a escena.

Cuando le conté a Osvaldo, lo que estaba pasando, él asumió el rol de titiritero. Fue una sorpresa y alivio, él ya sabía todo del personaje.

Era músico, guitarrista, así que tenía poder en sus dos manos, la sensibilidad adecuada. Trabajamos mucho en manipulación, el resultado fue mágico. Tanto que, ganamos el Festival Provincial de Títeres, él resultó como Mejor Manipulador, comenzar a trabajar con él, fue una maravilla. En las demás obras fue lo mismo, mucha seguridad a la hora de la escena, eso es muy importante, nos podíamos leer lo que estábamos pensando, intuir -sobre todo- a dónde íbamos. Así salieron las demás piezas: “El borde”, “Atrapasueños”, “El silencio”, “Luna5”, “Diferencias en colores”, “Épica pandémica”. Hasta hoy seguimos trabajando, excelente compañero y artista, estoy más que agradecida.

Su obra musical es impecable. Siempre estamos ligados por algo de trabajo, ya que hice varias de sus tapas de CD. Es muy variado, vanguardia como muchos, para nosotros los “independientes”. Hay que encontrar una forma de producir, de circular; un distribuidor, ya que nosotros podemos llegar al mercado, pero no insertarnos en él, sólo las discográficas o los editores más grandes. Frente al mercado, estamos en esa posición.

¿Qué le recomendarías a quienes llevan las riendas de una cartera de Cultura en una municipalidad, una provincia, la Nación?, para que cubran y colaboren con la realidad de artistas que contribuyen a la identidad cultural de un pueblo…

El camino de la libertad del artista. La independencia de temáticas, hace a lo sincero del arte. El problema, como creadores, es que les tenemos que servir al sistema, en lo que ellos creen que debemos decir, sino no tenemos trabajo. Ese aspecto, es un peso desde siempre, nos usan como propaganda, nos hacen correr los riesgos del mercado, pertenecemos a un grupo que es de alto riesgo, ya que -si hablas de algo que no quieren que se diga- quedas esperando afuera tratando de entrar al circuito. Por suerte, hay entidades como el Instituto Nacional del Teatro (INT) y el INAMU (Instituto Nacional de la Música), que apoyan a los artistas independientes. Pero si tu provincia no entiende tu forma, solo trabajás para esas entidades nacionales.

Cultura es absolutamente todo lo que se realiza. No solo rescatar lo histórico para repetirlo, así no hay crecimiento. Por esto, las vanguardias tardan tanto en ser apreciadas. A no ser que vayas a Buenos Aires y encuentres un productor, es necesario abrir más puentes para la libertad de expresión, ya que es lo que hacemos, decir lo que nos está dando vueltas en el imaginario, llevarlo a una obra. El público es el que elige qué sentir, eso hace la representación, abrir puertas a todos, con sus diferentes educaciones. Todas las formas son necesarias, si inventamos un corredor, donde se puedan ver obras de todos los orígenes, la cultura crece.

Tu obra plástica es sencillamente genial, hablame de ella, de las figuras en blanco y negro, las otras, ¿cómo se planta, a la hora de iniciar una pintura, la Cristina artista plástica?

Nací en una familia de artistas. Mi madre fue escritora, actriz, música; mi padre: artista plástico, bailarín. Crecí rodeada de libros, cuadros, plantas y música. Desde los 4 años, bailaba en público, sin vergüenza alguna, cantaba, siempre me gustó el espectáculo, todo se fue dando por su peso. Empecé, estudiando bellas artes, en Buenos Aires, al mismo tiempo que se abría la Democracia. Tuve la suerte de dar con un grupo de compañeros maravillosos, en la Manuel Belgrano, donde, además de plástica, estudiábamos teatro. Fueron dos años, en medio de todos los cambios. Eso, lo que había estudiado con mi padre, más los talleres que hice, fue desarrollando mi imagen en la plástica; luego conocí a escritores y dibujantes de Ciencia Ficción. Ahí, dio un vuelco mi historia, encontré mi lugar, escribí Luna 5, que fue mi leitmotiv, para un cuento/cosmogonía. Mi mundo interno se unió con la imagen, vengo trabajando en él, desde entonces, mi primera exposición de arte plástico fue en 1987. No solo presenté mis cuadros, sino que los actué y bailé. El teatro me permitió seguir estudiando las formas del arte y la expresión, salir del silencio de la plástica.

Siempre pienso como una totalidad, el dibujar, escribir y actuar. Llevo una temática por año, escribo sobre eso que siento, como el silencio, el deseo, los sueños. Dibujo sobre eso, después se vuelven obra, cuando recopilo y pongo en escena. Soy muy constante en la tarea, por eso tengo tanto material.

