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La Casa de las Novias: un emprendimiento que vistió a cientos de mujeres durante más de sesenta años

Isabel Jorge fundó el emprendimiento en 1957 y se mantuvo activa hasta 2020.
miércoles 23 de febrero de 2022
La Casa de las Novias: un emprendimiento que vistió a cientos de mujeres durante más de sesenta años
Al ser consultada por el enorme éxito que tuvo su emprendimiento durante tantos años y qué nota le pondría a su trabajo, Isabel dijo que “no sé si sería muy pedante decir que llegué al diez, que tuve esa nota, pero yo me siento muy satisfecha".
Al ser consultada por el enorme éxito que tuvo su emprendimiento durante tantos años y qué nota le pondría a su trabajo, Isabel dijo que “no sé si sería muy pedante decir que llegué al diez, que tuve esa nota, pero yo me siento muy satisfecha".

Isabel Jorge llegó a Comodoro Rivadavia en el año 1954. Por ese entonces, la mujer oriunda de Lago Blanco vino a la ciudad petrolera buscando cumplir un sueño. De chica, le decía siempre a su mamá que iba a estudiar corte y confección, que iba a ser famosa y que la gente la iba a conocer. Con el paso de los años, Isabel, como la conoció la gente a secas, logró convertirse en toda una referencia en la capital petrolera, ciudades de alrededor e incluso a nivel internacional. Una historia de esfuerzo y superación, marcada por un éxito que perdura hasta el día de hoy.

Isabel Jorge vino a Comodoro Rivadavia cuando las calles todavía eran de tierra. Casi no había asfalto en la Capital Nacional del Petróleo, eran otros tiempos. “Llegué a Comodoro en 1954, las calles eran de tierra y mi casa no tenía número. Recuerdo que mi marido no quería que trabaje, pero yo no quería que me prohibieran hacerlo, así que puse un aviso en el diario y calculé una numeración. Venía gente a las diez y media de la noche, era impresionante. Un día vino un señor a quejarse, por suerte pude calmarlo, porque tenía ganas de pegarme. Resultó ser que, como no había números en las casas, la gente se confundía y lo iba a ver a él. ‘No me dejan dormir’, recuerdo que dijo”, recordó la entrevistada entre risas en la entrevista con este diario.

El inicio del emprendimiento y la academia de corte y confección

Finalmente, la Casa de las Novias, el emprendimiento que lanzó Isabel en Comodoro, tuvo numeración. El último número que el Municipio le dio a la mujer oriunda de Lago Blanco fue el 1929. Antes de llegar a la calle Rivadavia, Barrera trabajó ocho años en la calle Dorrego, entre Chacabuco y Francia, en un pequeña casa. “Alquilábamos una casa muy chiquita, yo armaba los vestidos de novia arriba de la cama, porque no tenía mucho espacio. Los cortaba en una mesa chica que los chicos usaban para hacer los deberes y nosotros para almorzar. Vivimos ocho años ahí, y en 1965 vinimos a la calle Rivadavia. Construimos nuestra casa y puse mi taller en el living. Además, también lancé mi academia de corte y confección. Lo que más me pedían eran vestidos de novia y trajes sastre”.

Isabel no solo se dedicaba a hacer vestidos de novia, sino que además le pedían trajes sastre, vestidos para quince años y también para egresos. Durante la semana, enseñaba a distintas mujeres el arte del corte y confección, algo que ella había aprendido por correspondencia, mientras todavía vivía en el campo, en la localidad de Río Mayo. La fundadora del que quizá fue uno de los emprendimientos más exitosos de toda la historia de Comodoro Rivadavia nació en 1931, en la localidad de Lago Blanco. Sus padres decidieron mudarse y compraron un campo en Río Mayo, que luego vendieron para comprar otro en el mismo lugar. “Yo tenía nueve años, y siempre le decía a mi madre que iba a estudiar corte y confección. ‘La gente me va a conocer, voy a ser famosa’. Pobre mi madre, la aburría con todo eso”, contó la entrevistada.

