Juegos Suramericanos
Las medallas quedan, pero las dificultades continúan al día siguiente
Algunos debieron vender comida, buscar trabajos, llevarlos a la misma concentración, resignar estudios y hasta afrontar de sus propios bolsillos viajes y competencias. Varios eligieron contar públicamente esa realidad.
Argentina presentó en Santa Fe 2026 la delegación más numerosa de su historia en los Juegos Suramericanos, con 658 atletas distribuidos en 59 disciplinas.
Pero detrás de una representación de semejante magnitud también apareció una discusión que excede los resultados: cuánto apoyo reciben realmente quienes necesitan entrenar durante todo el año para llegar a una competencia internacional.
En el taekwondo
Uno de los casos que más llamó la atención fue el de Priscila Rodríguez. A sus 18 años, la taekwondista del Partido de La Costa llegó a Rosario después de juntar dinero vendiendo ensaladas de fruta en la Costanera de Mar de Ajó. Lo hizo para afrontar pasajes, inscripciones y viajes que forman parte de su carrera deportiva.
Su esfuerzo tuvo recompensa en el tatami, aunque no pudo subir al podio más alto. Rodríguez perdió ante Ceili Peterson, de Guyana, en la pelea por una de las medallas de bronce de la categoría -49 kilos y terminó quinta en la clasificación de la competencia. Su historia, sin embargo, expuso una realidad que excede el resultado de un combate.
En el judo
La judoca rosarina Agustina De Lucía también puso en palabras esa situación después de conseguir la medalla de plata en la categoría de hasta 63 kilos. Tras subir al podio, contó públicamente que había perdido la beca que recibía y que las dificultades económicas habían afectado directamente su preparación. Su frase sobre tener que buscar trabajo después de los Juegos sintetizó una problemática que atraviesan numerosos deportistas de disciplinas individuales.
No son historias aisladas
En Santa Fe 2026 hubo argentinos que alcanzaron el oro, la plata y el bronce en distintas disciplinas, cumpliendo el objetivo deportivo después de años de entrenamiento.
Pero junto con los festejos aparecieron también los testimonios de quienes debieron buscar alternativas para continuar compitiendo: trabajos paralelos, emprendimientos personales, ayuda familiar, sponsors pequeños o recursos propios.
La situación adquiere otra dimensión cuando se observa el sistema de becas. Según un relevamiento publicado por Chequeado antes del comienzo de los Juegos, en septiembre había 807 deportistas becados por el ENARD, 580 menos que en 2023. El mismo informe indicó que el presupuesto total destinado a becas había disminuido 48% respecto de aquel año, aunque los montos individuales habían aumentado.
El Estado cuenta con un esquema formal de becas para atletas de alto rendimiento, con categorías que incluyen excelencia y proyección sudamericana, además de otros programas de apoyo.
La propia normativa reconoce que el proceso hacia Los Ángeles 2028 requiere concentraciones, giras, torneos nacionales e internacionales y diferentes instancias de preparación.
Pero entre la existencia de una beca y la posibilidad concreta de sostener una carrera deportiva existe una distancia que algunos atletas deben cubrir trabajando.
Aparece la paradoja
Mientras los medallistas suben al podio y llevan la bandera argentina, algunos de ellos también llevan consigo una preocupación mucho más cotidiana: cómo pagar el próximo viaje, la inscripción del siguiente torneo, el entrenamiento, el equipamiento o la concentración que les permita seguir compitiendo.
Priscila Rodríguez vende ensaladas de fruta. Otros buscan trabajo, como De Lucía, que le dio una medalla a Argentina y al otro día salió a buscar trabajo.