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Un sueño comodorense, entre Ushuaia y Alaska

martes 08 de junio de 2021
Un sueño comodorense, entre Ushuaia y Alaska

Dos amigos, que caminan a la par desde que tienen uso de razón, construyeron un avión, con el que persiguen concretar destino: nada más ni nada menos, que unir las dos puntas del continente que nos alberga. Juan Martín Escobar y Guillermo Casamayú narran intimidades de semejante proyecto.



“Lo más importante no es llegar a Alaska, lo más importante no es el vuelo de más de 40 mil kilómetros, lo importante es que: no hay ningún sueño que sea imposible. No hay realidades imposibles. ¡Está todo en la cabeza! Independientemente del lugar al que uno llegue, se disfruta tres veces, cuando planificamos, cuando lo hacemos y seguramente cuando lo recordemos. Es así. Y nosotros queremos ir desde el sur del sur al norte del norte...”.

Jorge Newbery, precursor genuino de la aeronavegación en nuestro país, estaría orgulloso -y aplaudiría de pie- del relato de un comodorense que tomó la posta que él, y tantos, extendió, que hoy está a punto de levantar vuelo, a cumplir con una aventura innegable: unir las dos puntas del continente americano, nuestra Ushuaia con la helada Alaska, Norteamérica. Y vaya que aplaudiría esta proeza, la empresa incluye haberle dado forma, no solo a la Hoja de Ruta, sino también, a la nave que transportará a los pilotos. Ya que, Juan Martin Escobar, el autor de la frase de apertura, no realizará tal cometido en solitario, sino que, su compañero en el Instituto Austral, Guillermo Casamayu (ambos con 36 años), es coequiper desde que comenzó a pergeñarse tal epopeya.

Cuentan, los que dibujan rutas en el aire, los que desde las altura observan la tridimensionalidad del planeta, que el imaginario del aviador está dominado, primero que nada, por las ganas de volar su avión; están los procedimientos del aeropuerto, las condiciones meteorológicas, los procedimientos propios de la empresa, los procedimientos y reglas de control de tráfico aéreo, restricciones y prohibiciones, los establecidos por la autoridad aeronáutica, las comunicaciones necesarias, y cómo van progresando las condiciones climatológicas. También, la técnica de vuelo del avión, la operación y limitaciones de sus sistemas, el remanente del combustible, las condiciones de tiempo en los aeropuertos alternos; además, desde luego, tiene que enfrentar el flagelo actual entre los pilotos de aerolínea: la fatiga, que no en pocas ocasiones llega a ser crónica.

DOM convocó a los actores de esta película, que comenzó a rodarse hace algunos años, y que los tiene en los roles protagónicos. Juan Martín Escobar, no aborda aún la cuarta década vital y ya lleva dos décadas surcando la atmósfera, concentrando su imaginario hacia lo que denomina “última frontera”: Alaska.



¿Qué antecedentes describirías ante el enorme objetivo final que se han fijado?

Volar es algo que hago desde hace mucho, en tres años más voy a cumplir 20 años volando. Tengo la suerte de dedicarme a algo que me encanta, o sea que, no solamente es un trabajo, sino que –también- la mayoría de las veces es una diversión. Y hay distintos tipos de vuelo, todos tienen su encanto, la aviación experimental es una de ellas. Y poder viajar, con una aeronave construida por uno mismo, tiene otro condimento, que la hace mucho más atractiva.

Ir desde Patagonia hasta Alaska, es una idea algo loca, pero la planificamos y sabemos lo que hacemos. Eso que hoy parece una locura, mañana será uno de tus mejores recuerdos.

Lo más importante no será llegar, lo más importante no es el vuelo de más de 40 mil kilómetros, lo importante es que no hay ningún sueño que sea imposible. No hay realidades imposibles. ¡Está todo en la cabeza!. Independientemente del lugar al que uno llegue, se disfruta tres veces: cuando planificamos, cuando lo hacemos y, seguramente, cuando lo recordemos. Es así. Y nosotros queremos ir desde ‘el sur del sur al norte del norte’. El avión nos permite ver en distintas dimensiones, y pensar de manera diferente. En tres dimensiones.

Hubo gente que nos decía que no se podía, que nunca lo íbamos a terminar, y nosotros mantuvimos el foco en lo positivo, nos liberamos de todo lo negativo y tomamos los hábitos para lograr que el Correcaminos despegue.

El proyecto Correcaminos sirve como símbolo, para inspirar a otros emprendedores a seguir trabajando por sus sueños. Y pensar más en grande. No es un avión, simboliza mucho más que eso, se trata de concretar un propósito, un sueño y, trabajando en equipo, todo se puede lograr.

Cuando Lindbergh (Charles Augustus, aviador e ingeniero estadounidense) cruzó –en 1927- el Atlántico por primera vez en un avión, nadie imaginaba que poco tiempo después, iban a existir aviones tan poderosos como los de ahora, transportando 200/300 pasajeros. Salvando las distancias, la analogía es similar.

Construir un avión en el garaje de la casa, o en el taller de un amigo, tiene un potencial infinito. En realidad, todo lo que hagamos con pasión, dedicación y responsabilidad es infinito. La energía renovable más potente que tenemos es la pasión.

