Benefician con arresto domiciliario a acusado por el crimen de Bataglia: "No pensaron ni en mí ni en mis cuatro hijos", dijo la viuda
Julio César Alejandro Bataglia tenía 29 años, esposa y 4 hijos pequeños y era un trabajador solidario que repartía alimentos en un “Merendero móvil” en la zona de El Faro de Km. 8.
Poco antes del mediodía del pasado 11 de enero del corriente año se le presentó en su domicilio el vecino Raúl José Díaz de 60 años, mantuvieron una discusión banal y el visitante en un momento dado extrajo un arma blanca y atacó a puñaladas a Bataglia que recibió una de las heridas en el corazón que acabó con su vida en forma casi instantánea y con uno de sus pequeños hijos como testigo.
Prisión preventiva
El agresor se entregaría minutos después en la Comisaría de Km. 8 y al día siguiente sería procesado y acusado por “Homicidio simple” y oportunamente, con una prisión preventiva por 4 meses resuelta por el juez penal Jorge Odorisio.
En una posterior audiencia de revisión de la prisión preventiva, la defensora pública oficial Cristina Sadino planteó la posibilidad ya sea por problemas de salud y por considerar que hubo una legítima defensa por parte de su defendido, de que lo beneficiaran con el arresto domicilio.
Arresto domiciliario
El juez Odorisio sostuvo que no había elementos suficientes para plantear la supuesta legítima defensa y con esos problemas de salud no se verían agravados por estar cumpliendo prisión preventiva. Ayer, otros dos jueces llevaron adelante otra revisión de la prisión preventiva, y resolvieron brindarle arresto domiciliario que deberá cumplir en un domicilio de la calle Eustaquio Molina del barrio Stella Maris, aunque la medida recién empezará a regir cuando llegue a la ciudad una tobillera electrónica que vigile los movimientos del imputado.
“Me siento indignada, no pensaron ni en mí ni en mis 4 hijos”
Julio César Alejandro Bataglia era oriundo de Salta, provincia norteña de la cual había llegado 5 años atrás. Tenía trabajos informales que le permitían mantener a su esposa Abigail González y sus cuatro pequeños hijos. Daba de alimentar a cientos de niños y adultos carenciados de zona norte. Había adaptado un viejo colectivo Mercedes Benz pintado de blanco al que había colocado una baliza con sirena. Era el “Comedor móvil El Faro” con el cual llegaba a determinados sectores barriales para ayudar a quienes necesitaban en plena pandemia.
Después de su muerte, ocurrida el 11 de enero, ya nada volvió a ser igual ni para su familia ni para quienes trabajaban codo a codo con su emprendimiento solidario. Por eso ayer, su esposa se mostró sumamente indignada y entre sollozos, comentaba a este medio sus sensaciones.
“Estoy verdaderamente indignada, siento impotencia, a mí no me avisaron, estaba por darle de comer a mis hijos cuando me llama el fiscal para decirme que dos jueces habían resuelto darle el arresto domiciliario, la semana anterior, los exámenes médicos que le dieron los médicos forenses al doctor Odorisio le decían que estaba apto para estar en prisión, que nunca dejaron de asistirlo con atención médica. No estaba en riesgo ni por esta situación de la pandemia, resulta que él va a estar tranquilamente en su casa con su familia, y me pregunto dónde quedamos nosotros, mis hijos y yo sin esposo ni padre, no pensaron ni un segundo en nosotros, estoy con mucha bronca”.
Finalmente repitió unas palabras que ya había manifestado en oportunidad de una marcha por calles céntricas: “Quiero justicia, simplemente eso, justicia y no venganza, que las personas que están a cargo de todo esto hagan las cosas bien, que hagan lo justo, recién pasaron tres meses nomás, tres meses en que no hay noche que mis hijos recuerden a su padre y lo lloremos, tres meses y le dan beneficios a quien le quitó la vida”.