14 de noviembre
Diabetes y obesidad, la nueva pandemia mundial
El 61,2% de los argentinos se encuentra con alguna de estas dos patologías o ambas. Pese a las evaluaciones, el 70% de los niños que tiene sobrepeso antes de la pubertad, mantienen esta situación en la adultez.
De forma silenciosa, pero a paso firme, la diabetes y la obesidad van creciendo en el mundo. Junto a ellas, las complicaciones cardiovasculares aumentan. Según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (2018), en Argentina el 12,7% de las personas mayores de 20 años viven con diabetes, pero, lo que es aún más preocupante, el 45 % desconoce su diagnóstico.
Con respecto al sobrepeso y obesidad, Argentina se encuentra en situación similar al resto del mundo, con un porcentaje del 61,2% de la población, sumando ambas enfermedades, personas con sobrepeso 36,2% y personas con obesidad 25,4%.
Frente a este panorama, desde el Comité de Diabetes y Obesidad de la Federación Argentina de Cardiología (FAC) se desarrollan activamente campañas de prevención y concientización. “Informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) destacan que las personas diagnosticadas con diabetes enfrentan un riesgo cardiovascular significativamente mayor en comparación con aquellas que no padecen esta enfermedad, llegando a veces a incrementarse en dos o tres veces más que aquellos que no padecen esta condición”, señala el Dr. Sergio Giménez (MP 5679), cardiólogo y miembro de la FAC.
La diabetes es una enfermedad prevalente, en constante crecimiento y con fuerte impacto en la morbimortalidad debido a las complicaciones asociadas a la misma. Esto ha dado lugar a un incremento exponencial en el número absoluto de casos, que ha pasado de 108 millones en 1980 a la impresionante cifra de 463 millones en 2019 en todo el mundo. Además, se estima que alrededor del 10% del gasto mundial en salud se destina al tratamiento de la diabetes.
Niños y adolescentes
Dado que la epidemia de obesidad y diabetes se presentan a edades tempranas y que se ha notado un incremento de las mismas en niños y adolescentes, la preocupación es que estos jóvenes convivirán con el riesgo de ambas enfermedades pudiendo desarrollar sus complicaciones a lo largo de la vida. Estadísticas del país reflejan que de los niños evaluados con obesidad antes de la pubertad, el 70 % continúan con obesidad en la vida adulta. Generar hábitos saludables en cuanto a alimentación y la constancia del ejercicio son las principales medidas que los padres deben tomar para evitar esta situación.
En rasgos generales, es importante evitar la ingesta de alimentos ultrapocesados, gaseosas o bebidas con altos valores de azúcares. Una forma de conocer la composición es mediante el etiquetado que actualmente muestran los productos en las góndolas de los supermercados en donde, mediante octógonos negros, especifican los porcentajes de grasas, azúcares, sodio y otros productos.
Nuevo enfoque
Las nuevas directrices y estrategias de tratamiento para la diabetes enfatizan la necesidad de un enfoque personalizado y sugieren el uso de nuevos medicamentos con beneficios cardiovasculares probados y bajo riesgo de hipoglucemia.
Teniendo en cuenta la edad, el tipo de diabetes, el tiempo de evolución de la enfermedad y otros factores de riesgo, las directrices recomiendan estratificar a los pacientes diabéticos en términos de su riesgo cardiovascular, con el objetivo de personalizar su atención y tratamiento. Entre los factores de riesgo, se señalan los antecedentes familiares de diabetes, hipertensión arterial, antecedente de diabetes durante el embarazo o hijos nacidos con más de 4 Kg, sobrepeso u obesidad y sedentarismo. “Adoptar hábitos saludables con alimentación equilibrada, sin alimentos procesados, realizar actividad física; de al menos 150 a 300 minutos semanales, considerar los estímulos de fuerza al menos dos veces por semana; no consumir tabaco, mantener peso corporal adecuado, y mantener en valores óptimos la glucemia, el colesterol y la presión arterial, son claves para prevenir la aparición de la diabetes y sus complicaciones cardiovasculares”, dice Giménez.
De esta forma no solamente se está previniendo la aparición de complicaciones, sino que se está construyendo salud. Una tarea que comienza desde la infancia y recorre toda la vida.
