2026-10-26

Preocupación en Rawson por el estado de la Escuela N.º 20

La caída de mampostería, las filtraciones de agua y los problemas estructurales encendieron la preocupación de padres y exdocentes. Reclaman suspender las clases presenciales hasta que se garantice la seguridad de los estudiantes y advierten que las reparaciones parciales no alcanzan para resolver el problema de fondo.

El estado edilicio de la Escuela N.º 20 de Rawson quedó en el centro de la preocupación de las familias, que reclaman una respuesta urgente ante una serie de deficiencias que afectan distintos sectores del establecimiento. La caída de partes del techo, las filtraciones de agua y las dificultades en aulas, baños y el salón de usos múltiples (SUM) reavivaron el debate sobre

las condiciones en las que los alumnos desarrollan sus actividades escolares.
El reclamo no apunta a interrumpir la continuidad educativa, sino a evitar que los estudiantes permanezcan en un edificio que, según advierten padres y exdocentes, presenta problemas que requieren una intervención más profunda que las reparaciones realizadas hasta el momento.

Franco, padre de dos alumnas que asisten a la institución, describió ante la prensa un escenario que genera inquietud entre las familias. Según relató, una de sus hijas tuvo que ser trasladada de aula debido al desprendimiento de partes del techo, mientras que otros sectores permanecen restringidos por las filtraciones y el riesgo de nuevas caídas de material.

La situación llevó a los padres a plantear la suspensión de la presencialidad hasta que existan garantías suficientes sobre las condiciones de seguridad del establecimiento.

“Queremos que los chicos sigan teniendo clases, pero sin venir a la escuela, porque no está en condiciones”, sostuvo Franco, al expresar una preocupación que excede las dificultades cotidianas de la actividad escolar: la posibilidad de que el deterioro de la infraestructura ponga en riesgo a estudiantes y trabajadores de la educación.

Si bien reconoció que comenzaron algunas tareas de reparación, consideró que las intervenciones realizadas no despejan las dudas sobre el estado general del edificio ni ofrecen certezas suficientes para un regreso seguro a las aulas.

Filtraciones, instalaciones eléctricas y una advertencia sobre la estructura

La preocupación también fue planteada por Elsa Torres, exdocente de la institución, quien puso el foco en los riesgos que pueden generar las filtraciones de agua en sectores donde existen instalaciones eléctricas.

Su advertencia introduce otro elemento en la discusión: el problema no se limita al deterioro visible de paredes y techos, sino que también involucra las condiciones de seguridad de los espacios utilizados diariamente por la comunidad educativa.

Torres cuestionó que las intervenciones se concentren en resolver inconvenientes puntuales sin avanzar en una evaluación integral del establecimiento.

“Están parchando, pero tienen que investigar cómo está toda la estructura de la escuela”, expresó, al reclamar un diagnóstico que permita determinar el alcance de los daños y las obras necesarias para solucionarlos.

La observación apunta a una cuestión central: reparar los sectores afectados puede resultar insuficiente si no se determina qué origina las filtraciones, cuál es el estado de los techos y las paredes y si existen otros espacios comprometidos.

El reclamo por una solución de fondo

Frente a este escenario, las familias solicitan que se evalúen alternativas para sostener la continuidad pedagógica sin exponer a los estudiantes a las condiciones edilicias denunciadas.

Entre las opciones planteadas aparecen las clases virtuales y las actividades escolares a distancia mientras se desarrollan las reparaciones necesarias.

El planteo vuelve a poner sobre la mesa la importancia del mantenimiento de los edificios escolares y de las respuestas preventivas frente a situaciones que pueden comprometer la seguridad de quienes los utilizan.

En la Escuela N.º 20, la preocupación de los padres se concentra hoy en una demanda concreta: conocer el verdadero estado de la infraestructura, determinar qué trabajos deben realizarse y contar con garantías antes de que los alumnos continúen asistiendo con normalidad.

La discusión ya no pasa solamente por reparar los sectores donde se desprendió mampostería o por contener las filtraciones. El reclamo es por una evaluación integral del edificio y una solución que permita garantizar que la escuela sea un lugar seguro para aprender.

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