¡El Correcaminos vuela! Encima, la idea es asociar el vuelo, con un estudio para la ciencia, de ello no podemos dar más detalles, pero estamos haciendo el proyecto aún más grande y estamos muy contentos”.



¿Cómo te fuiste transformando en piloto de aviones?

Me fui haciendo, y continúo, siempre estamos aprendiendo, entrenando y actualizándonos, desde muy chico. A los 3 años, me subieron a un avión que piloteaba mi tío, para tirar chupetes desde el aire. A partir de ahí, siempre que podía, acompañaba -a volar- a mi tío. Hicimos varios viajes. Así, fui aprendiendo.

Luego, pude realizar el curso de Piloto Privado, a los 17 años, en el Aeroclub de Comodoro. Desde ese momento, nunca dejé de volar. Fui obteniendo distintas licencias y habilitaciones, sumando horas de vuelo como se podía, acompañando festivales, llevando aviones al taller, etc. Tiempito después, llegó la aprobación de Instructor de Vuelo, que me posibilitara los diplomas superiores, los que me transformaron en Piloto de Transporte de Línea Aérea.

Un aporte importante, fue que –paralelamente- ya estudiaba Ingeniería Industrial, en la Universidad Nacional de la Patagonia. Estos conocimientos, aportaron lo que me ayudó –muchísimo- para ‘abrir la cabeza’, y tener una visión mucho más amplia, de todo. Y analizar mucho las cosas.

Luego, me fui al país trasandino, algunos años, para volar en Lan Chile, prontamente Lan Argentina, LATAM (aerolínea multinacional chilena). Hoy piloteo en JetSMART Argentina (propiedad de la empresa chilena Indigo Partners).

 

¿Y la faceta de constructor?

Ese rol me queda grande, simplemente pusimos cabeza a los procedimientos, a las instrucciones, estudiamos, leímos y nos rodeamos de los mejores.  Y tuvimos mucha paciencia y perseverancia ¡Mucha! Pero valió la pena, sin dudas.

Al avión apodado Correcaminos, lo armamos junto con Guille Casamayú, un casi hermano, con quien nos conocemos de toda la vida. Primaria, secundaria, Universidad, vacaciones, además fui el que le enseñó a volar.

Un día, tuve la oportunidad de volar un avión muy parecido al nuestro, con el que quedé completamente loco con sus prestaciones, por la velocidad, las posibilidades de maniobra, el bajo consumo, la tecnología, etc. Encima, podía ser construido por amateurs, en el garaje de la casa. Le conté a Guille (cabe aclarar, que él está mucho más loco que yo) que teníamos que armar esa nave y, sin saber absolutamente nada de lo que yo le estaba hablando, me responde ‘dale, armemos un avión’. Y así comenzamos, conociendo poco, pero estudiando mucho, tardamos 7 años. El resultado es muy bueno ¡Cada día vuela mejor!

Es tan así, que hacemos la analogía con un artista francés, René Magritte, que pintó un cuadro con una pipa y le escribió: “esto no es una pipa”. Claro, el cuadro, no sólo simboliza una pipa, sino también el placer, que puede generar todo ello, a momentos y demás análisis relacionados. A nosotros, con el avión nos pasa algo parecido, ya no es solamente un pequeño transporte aéreo que construimos, sino que representa la felicidad, el sacrificio, la perseverancia, la libertad, el transporte, la diversión y muchos estados de ánimo más. Para nosotros significa la máquina de los sueños.

 

¿Cómo es esto de unir las dos puntas del continente?

Una de las atracciones más lindas, del Proyecto Correcaminos, fue que se inició muy de abajo, sabiendo poco, aprendiendo a colocar el primer remache, siempre con mucha responsabilidad. Y cada vez, fue tomando más fuerza, creciendo en todo sentido.

Primero, lo queríamos para ir a pescar a la cordillera. Después, para recorrer Argentina. Hasta que, un día, observamos a dos locos viajando -en un Fiat 600- hasta Alaska. Ahí, supimos que íbamos a ir con el Correcaminos. Y así, fue creciendo la idea.

Entre los viajeros, siempre está eso, de conocer lugares, más si se trata de un viaje desde la Patagonia hasta Alaska. Pensamos concretarlo en dos o tres etapas, tomándonos algo de tiempo, para hacerlo más tranquilo.

 

¿Cuál es el fin y el mensaje?

Al principio, el fin se constituyó en construir un avión para diversión y transporte, con un costo relativamente bajo. Luego, como mencioné anteriormente, el proyecto fue creciendo y, ahora, la idea es utilizar nuestro viaje -y el avión- como herramienta para un fin mayor. “Patagonia Alaska-Proyecto Correcaminos” está planificado para una campaña, la que denominamos “Alas para la ciencia”.

Todavía, no podemos brindar más información que el título de esta gran empresa que queremos llevar a cabo. Pero sí podemos decir que está relacionada, lógicamente, no sólo con la aviación, sino también con la ciencia, el medio ambiente, y la sociedad. Seguramente, en poco tiempo más, podremos contarles en detalle. Todavía hay cosas que trabajar. Y tiempo para pensar.

