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Don Juan Díaz, el vecino de 100 años que llegó a Comodoro en busca de horizontes mejores

jueves 23 de febrero de 2023
Don Juan Díaz, el vecino de 100 años que llegó a Comodoro en busca de horizontes mejores

Don Juan Díaz, como le dicen en el barrio con alma ferroviaria, cumplió un siglo de vida el último 15 de enero. Se dedicó a la albañilería y carpintería trabajando en la Compañía de Ferrocarriles, como así también en la construcción del Hotel Comodoro. En diálogo con Crónica, Don Juan y su esposa recordaron aquellos años tan preciados que guardan por siempre en su memoria.  

Juan nació en la provincia de Chiloé, del país vecino. A sus 24 años, decidió emprender el viaje hacia estas tierras patagónicas en busca de un futuro mejor. “Me vine, porque allá en Chile con lo que ganaba no podía ahorrar un peso” dijo. Allí aprendió el oficio de la carpintería, y llegó a trabajar en grandes talleres donde hacía lanchas a motor de diversos tamaños.  

 “Recuerdo que llegué una tarde del 46 y me hospedé en el Hotel 25 de Mayo. Al otro día ya me pasaron a buscar para trabajar” dijo, y agregó: “por aquellos años, pasaban los que tomaban contrato para buscar gente, entonces se acercaban al hotel, y decían ‘tengo que hacer una obra, pero me falta carpintero, me falta peones, albañiles, esto y lo otro’… entonces así empecé a laburar” recordó Juan, y agregó: “con viento y frío… había que estar”. 
Empezar de abajo

•Recuerdos. Don Juan, como también sucede con su esposa María, mantiene inalterables todo lo vivido aquellos años y guardan por siempre en su memoria.

Como era característico en la vida de los trabajadores inmigrantes, la vida no era fácil. Adaptarse a un país con costumbres, paisajes y clima diferente hacía que el esfuerzo de adaptación se notara en cada acción cotidiana. 

Por suerte Juan, se cruzó muchas veces con “gente humanitaria”, como lo describe él, que lo ayudó en diferentes situaciones que le tocó pasar. “Cuántas veces los maestros me veían en la autovía del 27… ya me conocían y a veces yo no tenía plata para el transporte, así que venían las maestras y me decían ‘señor suba que yo le voy a pagar el pasaje’, sino me tenía que venir a pie desde el 27 a Comodoro”.

Siempre Juan pensó en progresar y en las primeras épocas, casi no tenía tiempo libre. “En realidad no tenía tiempo libre nunca. Salía del trabajo y me iba a refaccionar la casita que teníamos en Laprida, que luego la vendí”, dijo.  
Al pasar el tiempo, Juan se estableció como carpintero en la Compañía de Ferrocarriles, fabricando y remodelando muebles para la gerencia. “Me encargaba de achicar o agrandar los muebles o mostradores de las compañías” recordó.

Por su parte, la esposa de Juan, María Micaela Hernández, nacida también en tierras chilenas, contó: “Yo me vine en el año 51 a Comodoro por intermedio de una tía que vivía, acá en el 5. Entonces ella cuando fue a ver a su suegra, yo le dije me voy a ir con usted”. 

Continuó: “nos conocimos y casamos acá. Formamos la familia y de a poco él fue trabajando en el ferrocarril. Se jubiló ahí. Esta casa ya estaba construida y acá formamos toda la familia”, indicó María.
En este sentido, la familia de Juan y Micaela está compuesta por cuatro hijas, doce nietos… “y yo creo que tenemos como 20 bisnietos”, dijo entre risas. 

“Comodoro ha cambiado el mil por ciento de lo que era antes”

En la charla con Crónica fue inevitable no recordar décadas pasadas y añoradas. “El 5 antiguamente no era nada.  La vida en aquellos tiempos era un poco difícil porque yo venía de otra parte, de otras costumbres, me costó muchísimo para habituarme. Me vine del verde al desierto puro”, dijo María. 

Describiendo el barrio, recordaron el gran salón de La Anónima en la entrada, la estación del ferrocarril y solo un par de casas. “Me acuerdo que con unos pocos pesos, íbamos a La Anónima a hacer el pedido. Hacía la lista, y me traía un canasto grande, con poca plata compraba mucha cantidad; recuerdo que la leche condensada valía 80 centavos”, dijo María.  

•Inquieto. Juan Díaz cumplió 100 años de vida el mes pasado. A los 24 años llegó a Comodoro y trabajó en distintas actividades, hasta que ingresó a la Compañía de Ferrocarriles donde se jubiló.

Por su parte, Juan destacó: “Comodoro ha cambiado el mil por ciento de lo que era antes”, y agregó: “toda esa avenida Tehuelches, esos árboles que ustedes ven plantados ahí son de muchísimos años. Los gringos iban a buscar baldes de agua en la llave de agua… un balde era para su familia, y el otro para los arbolitos”.

“Y así se creó la arboleda, antes no había árboles ni plantas. Después llegaron de todos los países del mundo, y se fue formando la vegetación, entonces afuera de sus casas plantaban árboles, algunos frutales, otros no. Los cuidaban siempre. El día de mañana ese árbol significaba sombrío para cubrirse del sol”, contó Juan. 

Comodoro representó el lugar que les permitió crecer, trabajar y tener oportunidades que incluso hasta nunca se imaginaron.  “Ahora, para mí Comodoro es una belleza. Nos costó muchísimo en un principio, pero ahora es nuestro lugar, no lo cambiamos por nada. Es nuestro querido KM 5”, expresaron Juan y María.  

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