Día Mundial del Síndrome Urémico Hemolítico: claves para prevenir esta enfermedad
En el marco del Día Mundial del Síndrome Urémico Hemolítico (SUH), que se conmemora este 19 de agosto, especialistas advierten que la prevención en el hogar y la consulta temprana son vitales para evitar complicaciones renales graves en la infancia.
El SUH es una enfermedad causada principalmente por la bacteria Escherichia coli productora de toxina Shiga (STEC). Según explicó la Dra. Valeria El Haj, directora médica nacional de OSPEDYC, esta bacteria se adquiere por vía fecal-oral y tiene como principal reservorio a los animales de granja. En nuestra región, donde el contacto con entornos rurales es frecuente, es fundamental extremar cuidados al manipular carne picada, evitar el consumo de lácteos no pasteurizados y asegurar el lavado profundo de frutas y verduras.
La especialista destacó que "la transmisión corresponde principalmente a la infección por STEC", subrayando que la contaminación cruzada en la cocina es uno de los focos de contagio más comunes. Es vital separar los utensilios utilizados para carnes crudas de aquellos destinados a alimentos listos para consumir, además de garantizar una cocción completa de las hamburguesas y cortes de carne, asegurando que no queden partes rosadas en su interior.
Señales de alerta y acción médica
El cuadro clínico puede evolucionar con extrema rapidez. "Es extremadamente peligroso por la rapidez con la que actúa: en apenas unos días puede complicar gravemente la salud de un niño sano", advirtió El Haj. Ante síntomas como diarrea sanguinolenta, palidez marcada, decaimiento inusual o una disminución drástica en la cantidad de orina, las familias deben acudir de inmediato a las guardias médicas de los centros de salud".
Es fundamental recordar que no existe un tratamiento farmacológico específico ni una vacuna, por lo que el abordaje médico se limita a sostener las funciones vitales. Asimismo, los profesionales enfatizan la prohibición absoluta de la automedicación: el uso de antibióticos o antidiarreicos sin supervisión médica puede favorecer la liberación de toxinas y agravar severamente el daño renal en los pacientes pediátricos.