2026-06-04

Doctor Google, ChatGPT y el valor irreemplazable de escuchar

Desde la aparición de Google en 1998, hasta la irrupción actual de Chat GPT y la inteligencia artificial, la manera en que las personas se relacionan con la salud cambio profundamente.

Hoy en día ante un dolor de cabeza, un malestar en el oído o un bulto que aparece en el cuello, cualquier persona puede acceder en segundos a una enorme cantidad de información médica.

Una sencilla búsqueda alcanza para encontrar posibles diagnósticos, estudios sugeridos y enfermedades que pueden ir desde las más simples hasta las más graves.

Análisis de laboratorio, radiografías, ecografías, tomografías, resonancias magnéticas: todo aparece rápidamente en la pantalla de un celular. Y muchas veces, frente a un síntoma común, el paciente termina convencido de que puede padecer un tumor, un aneurisma o alguna enfermedad severa.

Hace un tiempo, durante una consulta, un paciente me dijo apenas se sentó: “Doctora, ¿podría ser una neuralgia del glosofaríngeo?”.

Confieso que hacía tiempo que no escuchaba ese término fuera del ámbito académico. El glosofaríngeo es el noveno par craneal (tenemos 12 pares) y participa en funciones relacionadas con el gusto, la deglución (acto de tragar) y la sensibilidad de la faringe.

Cuando le pregunté cómo había llegado a esa conclusión me contó que había buscado en internet las posibles causas de un dolor de oídos.

Finalmente, el diagnóstico fue mucho más simple: un tapón de cerumen impactado que ejercía presión sobre el tímpano.

Esta consulta volvió a recordarme algo esencial: la tecnología puede aportar información valiosa, pero nunca debería reemplazar el encuentro humano.

Los médicos también convivimos con pantallas, estudios digitales, resultados inmediatos. Pero además de convivir con pacientes cada vez más informados, los médicos también atravesamos otra transformación silenciosa: gran parte de la consulta comenzó a ocuparse de pantallas, recetas digitales, solicitudes de estudios, autorizaciones y certificados.

Quedaron lejos aquellas recetas escritas a mano encabezadas por el clásico "Rp" abreviatura del latín récipe, que significa tómese o prepárese. Este gesto casi artesanal de escribir una indicación médica fue reemplazado por teclados, claves, formularios electrónicos y sistemas informáticos.

Muchas veces mientras el paciente intenta contar lo que siente los médicos nos encontramos divididos entre escuchar y completar datos administrativos. Paradójicamente, herramientas creadas para agilizar procesos que terminan, en ocasiones, quitándole tiempo al acto médico más importante: la escucha.

La inteligencia artificial puede aportar información, rapidez y herramientas extraordinarias. Pero sigue siendo responsabilidad nuestra que la tecnología no desplace aquello más humano de la medicina: mirar al paciente, estrechar su mano, escucharlo y dedicarle tiempo real a su historia.

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