El resurgir de lo artesanal: el zapatero de Km. 8 que le gana a la crisis del "use y tire"
No es solo un zapatero; es un resistente de un oficio que hoy escasea en Comodoro Rivadavia. Pero llegar a este presente no fue un camino lineal, sino una apuesta a la "corazonada" y al coraje de soltar la seguridad para abrazar la libertad de las manos propias.
La historia de Jeremías cambió de rumbo en 2017. Por aquel entonces, trabajaba en Vector, una empresa de Kilómetro 3 donde gozaba de una comodidad que, para muchos, sería el destino final. Sin embargo, la necesidad de un oficio y la curiosidad lo llevaron a visitar a su amigo Pablo Palacio.
"Al entrar al taller y ver que había tanta circulación, que el timbre sonaba a cada rato, con mi esposa nos miramos y dijimos: ¿por qué no?", le cuenta a Crónica.
Ese fue el chispazo. Lo que siguió fue un aprendizaje artesanal: primero aprender a coser a mano con su amigo, y luego, tras unas vacaciones donde la idea se volvió obsesión, encontrar a Francisco Villegas, el proveedor que no solo le vendió los primeros insumos, sino que tuvo la generosidad de enseñarle a "clavar el primer clavito".
El salto definitivo fue un acto de fe. Jeremías recuerda con gratitud que sus propios empleadores le prestaron el dinero para comprar sus primeras herramientas. Con ese apoyo y el impulso incondicional de Micaela, su esposa, envió el telegrama de renuncia. Dejó la comodidad del sueldo fijo por la incertidumbre —y la pasión— del cuero y la suela.
Un trabajo "tirano" y minucioso
Hoy, el taller es un ecosistema de colaboración. Jeremías no está solo: trabaja codo a codo con su esposa, con su amigo Juan Pablo y Francisco Villegas, que están dando sus primeros pasos en el oficio.
El trabajo, admite, es "tirano". En el mundo de la inmediatez, la zapatería exige una paciencia que no conoce de relojes. "Es un poco lento porque es un trabajo estacionado", explica. Mientras arregla un par, ya entraron tres pedidos más. Y aunque las urgencias golpean la puerta, Jeremías respeta el orden de llegada: la calidad no se negocia por la prisa.
En tiempos donde la economía aprieta, su labor se ha vuelto esencial. Arreglar una suela de un botín de fútbol o de trail con materiales de primera calidad (como las suelas Fevo, pegadas y cosidas a máquina) es, a menudo, la única forma de conservar un calzado que hoy es casi prohibitivo comprar de nuevo.
Redes, videos y el futuro del oficio
A falta de un local a la calle en una zona céntrica, Jeremías encontró en la tecnología su mejor vidriera. Sus videos circulan por las redes y generan una cercanía especial con los vecinos. "Les gusta ver que lo que pensaban que estaba deshecho, se puede arreglar", cuenta con satisfacción el creador de @reparaciondecalzadosbetha
Sobre el futuro, la posibilidad de un local público flota en el aire, aunque sabe que eso implicaría un desafío mayor: formar a más personas. Jeremías ya ha sembrado semillas, incluso enseñando a un amigo de Sarmiento que hoy ya tiene su propio local.
En un mundo que descarta, Jeremías Bethancourt elige reparar. En ese rincón de Kilómetro 8, entre hilos y capelladas, este zapatero comodorense demuestra que el oficio no es solo una forma de ganarse la vida, sino una manera de cuidar la historia que cada par de zapatos lleva en sus suelas.