Día Nacional del Libro: la historia detrás de la fecha que celebra nuestra identidad literaria
El libro es, tal vez, el invento más resistente de la cultura humana. Cambian los soportes, pasamos de las páginas de papel crujiente a las pantallas retroiluminadas, pero su esencia permanece intacta. En nuestro país, la pasión por la lectura y la producción escrita tienen una cita de honor en el calendario.
Los orígenes de esta fecha se remontan al 15 de junio de 1908, cuando el Consejo Nacional de Mujeres, bajo la influencia de figuras como Cecilia Grierson (la primera médica de Argentina y de América del Sur, graduada en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires el 2 de julio de 1889, pionera de la lucha por los derechos de las mujeres), organizó la primera Fiesta de la Lectura.
Este evento fue el antecedente directo para que, en 1924, el presidente Marcelo T. de Alvear oficializara la jornada mediante el Decreto Nacional Nº 1.038. Finalmente, en 1941, el Ministerio de Educación consolidó la denominación actual, integrando la celebración en el calendario escolar y cultural de todo el país.
La literatura argentina ha dejado una huella imborrable en el mundo, destacándose obras que desafiaron las estructuras narrativas de su tiempo. Entre los pilares fundamentales se encuentran Ficciones de Jorge Luis Borges, que transformó la narrativa contemporánea, y Los siete locos de Roberto Arlt, una radiografía existencial de la Buenos Aires de entreguerras. Asimismo, Rayuela de Julio Cortázar, Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sabato y La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares completan un canon esencial que sigue vigente en las bibliotecas populares y librerías de América Latina.
La importancia de esta fecha trasciende el papel, reafirmando el compromiso del país con la cultura. Un hito que refuerza esta tradición fue el reconocimiento de la UNESCO en 2011, cuando Buenos Aires fue nombrada Capital Mundial del Libro, destacando la inmensa densidad de librerías y la activa vida cultural que caracteriza a nuestra nación. En un presente marcado por la inmediatez digital, el libro persiste como un refugio necesario para la memoria colectiva y el pensamiento crítico.