La fricción venció a la buena intención

domingo 28 de marzo de 2021
La fricción venció a la buena intención
La fricción venció a la buena intención

Sin goles y poco juego terminó el clásico entre Oeste Juniors y Laprida en Valle "C". Las buenas intenciones no tuvieron mucha vida ante la fricción en la que cayeron gran parte de los 90 minutos. Laprida sigue invicto y como escolta del líder Deportivo Portugués.



Muy intenso, ya casi en exceso. Así se puede resumir el clásico entre Oeste y Laprida. Así pasa cuando se toma muy a pecho aquello de que "Los clásicos no se juegan, se ganan". Esta vez no hubo ni una cosa, ni otra. No ganaron y jugaron muy poco.

Se evidenciaron algunas buenas intenciones, pero pesa más el deseo de no regalar nada que el de arriesgar un poco con la pelota en el piso.

Lógico que también inciden aspectos que no se pueden soslayar. La cancha de Oeste tiene buena tierra, pero entre las dimensiones y la velocidad de los protagonistas, hacen que los espacios se reduzcan y que todo concluya en roces, choques, reclamos…

Aún así el partido tuvo un punto de inflexión notorio. Antes de que termine el primer tiempo, Sebastián Rivas ingresó por Matías González. En la primera que tocó, en la mitad de la cancha metió un amague hacia la izquierda, todos fueron para ese lado y salió jugando por la derecha. Enseguida, armó una doble pared con Darío Moreta y entrando por la medialuna, remató justo a la posición del arquero Isaías Guzmán. En cinco minutos,

Rivas ofreció más juego que el resto de los protagonistas en casi todo el primer tiempo.
Igual no le alcanzó a Laprida, porque en el complemento Oeste presionó más al enganche del clásico rival y todo volvió a la "normalidad".

No hubo abundancia de situaciones de gol, escasearon bastante. Oeste tuvo aproximaciones varias en el primer tiempo pero todo forzado a través de jugadas con balón detenido. El local tuvo algo más de juego cuando Carlos Pereyra -otro que entiende el juego- se tiró unos metros más atrás y buscó socios desde ese sector.

Pero las defensas estuvieron firmes, dejaron pocos resquicios y evitaron los errores que podrían haber quebrado la nulidad del marcador.

Terminó mejor Laprida, ubicando el juego más en el área de Oeste, como más entero en lo físico.

Aún así, el que estuvo más cerca del triunfo fue Oeste, cuando un remate de "tres dedos" de Ignacio Rodríguez desde unos 25 metros, casi se le mete en el ángulo a Matías Armoya.

El arquero mostró reflejos para meter el manotazo justo y enviar la pelota al tiro de esquina.

No hubo ganadores. Por ahí si la frase "Los clásicos no se juegan, se ganan", se cambiara por "El que no arriesga, no gana", los clásicos se convertirían en algo un poco más atractivo.