Canillita... un trabajador que se resiste a la modernidad tecnológica
Si bien cada vez son menos, los canillitas siguen trabajando, caminando las calles, voceando a Crónica, como único “diario” que se resiste a desaparecer como medio de prensa escrito, aquel que supo ser una de las primeras herramientas de información para miles y miles de personas.
Y el canillita fue el eterno acompañante en esa búsqueda de lectores que se inició siempre con los primeros minutos de cada día, “pateando piedras” por los barrios de la ciudad, anunciando las grandes novedades que buscaba compartir con los habituales lectores que, a su vez, esperaban ansiosos la llegada de las noticias.
A pesar de la modernidad, de la tecnología y de los nuevos equipos que permiten informarse prácticamente al instante sobre cualquier novedad que surja en la ciudad o en el mundo, aquel histórico canillita sigue diciendo presente, sigue ofreciendo noticias, sigue afrontando la vida con un trabajo poco redituable quizás, pero que, en muchos casos, es parte de una tarea cotidiana que permitió el desarrollo de numerosas familias.
La palabra canillita se asocia a los primeros vendedores callejeros de diarios, porque generalmente eran niños o adolescentes que entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX acostumbraban a usar pantalones cortos y lucían sus “canillitas”.
El origen de esta celebración se remonta a la ciudad de Buenos Aires y al periodista y dramaturgo Florencio Sánchez, autor de la obra de teatro rioplatense titulada precisamente “Canillita”, estrenada en 1904. El 7 de noviembre de 1910 Sánchez falleció a la edad de 35 años, pero, recién en 1947, es decir, 37 años después, se instauró la fecha en su homenaje.
A pesar de todo, quizás hoy o mañana un canillita haga oír su voz cerca de casa y será motivo no solo para comprar el diario sino, y también, para regalarle una sonrisa, para reconocer con respeto una “antigua profesión” que sigue estando presente, aunque haya viento, frío, lluvia o abrace el calor en una madrugada de verano.