Descubren un hongo en Chernóbil que usa la radiación como energía
Un hongo identificado como Cladosporium sphaerospermum prospera en las paredes interiores de uno de los edificios más contaminados de Chernóbil, Ucrania, utilizando la radiación ionizante como posible fuente de energía. Este organismo desafía las expectativas biológicas al resistir y, aparentemente, beneficiarse de los altos niveles de contaminación que hicieron inhabitable la zona para los seres humanos, según informes científicos.
El 26 de abril de 1986, la explosión del reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil liberó una enorme cantidad de material radiactivo, provocando el peor accidente nuclear de la historia. El suceso causó la muerte de decenas de trabajadores y bomberos, y forzó la evacuación de más de 300.000 personas de Prípiat y sus alrededores, dejando una zona de exclusión deshabitada por el ser humano.
El misterio de la radiosíntesis
A pesar de la desolación humana, la vegetación y la fauna salvaje han colonizado la zona de exclusión. En este contexto, la microbióloga Nelli Zhdanova, de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, lideró un estudio en la década de 1990 que identificó 37 especies de hongos oscuros, ricos en melanina, en áreas con alta contaminación radiactiva. Entre ellos, el C. sphaerospermum destacó por su capacidad de supervivencia.
Posteriores investigaciones han sugerido que la radiación ionizante no solo no daña al hongo, sino que podría estimular su crecimiento. En 2008, los científicos Ekaterna Dadachova y Arturo Casadevall, del Colegio de Medicina Albert Einstein de Estados Unidos, propusieron que este hongo realiza un proceso similar a la fotosíntesis de las plantas, pero utilizando la radiación en lugar de la luz, denominando a este fenómeno como "radiosíntesis". Sin embargo, los mecanismos exactos detrás de esta adaptación aún son objeto de estudio y misterio para la ciencia.
Potenciales aplicaciones tecnológicas
La capacidad única del Cladosporium sphaerospermum ha despertado el interés por sus posibles aplicaciones prácticas. Un experimento realizado en 2020 en la Estación Espacial Internacional (ISS) demostró que una fina capa de este hongo es capaz de bloquear una parte significativa de la radiación dañina. Este hallazgo sugiere que podría emplearse como escudo protector en misiones espaciales, mitigando uno de los principales riesgos para los astronautas.
Asimismo, se investiga su potencial uso en el campo de la medicina, la biotecnología y la producción de energía. Pese a estas prometedoras vías de investigación, la comunidad científica aún trabaja para desentrañar completamente cómo este organismo sobrevive y prospera en un ambiente tan extremo y si la radiosíntesis es, efectivamente, el motor de su subsistencia en Chernóbil.
Con información de Infobae