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Eduardo Sepúlveda, la superación kilométrica

miércoles 03 de junio de 2020
Eduardo Sepúlveda, la superación kilométrica

Sus amigos tocaban el timbre de su casa para ir a jugar a la pelota, pero él se quedaba para mirar el Tour de Francia por televisión. Luego de ver la carrera más importante del mundo, Eduardo agarraba su bici y se iba a entrenar por Rawson pensando que corría una etapa del Tour. En 2015, Eduardo no necesitó usar su imaginación y no lo miró por televisión, ya estaba pedaleando por la Torre Eiffel.



(Por Facundo Paredes) Natalia fue la protagonista de la noche. Claro, cumplir 15 años tiene otro gusto para la mujer. Un día único.

Inolvidable. Pero para Eduardo, su mellizo, también lo fue. Como la familia Sepúlveda estaba pendiente de la fiesta y de la quinceañera, Eduardo pensó que no iba a recibir nada en su cumpleaños. Sin embargo, en el medio de la noche, sus padres aparecieron con una sorpresa. “No me lo esperaba, yo estaba en el cumpleaños de mi hermana. Todo era para ella, creí que me quedaba sin nada y, de repente, salieron con ese regalo, que fue la primera bicicleta de carbono que tuve. Estaba contentísimo, me acuerdo que todos los días iba a mirarla”, cuenta, entre risas, Eduardo.

Eduardo Sepúlveda es de Rawson, tiene 28 años y vive en Andorra, donde transita la cuarentena por el coronavirus. Es el mejor ciclista argentino de la actualidad y el año pasado renovó su contrato con el equipo español Movistar Team, una de las potencias del ciclismo a nivel mundial. Con el regalo que recibió a los quince, Eduardo, sin saberlo, le dio la última alegría a su papá. En 2007, se consagró campeón, con esa misma bicicleta, de la Copa Nacional Infanto Juvenil en Bragado, provincia de Buenos Aires. Eduardo viajó a ese campeonato con su padre. Cuando regresaban para la capital de Chubut con la felicidad de la victoria, ocurrió la tragedia. En un tramo entre Conesa y Río Colorado, sobre la Ruta 251, volcaron y, por la magnitud del accidente, Eduardo “Balo” Sepúlveda murió.


-¿La bicicleta que recibiste a los 15 años fue el mejor regalo de tu vida?


-Sí, porque al siguiente año mi papá falleció en el accidente. Fue el golpe más duro. Yo tenía 16 y él me acompañaba a todos los viajes. Todo ese año fue complicado, me fui de mi casa para ir a Buenos Aires, porque tenía que competir con la Selección Argentina, estaba terminando la escuela y pasó lo de mi viejo. Por suerte tuve la fortaleza para seguir adelante y perfilarme para esto, que era lo que mi papá y yo queríamos. “Balito” heredó del padre el nombre, el diminutivo del apodo (a su papá le decían “Balo”) y el amor por el ciclismo. Después del fallecimiento de su padre, Eduardo pensó en dejar de correr, pero tenía bien en claro que, si lo hacía, le fallaría a su papá, entrenador e ídolo.

Además del desgaste físico, el ciclismo exige una enorme fortaleza mental. Es un deporte solitario que se camufla en equipo. Por eso, Eduardo quedó aún más expuesto con la pérdida de su padre. Ya no tenía a su consejero, su rueda de auxilio. En la carretera, está el ciclista y su bicicleta. Nada más. El corredor lucha contra su soledad, su dolor y su sufrimiento al quemarse los cuádriceps y gemelos en cada pedaleada.

-¿Cómo te pegó la paralización que provocó la pandemia en lo psicológico?

-Mal, porque la preparación que arranqué en noviembre del año pasado, las concentraciones y los objetivos de este año se fueron a la basura. También fue duro marzo, cuando empezaron a postergar las carreras que teníamos en el calendario. Desde febrero que no corro. Igualmente, ahora parecería que volvemos a competir en agosto, porque de a poco se está aclarando el panorama.

-¿Y en lo personal?


-Parecido. Tampoco se me cruzó por la cabeza volver para la Argentina. Era una incertidumbre, por eso nos quedamos en Andorra con mi mujer. Al final creo que fue acertada la decisión, porque acá ya empezamos a entrenar afuera, antes lo hacía en casa con la bici fija en rodillos. Después aproveché para hacer unas cosas de la casa y le dediqué tiempo a mi escuela online de ciclismo, que a veces no puedo darle las horas que quiero por los viajes de las carreras.

Andorra tiene 77.500 habitantes y fue el primer país que realizó los tests que detectan el COVID-19 a toda su población. Como es uno de los territorios más chico del continente, las autoridades actuaron rápidamente e impidieron que se origine un brote. Si bien Andorra sufrió un poco más de 50 muertes por el coronavirus, es un número leve a comparación de España y Francia, los países limítrofes, que son dos de los más afectados de Europa.


-¿Cuándo te mudaste a Andorra y por qué?


-Cuando estaba en el equipo francés, Francia no me gustaba y tenía que irme a otro lado. En España se me complicaba por el tema de la residencia, porque tenía un trabajo francés.

Así que bueno, caí en Andorra como de rebote. Igual acá estoy bastante bien, es un país que apoya mucho al ciclismo y tiene respeto por el ciclista. Hay muchas montañas y pocos autos, eso es muy bueno para el deporte. “Andorra es un paraíso ciclista, el terreno es inmejorable. Puertos, alturas y desniveles. Al final es lo que ayuda a mejorar el rendimiento”. Así lo define Marc Soler, compañero español de Eduardo, en “El día menos pensado”, la serie que se estrenó hace unos meses en Netflix y que documenta, con lujo de detalle, la cocina del Movistar Team durante la temporada de 2019.

