Fosas comunes
Las imágenes del cementerio de emergencia en el que Venezuela sepulta a las víctimas del doble terremoto
El par de movimientos telúricos que golpeó la región norteña de Venezuela el anterior 24 de junio provocó un nivel de destrucción que no registraban los anales de la nación desde hacía más de cien años. Hasta la fecha, el número total de personas que perdieron la vida a causa del fenómeno sísmico ya sobrepasó los 3.500 individuos. Entre este universo de fallecidos, existen casi 300 cadáveres que todavía no han sido retirados por ningún allegado o familiar.
Esta crítica coyuntura obligó a los organismos gubernamentales venezolanos a edificar de urgencia un espacio de sepultura alternativo. El mismo se encuentra emplazado a una distancia de sesenta minutos de viaje en automóvil desde La Guaira, que constituyó el área que padeció con mayor severidad los efectos de los temblores.
Ubicación del predio y dimensiones de la tragedia
Este sitio de enterramientos de contingencia fue levantado en un terreno distante de las instalaciones principales correspondientes al camposanto de La Esperanza. En la parte superior de una loma situada en esta geografía de montañas, se prolongan numerosas hileras compuestas por cruces de color blanco para otorgar descanso definitivo a los ciudadanos damnificados, reflejando de modo visual la escala del desastre que mantiene conmocionada a la población venezolana. Hasta ese punto de la geografía arriban de forma constante vehículos de carga con sistemas de refrigeración que transportan los restos de los fallecidos provocados por los terremotos.
Las labores de excavación mecánica y sepulcros individuales
En el lugar, las máquinas retroexcavadoras acondicionaron un terreno de grandes dimensiones con el propósito de alojar los cuerpos que se extrajeron de las ruinas de las edificaciones edilicias. Los equipos mecánicos pesados cumplen tareas ininterrumpidas desde hace más de una decena de jornadas, realizando la apertura de extensas canaletas terrestres orientadas a contener a centenares de personas muertas halladas en las estructuras destruidas.
"Iniciamos este trabajo que se ha hecho con dedicación y amor junto a un equipo de voluntariado y personas que verdaderamente lo han hecho porque les nace, y porque saben la situación en la que nos encontramos", declaró el referente de la comunidad Elis Zabala.
Los representantes de las instituciones oficiales hacen hincapié en que este predio no constituye una fosa común, remarcando que cada uno de los procesos de inhumación se efectúa de forma estrictamente individual. Los miembros de las familias no tienen la posibilidad de asistir para brindar la despedida final a sus parientes difuntos, debido a que únicamente el personal técnico capacitado y los empleados públicos poseen el permiso legal para permanecer en el perímetro donde se realizan las sepulturas.
Sistemas de registro y cuestionamientos a los operativos
Cada tumba posee una cruz propia, ornamentación con piedras de color blanco y una nomenclatura cifrada de identificación. Este mecanismo técnico posibilita ligar los restos humanos con una carpeta de investigación específica y su respectivo archivo de imágenes documentales. A pesar de estas medidas, una cantidad importante de los cadáveres aún no ha podido recibir su correcta filiación o reconocimiento formal hasta el momento.
Por otra parte, una de las principales objeciones manifestadas a lo largo de las jornadas posteriores a la ocurrencia de los movimientos de tierra estuvo enfocada en la escasez de brigadas de salvamento estatales para localizar los cuerpos de quienes constan en las listas de desaparecidos. A las 3.500 muertes que se encuentran ratificadas hasta la actualidad se les añaden los más de 30.000 ciudadanos cuyo paradero todavía se desconoce, configurando la peor emergencia de carácter natural ocurrida durante las últimas épocas en el territorio de Venezuela.