 

¿Cuáles son las estaciones? y ¿quiénes esperan en tierra?

Según la ruta, que dibujamos, serán unos 15 países y, en total, el recorrido serán unos 50 mil kilómetros, los que pensamos volar. Toda la Patagonia, desde Ushuaia, Rada Tilly, Trevelin, Cholila, Madryn y Las Grutas. Luego, hacia Buenos Aires, todo el Litoral entre Argentina y Uruguay, Cataratas del Iguazú, todo el centro de Brasil, el Amazonas, Guayana Francesa, Granada, todo el arco de las Antillas, en el Caribe, República Dominicana, Saint Croix, Providenciales y Bahamas. Para luego, llegar a Florida (EE.UU), para un festival aéreo muy grande, que se hace todos los años en Lakeland, el “Sun n Fun”.

En una segunda etapa, planeamos volar sobre la Costa Oeste norteamericana, Canadá, para aterrizar en Alaska. Y, para una tercera etapa, tenemos previsto despegar desde la tierra helada, para abordar el festival aéreo más grande el mundo: el que se levanta en Oshkosh, centro y norte de EEUU, pasar por Nueva York y, desde allí probablemente, emprender el regreso, quizás por la Costa del Pacífico. Esto último, aún no lo tenemos definido.

 

¿Ya han encarado viajes? o ¿en qué etapa está?

El avión ya está completamente habilitado y volando. Ya hemos aterrizado en muchos lugares. En el viaje inaugural, nos fuimos hasta Trevelin y Cholila, a visitar al amigo ‘Queque’, de Patagonia Bush Pilots; a la familia Wegrzyn, de Cholila Lodge, grandes amigos y pilotos.

Anduvimos por Cañadón Seco, Sarmiento, Bahía Blanca, Arrecifes, Buenos Aires e Isla Martin García. Y varios lugares más. Luego de esta epopeya, queremos ir a las (Islas) Malvinas.

 

¿Cuáles fueron personajes de la historia de la aviación que te marcaron?

En realidad, no son personajes de la aviación, son de la vida. Primero la familia, y los amigos. En aviación, el primero fue mi tío, Martín Rappallini. Luego, algunos instructores de vuelo, como Leo Vargues, que fue el primero que tuve.

Y, a lo largo de la carrera de piloto, uno va aprendiendo un poco de todos los pilotos, con los que se tiene oportunidad de volar. Y de eso se trata, de ver cómo lo hacen los demás, de leer. Y de tener ganas de seguir aprendiendo.



Como afirmáramos, Juan Martin Escobar no desarrolla el sueño en solitario, sino que, su cuasi hermano, Guillermo Casamayú, camina a la par, concretando todo lo que la experiencia requiere. Convocado para que nos describa el Proyecto Correcaminos, tiene mucho para contar.

“Todo comenzó en 2012, con Juan Martín Escobar, a quien considero hermano más que amigo y, además, fue mi instructor de vuelo. Estábamos yendo a llevar combustible a un aeroclub de Santa Cruz. En el viaje fue contando sobre un avión para armar, que te lo vendían en un kit (Vans RV7), que conocía y había tenido la oportunidad de volarlo.

Se trata de un avión muy vendido, ya que tiene muy buena performance, despega y aterriza corto, es rápido y, además, es acrobático. Comencé a buscarlo por internet, ya estábamos de acuerdo en que armaríamos ese avión. Fue ese día, que comenzó nuestro proyecto. Una vez que logramos importar el kit, comenzó la labor, tuvimos que ir aprendiendo distintos trabajos, que nunca habíamos realizado, a medida que avanzábamos.

Aprendimos a trabajar el aluminio, a remachar, a elaborar la fibra, electricidad, leer planos y un montón de cosas más. Al principio, el Aeroclub nos habilitó un sector del hangar, para que podamos desarrollarlo tranquilos, pero se nos dificultaba, ya que se nos acumulaba mucha tierra y, además, el primer invierno fue muy frío para trabajar ahí.

Un día, estábamos trabajando y se nos acercó Gerardo Pereyro (dueño del Aerotaller) y nos ofreció que lo llevemos a su taller. Allí, íbamos a estar más cómodos, además de contar con las herramientas necesarias. Gerardo fue un gran apoyo a este proyecto, ya que además de brindarnos un lugar, nos entregó todos sus conocimientos. Si bien ya éramos amigos de antes, en estos años consolidamos una linda amistad.

En total, fueron siete años de trabajo, desde que llegó el kit, al que fuimos dando forma en nuestros ratos libres, ya que cada uno tenía su laburo. El año pasado logramos habilitarlo, ante la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC). Desde entonces, estamos haciendo vuelos de prueba y puesta a punto, para la nueva etapa que vendrá. Nada más ni nada menos, que realizar un viaje desde Ushuaia hasta Alaska.

En un principio, solo íbamos a viajar por diversión, pero después, surgió la idea de hacerlo por algún fin científico. Estamos hablando con distintos organismos, fundaciones. De a poco va tomando forma. Vamos a despegar en 2022”.

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