-¿En que situación se encuentra Movistar Team con la crisis económica que se vive en el mundo por el coronavirus? ¿les están pagando más allá de que no haya competencia?


-Tenemos la suerte de que Movistar continúa generando ingresos por la televisión y el internet. La empresa sigue funcionando y cumple con los contratos del equipo. Hasta ahora no hemos tenido problemas.

-Dejando de lado la pandemia, ¿qué rol tenés en esta nueva renovación que hizo Movistar?


-El mismo que el año pasado, es verdad que se fueron líderes (Nairo Quintana, Mikel Landa y Richard Carapaz), pero también llegaron otros (Enric Mas). Hay muchos corredores nuevos y muchas carreras en el calendario. Quizá lo único que cambia es que capaz pueda hacer carreras más importantes, aunque mi función sigue siendo la misma, la de respaldar a los líderes del equipo. Mientras más lejos uno pueda estar con ellos, va a ser mejor. Espero que en ese sentido sea un buen año.

Eduardo arribó a Movistar en 2018. Fue el gran salto que dio en su trayectoria desde que comenzó en las rutas chubutenses. “Balito” corrió su primera carrera a los 13 años con su padre como entrenador. “Balo” era uno de los propulsores del ciclismo en Rawson. Y no solo de las ruedas, también practicó el triatlón y jugó al fútbol en Germinal, donde se dio el lujo de marcar a Ricardo Bochini, cuando Independiente visitó la cancha de Racing de Trelew en 1984 como previa a la Intercontinental que conquistó el “Rojo” de Avellaneda ante el Liverpool en Japón. La especialidad de “Sepu” fue mutando. En la provincia se destacó en la contrarreloj individual y partió a Buenos Aires como ciclista de ruta.

Pedaleaba desde Rawson hacia Playa Unión o hasta Trelew. Luego, en Capital Federal, corrió en pista por los velódromos. Salvo San Juan, Argentina no es un país desarrollado en el ciclismo. Por eso, la oportunidad de “Balito” estaba en el exterior. Su casa en Buenos Aires fue el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD). Allí vivió tres años y se perfeccionó en la materia. Eduardo logró grandes resultados en la Selección Argentina. Esas conquistas fueron las que atrajeron al cazatalentos de la Unión Ciclista Internacional (UCI) que lo incorporó al programa de desarrollo en el centro de Aigle, Suiza, donde Eduardo integró un equipo Sub-23 con colegas de todo el mundo.

“El 95% de las equipos profesionales son de Europa. Era necesario competir acá para dar el salto, porque podés ganar todas las carreras que existan en Argentina, pero si los equipos de acá no te ven, es muy complicado llegar. Tuve muchísima suerte de que me hayan visto e invitado a Suiza”, argumenta Eduardo. Entre los Alpes, el patagónico mostró su potencial. Los entrenadores le aconsejaron que podía ser un buen escalador, como los colombianos, pero que tenía que bajar de peso. Pasó de 65 a 59, perdió seis kilos y demostró que los profesores tenían razón, tanto que, en la actualidad, trepar la montaña es su mejor arma en la carretera. De chico idolatraba a Alejandro Valverde, con quien comparte la “M” desde que llegó al conjunto español. Valverde es el campeón del mundo de 2018 y uno de los referentes del grupo. De chico, también, “Sepu” rechazaba la invitación por parte de sus amigos para jugar al fútbol, porque se quedaba en su casa viendo las etapas del Tour de Francia por televisión y soñaba con correr la competencia más prestigiosa del ciclismo.


-En 2015 cumpliste tu sueño ¿Lo disfrutaste con la presión que genera el Tour?


-Y… es como que se disfruta a su manera. En las etapas sentís la fatiga y el cansancio mental. Pero bueno, es como jugar el mundial para un futbolista. No tiene comparación con otra carrera, algo pequeño que pasa ahí repercute en todo el mundo. Está lleno de gente, de periodistas, de marcas, de todo.

-Y en 2017 sufriste una durísima caída en el Tour de Francia ¿Qué se te cruzó por la cabeza? ¿fue al instante la decisión de terminar la etapa?


-En el momento no me dolió tanto, por eso me levanté rápido. Con el correr de los días sí fue doloroso, pero bueno, también pasa por la competición. Yo quería seguir. Después la sufrí cuando estaba en la cama, no podía dormir y bañarme era una tortura. Por suerte la pude terminar, ese era el objetivo, ya no buscaba algún resultado.

-¿Cómo tomaste la suspensión y postergación de los Juegos Olímpicos por el coronavirus?


-Fue medio raro, pero es entendible. Tenía mucha ilusión porque era uno de mis objetivos de este año. Cuando fui a Río (2016) viví una experiencia totalmente distinta por estar en una villa olímpica y compartir con los argentinos de otros deportes. Esa semana previa que sirvió para aclimatarse fue algo muy lindo. Me acuerdo que cuando nos cruzamos a Ginóbili, él nos saludó porque teníamos la camiseta de Argentina y yo me quedé impresionado. La simplicidad y la humildad que tiene es increíble.

La pandemia causó un enorme signo de interrogación. Eduardo lo sintió. Hasta ahora solo compitió en la vuelta a San Juan y en el Tour de Colombia, postergando los grandes objetivos del calendario. Si bien es un golpe duro, no se asemeja en nada de lo que vivió el chubutense. Eduardo está tranquilo, sabe que tiene un guía que pedalea en las alturas y que le indica qué camino tomar.

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