Un secreto bien guardado

“Al principio, durante los primeros años, a mí me daba vergüenza decir que había estudiado en el campo y por correspondencia, porque en esa época, si vos habías estudiado de esa manera, la gente no creía que fueras capaz de hacer nada. Las personas perdían la confianza en uno si sabían eso, entonces yo siempre ocultaba eso, le tenía prohibido a mi hijo decir que yo había estudiado por correspondencia. Lo mantuve en secreto por muchos años”, reveló.

Isabel Jorge permaneció en Río Mayo hasta los veinte años, momento en el que nació su hijo. Se casó en 1953 con Eloy Barrera. “Veníamos una temporada a Comodoro y nos íbamos al campo un tiempo. Yo tenía mi clientela acá en la ciudad, les avisaba cuando me iba al campo y entregaba todos los trabajos antes de irme. Me quedaba poco tiempo en el campo, diez o quince días, más no”, señaló la mujer formada en corte y confección.

En el cierre de la entrevista con este diario, Isabel Jorge recordó la Guerra de Malvinas y cómo se vivieron aquellos días en Comodoro Rivadavia, una ciudad que fue estratégica durante el conflicto bélico. Además, habló sobre su retiro, a principios del 2020, cuando empezó la pandemia del coronavirus, y dejó un profundo mensaje de reflexión para las nuevas generaciones.

Aquellas noches oscuras

Corría el año 1982 y en Argentina estaba a punto de explotar una bomba. En realidad, eran muchas las bombas que estaban por explotar, pero no precisamente en el país, sino a unos cuantos kilómetros, en las Islas Malvinas. La gente que vivió aquella época siendo grande, tiene un recuerdo muy triste sobre lo que significó la guerra que enfrentó a Argentina e Inglaterra. “Viví la época de Malvinas con mucha angustia, estuvieron a punto de incorporar a mi hijo y tuve mucha pena. Tapábamos las ventanas, porque decían que nos iban a bombardear. Me acuerdo que nos aconsejaban que no entrara nada de luz a las casas, de noche no se podía ver nada hacia adentro. Me da tristeza saber que muchos chicos murieron en las islas, por culpa de cuatro locos que se les ocurrió ir a una guerra. Ojalá algún día podamos recuperar las Malvinas, el mundo se está poniendo de parte de Argentina, los ingleses tienen que devolver lo que no es de ellos”, planteó Isabel Jorge sobre el conflicto bélico que se dio desde el 2 de abril de 1982 hasta el 14 de junio.

El retiro de Isabel

El 20 de marzo del 2020, el presidente Alberto Fernández anunciaba el inicio del aislamiento obligatorio por el covid. Por sugerencia de su hija, Isabel decidió cerrar definitivamente su negocio de vestidos. “Antes de que surgiera la pandemia, mi hija me sugirió cerrar por unos días, ella tenía miedo de que me contagiara, porque acá venía mucha gente. Terminé cerrando por unos días y nunca más abrí”, señaló la entrevistada.

“Después empezaron los contagios y prohibieron abrir los negocios, la verdad es que cerré sin pensar, el 16 de marzo del 2020, cuatro días antes de que empiece el aislamiento. A mi hija le costó un poco convencerme, pero estoy conforme con haberlo hecho, porque las empleadas que tenía no iban a poder seguir trabajando conmigo, tenían problemas de salud. Cerré sin pensar, pero trabajé hasta el último día”, remarcó orgullosa la fundadora de La Casa de las Novias.

Para dar cierre a la entrevista con este diario, Isabel dejó un mensaje para los jóvenes de hoy y les dio un consejo más que valioso: “mi consejo para las nuevas generaciones es que trabajen, que emprendan algo que les guste, y si les gusta, que trabajen con muchas ganas, con eficiencia, que hagan las cosas bien. Sobre todo eso, que trabajen, y que no permitan que otro les tenga que dar para subsistir. El sustento tiene que ganárselo uno, siempre”, concluyó.

Cuando Isabel Jorge se mudó a la calle Rivadavia, pudo contratar a otras mujeres para que trabajaran con ella. Ese día fue un quiebre en su carrera: “nunca más volví a sentarme en las máquinas”, planteó. La mujer recuerda que, hace muchos años, en Comodoro no había demasiadas personas que se dedicaran a lo mismo que ella. Poco a poco, fue transformándose en una referencia, en la predilecta de la gente, porque todos querían un vestido hecho por Isabel.