Diabetes: cómo prevenir la retinopatía, que afecta a 500.000 argentinos y es la causa de ceguera más frecuente en edad laboral
En la Argentina se estima que hay alrededor de 2.000.000 de diabéticos. “Prácticamente uno de cada tres termina padeciendo retinopatía diabética, una complicación secundaria. De esta manera, más de medio millón de personas tendrían retinopatía con diferente grado de severidad”, explica el doctor Juan Gallo (MP 55.399 y MN 69.632), coordinador de Oftalmo-Diabetes del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Austral.
La relevancia de prevenir la retinopatía diabética es absoluta, ya que se trata de la causa más frecuente de ceguera en edad laboral. “Se la considera una enfermedad neurovascular. Puede manifestarse clínicamente en la periferia o en la zona central del ojo, llamada mácula”, continúa el también director del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional de la Universidad Austral.
“Su causa es la diabetes, hiperglucemia crónica no controlada, asociada con frecuencia a hipertensión arterial. La duración de la diabetes y el mal control metabólico son los factores de riesgo más relevantes”, asegura el especialista.
Desafortunadamente, los síntomas de la patología suelen ser tardíos. “Tener una buena visión no significa que no se padezca retinopatía”, subraya Gallo. “Una vez que se presenta la disminución de la agudeza visual, es porque ya ha avanzado bastante la enfermedad”, advierte.
Por este motivo, recomienda que “todo paciente de diabetes debe hacerse controles periódicos con un médico oftalmólogo que, de ser posible, cuente con experiencia en esta patología”.
Respecto del tratamiento, el coordinador de Oftalmo-Diabetes del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Austral indica que, en la actualidad, se utilizan inyecciones intravítreas de agentes anti-VEGF asociados en determinadas oportunidades con fotocoagulación láser. “En los casos más avanzados, es necesario realizar una cirugía vitreoretinal”, completa.
La ceguera o disminución severa de la visión es prevenible en el 80% de los casos cuando el tratamiento se lleva a cabo en el momento adecuado.
Ocho claves para prevenir la diabetes en la alimentación diaria
En el marco del Día Mundial de la Diabetes, la Lic. en Nutrición Silvia Juárez (MN 1150), profesora de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral, comparte algunos consejos para prevenir la diabetes tipo 2, la más común entre todas las diabetes.
A continuación se comparte una serie de textuales de la licenciada Silvia Juárez:
• “Si podés prevenir o retrasar la diabetes tipo 2, lograrás disminuir los riesgos de tener afecciones en la vista, los riñones y/o a nivel cardíaco”.
• “En caso de sobrepeso, es importante ponerse la meta de reducir entre el 5 y 10% del peso. Para esto, además de evitar el sedentarismo y hacer ejercicio, existen algunas recomendaciones prácticas”
Los sí:
• Aumentar el consumo de fibra vegetal: verduras y frutas frescas. Incluirlas en las 4 comidas.
• Incorporar legumbres en granos enteros, como lentejas, garbanzos, porotos, brotes de soja y semillas.
• Cereales integrales o sus harinas. Centeno o avena.
• Lácteos descremados, ricota, yogures, tofu.
• Proteínas en pescados, carnes magras, blancas y rojas, y huevo.
• Consumo moderado de grasas insaturadas: aceites vegetales, frutos secos, palta.
• Aumentar el consumo de agua o de bebidas sin azúcar, por ejemplo, infusiones.
• Gelatinas dietéticas, dulces con edulcorante (consumo moderado).
Evitar o reducir (consultar siempre con el nutricionista):
• Verduras fuente de almidón sin aporte de fibra vegetal (por ejemplo, papa y batata).
• Harinas procesadas de legumbres.
• Harinas refinadas y sus productos.
• Lácteos enteros, leche condensada, quesos duros, manteca.
• Fiambres, embutidos, carnes de animales de caza.
• Grasas saturadas o trans en productos procesados, aderezos, chips de copetín o productos de pastelería.
• Jugos exprimidos de fruta o bebidas azucaradas.
• Miel, dulces con alta concentración de azúcares simples, golosinas.