Manos a la Costa: la red comunitaria que movilizó a Km 5 para defender el mar
El retorno a su barrio natal tras la pandemia impulsó a Luciana Maldonado a reencontrarse con el litoral de su infancia en Kilómetro 5. Sin embargo, el impacto del avance del mar y la persistente acumulación de residuos en la costa transformaron ese paisaje añorado en un escenario crítico que demandaba respuestas.
Con la firme decisión de no quedar indiferente ante el deterioro, Maldonado emprendió junto a su pareja la planificación de "Manos a la Costa". Esta iniciativa independiente comenzó a gestarse mediante la búsqueda de alianzas estratégicas con organizaciones y referentes comprometidos con la conservación marina. "Soy nacida en kilómetro 5, soy nieta de ferroviarios, de los primeros pobladores que habitaron este lugar. Me crié acá hasta los 17 años, me fui a estudiar y a trabajar, y pospandemia volví. La posibilidad de trabajar remoto hizo que hoy elija estar en mi raíz. Me crié básicamente en la playa y amo el mar, pero cuando era chiquita no era así. Cambió geográficamente por cómo el mar comió tierra y también cambió en la cantidad de mugre y suciedad que hay", explicó Maldonado a Crónica.
El tejido de una alianza comunitaria
Las consultas iniciales con ONG ambientales como Cinas 1 y Verde permitieron estructurar la logística y revelaron la necesidad de contar con una sede operativa para la convocatoria. La Biblioteca Popular de Kilómetro 5 abrió sus puertas inmediatamente, transformando la recolección de basura en una jornada integral de cultura y concientización.
La propuesta sumó un impulso decisivo con la incorporación de Andrés Olivares, referente de Comunidades Sustentables. Su experiencia organizativa terminó de concretar la fecha del evento y consolidó una red de trabajo vecinal para articular todas las actividades planificadas.
Este trabajo colaborativo demostró el valor de articular esfuerzos entre vecinos independientes, instituciones del barrio y organizaciones ambientales. La confluencia de ideas permitió diseñar una agenda atractiva que trascendiera la mera limpieza y convocara a familias enteras a participar.
Educación y divulgación sobre la biodiversidad local
El evento trascendió la recolección física para constituirse en un espacio de divulgación científica y sensibilización. Diversos especialistas abordaron temáticas clave, como la charla de Germán Lafuente sobre el impacto del plástico en las aves costeras y la exposición del Club del Mar de Camarones sobre escualos locales.
Asimismo, la jornada integró muestras de fotografía submarina a cargo de Dani Caleta y Abel, sumadas a la proyección del documental La ballena desconocida sobre el Golfo San Jorge y un cierre musical a cargo de los organizadores. Esta combinación de arte y ciencia permitió visibilizar la riqueza del ecosistema marino del Atlántico Sur.
"Además de las ONG concentradas en el cuidado de las playas, quisimos comunicarnos con todos aquellos que difunden acerca de la vida que hay del otro lado y la importancia de preservarlo. Se sumaron charlas sobre aves, tiburones con una réplica en tamaño real, fotografía submarina y la proyección del documental sobre el Golfo San Jorge, mostrando la importancia a nivel mundial de cuidar este entorno", contó Maldonado.
Saneamiento costero y el desafío de la continuidad
A pesar de las bajas temperaturas patagónicas, más de 30 voluntarios se movilizaron con guantes y bolsas hacia el sector costero. Como resultado directo de la acción colectiva, la comunidad logró retirar una batea completa de escombros y plásticos acumulados en la playa.
El volumen de basura recolectado evidenció la gravedad del problema ambiental y el riesgo constante de la contaminación por microplásticos que ingresan a la cadena alimenticia. Maldonado enfatizó la necesidad de mantener el compromiso activo, recordando que el océano provee la mayor parte del oxígeno y que la salud marina impacta de forma directa en el bienestar humano.
"El mar nos provee el 70% del oxígeno que respiramos y si el mar muere, nos impacta directamente a nosotros. Estamos muy acostumbrados a ser humanocéntricos y no nos damos cuenta de que también somos naturaleza. Sacar una batea nos hace dar cuenta de que no es suficiente; la marejada sigue trayendo lo que le tiramos y hay que seguir generando conciencia para defender lo que no tiene abogados para defenderse", reflexionó la vecina de kilómetro 5.
Esta primera edición de "Manos a la Costa" sentó las bases para sostener campañas continuas de educación, prevención y trabajo comunitario en defensa del patrimonio natural. La experiencia dejó en claro que la preservación del entorno requiere constante pedagogía para evitar que los desechos sigan llegando a la costa.