2026-04-18

A un año de la partida de Sebastián Acosta y la última caravana en suspenso

El guitarrista de Abelardos falleció por una neumonía bilateral hace 12 meses, y el eco de su guitarra decidió volverse leyenda justo antes del último recital.

El silencio en el barrio 1008 tiene hoy una frecuencia distinta. No es la ausencia de sonido, es el eco de una guitarra que decidió volverse leyenda justo antes de la última nota. Se cumple un año desde que Sebastián Acosta, el motor y el alma de Abelardos, emprendió ese viaje al que su hermano llamó "subirse al avión", dejando una "última caravana" en suspenso y un vacío irreparable en el rock de Comodoro Rivadavia.

La historia de Seba no se explica sin el viento del barrio 30 de Octubre. Allí, en 1999, entre paredes que vibraban con la urgencia de decir algo, nació Abelardos. Lo que empezó como una sala de ensayo improvisada por el "Loco" Fernando Henríquez terminó siendo el epicentro de un sonido visceral que marcó una época.

Influenciado por la crudeza de Pappo’s Blues y la mística de Pescado Rabioso, Acosta no solo tocaba la guitarra; él traducía la identidad de una ciudad de "viento, frío y ruido industrial". Su guitarra era el pulso de una banda que dejó su huella.

Un camino de hormigón y gloria

Desde aquel primer demo de 2003 hasta la consagración en el Comodoro Rock, Seba fue el hilo conductor de una banda que mutó, creció y se convirtió en bandera. Con la llegada Darío Acosta en la voz, el sonido de Abelardos encontró su forma definitiva: un blues rock con acento sureño que podía telonear a Intoxicados o Viejas Locas sin perder ni un gramo de autenticidad.

La injusticia de la vida y el adiós en el Socios Fundadores

El destino, ese guionista a veces cruel, decidió que el retiro de los escenarios previsto para abril de 2025 no fuera una elección, sino una interrupción. Una pulmonía bilateral apagó la llama de Seba apenas dos días antes del gran show en el Socios Fundadores.

"Viviste a tu manera o como te salió, y está bien. Sabes que quedó una última caravana pendiente y vos sí te merecías ese último show, colgar la viola y subirte al avión", publicó su hermano en redes sociales a manera de despedida.

El eco que no se apaga

A un año de su partida, ya no hay "dolor rockero", pero queda la música. Abelardos no es solo una banda de culto; es el testimonio de que en el rincón más austral del mapa, el rock se siente más fuerte porque se pelea contra el clima y el olvido.

Ya no empuña la viola en los escenarios locales, pero su rastro quedó marcado en el asfalto de las mil ocho, y en los bares por los que tocó de madrugada. La caravana no se suspendió; simplemente cambió de plano. Hoy, el viento de Comodoro suena un poco más a blues, y eso es un poco mérito de Sebastián Acosta.

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