2026-06-06

DÍA DEL PERIODISTA

Miguel Guerrero, el cronista policial que le puso letra y tinta a los casos más sangrientos de Comodoro

Miguel Guerrero es sinónimo de periodista policial. Un hombre que llegó a Crónica escribiendo su verdad del otro lado de la reja, por eso sabe cuál es el precio de la libertad. Un hombre al que los delincuentes de los 90' lo llamaban para que sea garantía para entregarse ante la Policía.

Hoy en el epílogo de su carrera rememora cómo era la cobertura periodística de los casos más espeluznantes de la ciudad. Actor, añora entrevistas a grandes valores de la cultura, confiesa que aprendió el oficio en la calle. Un abanico memorioso de los casos más difíciles de los últimos tiempos.

Miguel Guerrero entra a la sala de archivo de Crónica con el libro de los 25 años del diario y pone su índice en la carpeta que tiene todos los matutinos del 2010 y esboza: "este año tuvo 36 homicidios la ciudad".

Hoy en el epílogo de su carrera profesional, tras haber cumplido 37 años de servicio dentro de las instalaciones de Namuncurá 122, Miguel se pone nervioso al hablar de él. Porque siempre escribió sobre otros, describió al dedillo la tragedia, y la maldad, pero contar las cosas buenas que le pasan a un cronista policial puede ser mucho más difícil que describir la realidad. Entre párrafos de Sabina y letras de rock nacional, el cronista policial va apagando la luz para descansar. Aunque en su horizonte hay mucho por escribir, principalmente de lo que vivió en la profesión, algo que todos le piden en el pasillo de la redacción cada vez que se pone a contar anécdotas para las nuevas generaciones de redactores. A pocos días de concretar su jubilación, repasa las transformaciones técnicas e históricas que vivió en la profesión desde finales de la década del 80'. Guerrero ingresó a Crónica escribiendo desde la Alcaidía Policial tras una condena de algunos meses por un hecho que consideró injusto. Por eso sabe del precio de la libertad, y del peso de la balanza de la justicia, cuando solo se lo inclina para un lado y no se escucha la otra campana.

" Vamos a contar la verdad, era actor en realidad, hacía radio teatro con Alfredo y recorría toda la Patagonia en sus principios, allá por mediados de los 80 y tenía un pecado de juventud, una pavada pensaba uno, pero terminé desgraciadamente condenado y a cumplir esa condena de algunos meses en la Alcaidía Policial. Como me creí injustamente condenado, porque en realidad no era ningún delito, nada por el estilo, se me ocurrió contar mi historia desde la Alcaidía y le mandé mis primeras notas a don Diego Zamit" recuerda al lado de la rotativa del diario que se prepara para ser encendida un viernes por la tarde para el tiraje al valle del Chubut.

Daniel Alonso, entonces jefe de redacción, comenzó a publicar los textos bajo el título de "Crónicas de un tiempo en la Alcaidía" y posteriormente incorporaron a Guerrero al equipo de trabajo entre los años 1989 y 1990. En sus inicios, recibió formación periodística por parte del medio en la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) en Buenos Aires, y comenzó realizando coberturas de noticias gremiales y barriales. Con el paso del tiempo, se especializó en el policial. Guerrero se encargó de la cobertura de la crónica roja, con disponibilidad permanente, salidas nocturnas para registrar lo que pasaba en la calle y hasta ser testigo de un asalto con muerte en una panadería céntrica. Operativos y allanamientos en horas de la madrugada junto al inseparable ladero con cámara en mano Alejandro Paillahuala o Gustavo Paz. Su exposición pública por aquellos años le trajo algunos problemas. "Me tenía que dejar la barba, cortarme el pelo, usar anteojos" al exponer a los malos. No faltó quien lo llame para entregarse ante la Policía. Miguel recuerda así un caso paradigmático en el que un hombre insistía en su inocencia que finalmente tras una serie de crónicas las revisiones ante la Justicia le dieron la razón, y entabló una amistad con él. Sin embargo, un balazo en un bar le terminó quitando la vida. "Llamaban a Crónica para entregarse" confiesa.

Pasó de escribir en las máquinas Olivetti y protagonizó transmisiones en blanco y negro hasta intentar amigarse con la IA, cosa que resiste. Pondera el método de trabajo artesanal basado en la construcción de contactos personales en la calle, en las comisarías y en los centros de detención, en los pasillos de la Oficina Judicial respecto a la dinámica contemporánea. Actor, y fiel lector, se lleva en el baúl de los recuerdos las entrevistas a Alberto Cortés, a Les Luthiers y a José Larralde. Se lleva amigos del taller, de la sección armado, deportes y de la redacción del diario que le abrió las puertas a un mundo que supo describir muy bien.

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