Comodoro Rivadavia
Corazón de madre: juntó más de dos millones de pesos para Pediatría mientras acompaña a su hijo
Hay pasillos que duelen, pero que también enseñan a mirar de otra manera. En las paredes del sector de Pediatría del Hospital Regional, donde el tiempo transcurre entre el bip sordo de los monitores, el susurro de los sueros y las horas interminables junto a una cuna, habita la verdadera dimensión de la empatía. Allí, donde cualquier madre agotada limitaría su universo a la recuperación de su hijo, Gabriela eligió abrir los brazos e ir mucho más allá.
Todo comenzó con un gesto sordo de la cotidianeidad: la heladera del sector se rompió. En un hospital, una heladera no es un lujo ni un electrodoméstico trivial; es la frescura del alimento para los que cuidan, la reserva donde se guarda el descanso entre guardia y guardia, el alivio cotidiano para las familias que pasan días —o semanas— sin volver a casa. Gabriela lo notó y, sin buscar protagonismo, decidió averiguar precios y activar una red invisible de solidaridad entre sus contactos. “Averigüe valores en las casas que hay acá y vi que los valores iban de 900 mil a $1.300.000, así que puse eso en la publicación. Pero llegó lejos y juntamos más en dos días, así que estamos felices de poder ayudar. Llevamos juntado $2.500.000”, le contó Gabriela a Crónica.
El resultado fue una ola imparable que superó la meta inicial. La heladera ya no era solo un objetivo alcanzado, sino la llave que abrió una puerta a muchas otras necesidades urgentes. Al conversar con el personal del nosocomio, Gabriela descubrió esas carencias cotidianas que no siempre se ven, pero que sostienen el bienestar de los pacientes y de quienes los cuidan a diario. “Hablé con una de las enfermeras acá en pediatría. Me contaba que necesitarían sillas porque no tienen ni para el sector de enfermería para sentarse a descansar cuando se lo permite el día, ni para los papás que vienen con sus nenes y se tienen que quedar acá a pasar la noche. Después me comentaba igual termómetros, sensores pediátricos de SpO2 y tensiómetros pediátricos. Así que bueno, yo le dije: voy a hacer todo lo que pueda para ayudar mientras esté acá. Este lugar es de todos y confío que entre todos como comunidad podemos ayudar.”
Su testimonio desarma las quejas vacías. Estar “del otro lado” le permitió entender que señalar culpables no resuelve la urgencia inmediata que viven los niños y los profesionales en el día a día. Su llamado trasciende la recaudación de dinero: busca despertar una conciencia social más amplia sobre el cuidado de lo público y la empatía con el prójimo. “Hoy me tocó a mí y hay otros pacientes que están así, pero le puede tocar a cualquiera y estaría bueno hacer más consciente a la sociedad de estas falencias. El mejor lugar donde van a atender a tu hijo es el hospital siempre. Acá hacen magia con lo que tienen y hay excelentes personas y profesionales laburando para tener un buen servicio.”
Mientras organiza presupuestos de insumos con su familia y cuida a su bebé junto al papá, la colecta sigue abierta.