2025-04-15

Universidad, salud y activismo

“Promover la neurodiversidad también es hacer salud”: el proyecto de una estudiante que busca transformar las aulas

Daniela Bordón, estudiante de enfermería y activista neurodivergente, impulsa un proyecto innovador para visibilizar la neurodiversidad en el ámbito universitario. Desde su experiencia personal con autismo y TDAH, propone herramientas concretas para docentes y sueña con que nadie más se sienta excluido por pensar diferente.

Por primera vez, Daniela Bordón va a salir de su provincia. A los 23 años, su primer viaje será para presentar en San Carlos de Bariloche un proyecto que lleva su firma, su historia y también una causa: la promoción de la neurodiversidad en el ámbito educativo. Daniela es estudiante de la Licenciatura en Enfermería en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en Comodoro Rivadavia. Pero además se define como activista y comunicadora. Es autista, tiene TDAH y convive con sus comorbilidades. Esa experiencia es el corazón de su propuesta académica, política y humana.

En exclusiva con Crónica, Daniela comentó sobre el proyecto y su camino recorrido en las aulas. 

“Todo esto surgió a base de experiencias vividas dentro del aula, tanto con mis pares como con docentes”, cuenta Daniela. En ese recorrido descubrió las dificultades que enfrentan las personas neurodivergentes al intentar adaptarse a entornos educativos pensados para un único tipo de funcionamiento mental. Lo que siguió fue un largo proceso de charlas con profesores, búsqueda de herramientas, ensayo y error. Pero también una certeza: lo que le pasaba a ella no era un caso aislado, sino parte de una problemática estructural invisibilizada.

A partir de allí, decidió impulsar un proyecto institucional dentro de la universidad, en colaboración con docentes y la dirección de la agrupación de profesores universitarios. El objetivo es brindar herramientas para acompañar a estudiantes neurodivergentes, especialmente frente a situaciones de crisis. “Particularmente me pasó de tener una crisis autista en el aula y los docentes no estaban listos para saber qué hacer”, recuerda.

La propuesta incluye talleres, instancias de formación y producción de materiales. Ya fue presentada como proyecto de investigación en la Universidad de Río Negro y obtuvo la aprobación institucional. Daniela no solo será su expositora, sino también su protagonista. “Es algo diferente que una persona neurodivergente esté participando de este tipo de proyectos”, afirma, con entusiasmo, pero también con una lucidez afilada sobre lo que implica ser visibilizada.

Su camino hasta aquí no fue fácil. Durante la primaria y la secundaria vivió situaciones de exclusión, desregulación emocional, y sufrió bullying por parte de sus compañeros. “Los docentes me hacían sentir tonta. Toda la vida pensé que el problema era yo”, confiesa. La falta de comprensión sobre el TDAH y el autismo la llevó incluso a abandonar el colegio al que asistía en su adolescencia. Pero años después, ya como estudiante universitaria, Daniela encontró un espacio donde empezar a construir algo distinto.

Uno de los aspectos más innovadores de su propuesta es el enfoque sobre la adultez neurodivergente. “Se hace mucho énfasis en los niños, pero no se habla de los adultos que recién están descubriendo que tienen una condición”, señala. Ella misma fue diagnosticada cuando su hermano menor comenzó tratamiento por TDAH. Desde entonces, se involucró de lleno en la militancia y la divulgación.

Participó en la radio universitaria —y este año volverá a hacerlo— y fue convocada por la ASECH (Asociación de Enfermeros del Chubut) para hablar sobre neurodivergencia. Su voz empieza a resonar más allá de las aulas. “Quiero que se vea que todos somos pares. Yo soy autista y también soy su compañera. El día de mañana, voy a representar a nuestra universidad en otro lugar”, dice, en referencia al viaje a Bariloche.

A futuro, Daniela quiere seguir replicando este proyecto en otros espacios. Aunque no tiene un plan cerrado, su deseo es claro: que nadie más se sienta excluido por ser diferente. Que cada estudiante tenga las herramientas necesarias para aprender, y que los docentes sepan cómo acompañar desde el respeto y la comprensión. Que la palabra “inclusión” no sea una etiqueta vacía, sino una práctica cotidiana.

“El cuidado no es solo intervenir sobre un cuerpo. También es acompañar identidades, reconocer diferencias y construir espacios inclusivos para todos”, reflexiona Daniela. Y deja una frase que resume su lucha, su proyecto y su identidad: “Promover la neurodiversidad también es hacer salud”.

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