“Cuando me trasladé a la calle Rivadavia ocupé gente y nunca más volví a sentarme en las máquinas. Cortaba toda la ropa, toda mi vida lo hice, nadie más que yo cortó una prenda en esta casa, las empleadas solamente cosían. Antiguamente, logré tener hasta cinco empleadas, en el último tiempo solo tenía a dos mujeres, pero hace unos ocho años todavía tenía cinco mujeres más trabajando conmigo”, recordó Isabel.

El crecimiento del negocio

Con el paso de los años, el emprendimiento que Isabel Jorge lanzó en el año 1957 fue creciendo, de a poco, pero fue creciendo.

En un momento dado, los clientes llegaban de todas partes, de Chubut y también de Santa Cruz. Incluso venía gente desde Chile para encargarle vestidos de novia. “Yo tenía mucha clientela, de Río Gallegos, San Julián, Rawson, Trelew, de todos lados. Vestí a mucha gente importante, en aquella época no había muchos que hicieran este trabajo. Los vestidos quedaban bien, evidentemente, porque la gente venía a verme muy confiada. La gente a veces se inclina por un lado o por el otro, y yo tuve la suerte de que se inclinaron por mí, tal vez tuve suerte, pero mis clientes decían que los vestidos salían muy bien”.

Vestidos que se hacían en solo dos días

Si algo caracterizó a Isabel durante tantos años de trayectoria, fue el hecho de que siempre cumplía con sus clientes, a veces, incluso, teniendo que trabajar a contrarreloj. “A veces venía gente y me decía ‘Isabel, me caso en dos días, ¿me podés hacer el vestido?’. Fue mucha la gente que me pidió esto, muchas personas que venían de afuera, de Chile, de Coyhaique venían mucho.

Yo no iba a perder un trabajo, de cualquier manera, el vestido salía. Mis empleadas me miraban de reojo, pero yo les decía que había que hacer el trabajo, pobres, se terminaron acostumbrando a eso. Yo no quería defraudar a la gente, ellos sabían que venían y tenían su vestido”, sostuvo la nonagenaria.

Eloy Barrera y Herminia Presas

Fueron muchas las personas que marcaron a fuego la vida de Isabel Jorge de Barrera, pero hubo dos en especial que tocaron su corazón e inmortalizaron su presencia para siempre. Una de esas personas fue Eloy Barrera, el hombre que eligió en 1953 para pasar el resto de sus días al lado de él. Barrera falleció hace once años, pero Isabel lo recuerda todos los días. Al hablar de él, en su rostro aparece una sonrisa. Se conocieron siendo vecinos, porque sus padres tenían su campo inmediatamente al lado de la familia del hombre que años después se casaría con ella.

“Mi suegro compró el campo en 1939, éramos vecinos. Mi marido se quedó con el campo de sus padres, vivimos ahí toda la vida. Era un hombre muy trabajador, hizo de todo un poco. Se dedicó al campo, tuvo camiones, máquinas de esquila, y el último tiempo solo se dedicó al campo”, lo recordó Isabel.

Años después de llegar a Comodoro Rivadavia, Isabel Jorge conoció a quien sería su mejor amiga de toda la vida: Herminia Presas, la esposa de Don Diego Zamit, el fundador del histórico diario Crónica. “Siempre tuve relación con la familia Zamit, creo que empecé a tener avisos en el diario antes de que tuvieran el edificio grande, cuando estaban en un pequeño galpón en la calle Alem. Yo fui muy amiga de Herminia, éramos como hermanas”. La mujer recuerda a su mejor amiga y en sus ojos se observa un brillo especial. Habla de Herminia y se emociona.

“A las hijas de Herminia les hice la ropa toda la vida. Kela y Vivian eran chiquitas y yo les hacía su ropa. A Herminia también, hasta el último día. Éramos muy amigas y muy confidentes, era una de esas situaciones en donde las dos confiábamos mucho en la otra. Soy una agradecida a la vida, porque me permitió trabajar por muchos años, y fundamentalmente, al diario Crónica, quizá me hice más conocida gracias a ellos, porque en ese entonces, cuando ponías un aviso en el diario, todo el mundo lo leía.

Les agradezco mucho la inmensa ayuda que me dieron durante tantos años”.

 

 

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