Contanos sobre “Hadas de Medialuna”, lo que desees…
Tuve una vida muy nómade. Pero siempre repetí lugares, éstos son mi fuente, Rosario, Misiones, Bariloche, muchos lugares de Brasil, etc. “Hadas de Medialuna” nace en Bariloche, con Michay Fernández. Al volver a Misiones, en el 2016, nos juntamos nuevamente y funciona hasta hoy. En principio, siempre trabajamos en forma independiente, eso nos permitió hablar de lo que sentíamos, experimentar, en fusión de artes, muchas cuestiones que no se hacían. Hoy, esto es parte de la cultura de fusión, vanguardia, siempre he sido un híbrido, que creo que lo somos todos. El purismo de formas no existe. Somos lo que vimos y lo que grabó nuestro imaginario, de lo que nos interesa, es imposible no tener influencias. En ese grupo, seguimos firmes con Ana Solís (su hermana), que lleva el registro fotográfico y fílmico, con un ojo extraordinario; incorporamos a Ignacio Ochoa, nuestro genio en web; Omar Holz, gran titiritero; Osvaldo de la Fuente en primera guitarra; Francisco Soto, en piano y clarinete; Wilson Gómez, en bajo y guitarra; Alejandra Rodríguez, “cuerpo en sacrificio” y; Diego Tachile, performer y músico.

Las últimas obras fueron musicales a full, es como salieron, empezamos tres y terminamos siete. Obvio, una imposibilidad de mover a otros destinos. Yo produzco mis obras, lo que me significa trabajar en docencia, para asegurar el despliegue. Salvamos una parte con la ayuda de las entidades y organismos oficiales, pero todos los riesgos, los corremos nosotros. Eso la gente, el espectador, no lo ve, la gente de organismos de Cultura, en general, no tienen idea de lo que cuesta armar una obra. De todos modos, siempre tengo esperanzas de que las cosas cambien.

¿Qué artistas rescatás de tu Misiones natal y de Rosario?, y ¿por cuáles cualidades?

Empiezo por Rosario, ciudad en la que me formé en teatro, después de dejar Buenos Aires. Encontrar una alternativa allí, fue un alivio para el alma. Me inscribí en la Escuela Nacional de Teatro y Títeres. Otro lugar en el mundo, fue cuando conocí a mi maestra, ‘Chiqui’ Gonzáles, con ella entendí que era el teatro, que más me conmovía, empecé y trabajé en casi todas sus obras. No solo como actriz, sino como vestuarista y plástica escénica. Fui parte de la primera promoción de la Escuela Nacional, con la agrupación filodramática “Te quisimos con locura”.

Éramos siete, fueron muchas obras interesantes, premios y viajes, vivir de un teatro al otro, di clases en esa institución durante una década. Fue el lugar en que más estuve, trabajé con directores rosarinos como Mónica Discépola,1987, “Grupo de las Mujeres”, muchos años. Fue la que me llevó a los títeres; también, con Rody Bertol, en la Bienal “Rosario Imagina (1990). Ahí, conocí a Alberto Ure (director de teatro y televisión argentino, fallecido en mayo de 2017), hice una obra con él, mucho aprendizaje, hice a Yocasta en “Edipo Rey”, había que sostenerse, con semejantes monstruos de la actuación, mucho aprendizaje.

En cine también hice varias realizaciones, me encantaba. El teatro rosarino es muy particular, como su música, tuve la suerte de estudiar con grandes, (Jorge) Fandermole en canto, Casassa en guitarra, “Juancho” Perone en percusión. Fue una constante, en mis abordajes: lo hice todo a la vez, mi sed por el arte signó la forma en que llevé mi vida, puse todo allí.

Cree mi propio espacio. Y, en la plástica, al mismo tiempo, continuaba la cosa. Cuando sos joven, podes distinguir cómo seguir, pero no estás seguro de cómo hacerlo. Mucho, sucedió en los encuentros con otros creadores, en las posibilidades de los lugares. Pero siempre: esa fuerte convicción de hacer lo que se siente.

Hoy todos estos nombres son famosos. Yo lo viví como algo más familiar, hasta el día de hoy sigo en contacto con la “Chiqui”, soy una de sus hijas, jamás me castigó por hacer tantas cosas a la vez y ser libre, mientras ella fue Secretaria de Cultura de Rosario y, luego, Ministra de Cultura de Santa Fe, creadora de los dispositivos artísticos, como “El tríptico de la infancia” y muchísimos otros, políticas culturales, de pensamiento, etc. Ahí, uno ve las dimensiones de las personas, los que pueden pensar solo para sí mismos y, los que pueden pensar para millones de personas, el alcance del arte, el proceso de maduración de ver al otro.