2026-08-01

Educación en Chubut

Celulares en las escuelas: qué cambia con la nueva ley y cuáles son sus desafíos

La licenciada en Psicopedagogía Ailín Abejer analizó el alcance de la nueva ley que restringe el uso de celulares en las escuelas de Chubut. Destacó que la medida puede favorecer la atención y los aprendizajes, aunque advirtió que deberá complementarse con educación digital, capacitación docente y un fuerte acompañamiento de las familias.

La prohibición del uso de teléfonos celulares en las escuelas de Chubut ya forma parte del marco normativo provincial. La ley, aprobada por la Legislatura el 4 de junio y promulgada a fines del mismo mes, regula el uso de dispositivos tecnológicos en establecimientos educativos públicos y privados con el objetivo de reducir las distracciones, favorecer los aprendizajes y mejorar la convivencia escolar.

La normativa establece criterios diferentes según el nivel educativo. En inicial y primaria, los alumnos deben mantener los dispositivos apagados y guardados durante toda la jornada escolar, incluidos los recreos. En el nivel secundario, el uso recreativo o personal queda prohibido dentro del aula, aunque los docentes podrán autorizarlo únicamente cuando exista una planificación pedagógica que justifique su utilización como herramienta educativa. Además, la ley contempla excepciones para estudiantes que necesiten el celular por cuestiones de salud o accesibilidad debidamente acreditadas.

La legislación también alcanza al personal docente y auxiliar, limitando el uso de teléfonos personales durante el horario de clases a situaciones institucionales o de emergencia. Su implementación quedará a cargo del Ministerio de Educación y cada escuela podrá definir, a través de sus Acuerdos Escolares de Convivencia, la modalidad de resguardo de los dispositivos.

En ese contexto, Crónica dialogó con la licenciada en Psicopedagogía Ailín Abejer, quien consideró que la medida puede tener efectos positivos sobre el aprendizaje, aunque remarcó que debe ir acompañada de un trabajo educativo más amplio sobre el uso responsable de la tecnología.

La profesional explicó que el uso excesivo de celulares y pantallas afecta procesos fundamentales para el aprendizaje. Según indicó, las notificaciones permanentes y el diseño de las aplicaciones para captar la atención provocan interrupciones constantes que dificultan sostener la concentración y perjudican funciones ejecutivas como la planificación, la organización y la capacidad de mantener una tarea durante un tiempo prolongado.

"El hecho de estar con el celular en el aula implica las notificaciones. Eso es lo peor. Los algoritmos siempre buscan captar nuestra atención para que sigamos ahí, y cada notificación cambia el foco", explicó Abejer.

Además, remarcó que recuperar la concentración no es inmediato. "Cada vez que una notificación desvía la atención, el cerebro necesita varios segundos para recuperar el foco. Cuando esto ocurre repetidamente durante una clase, disminuye la capacidad de incorporar contenidos y el rendimiento académico termina viéndose afectado", sostuvo.

Ailín Abejer, licenciada en Psicopedagogía

Abejer reconoció que la implementación de la norma puede presentar dificultades en algunos contextos educativos, especialmente en instituciones donde conviven adolescentes y adultos que necesitan mantenerse comunicados por cuestiones laborales o familiares. "Es difícil aplicar la medida porque hoy todas las personas estamos inmersas en la tecnología. En el caso de los adultos, muchos tienen sus familias y sus trabajos y están pendientes del celular."

Lejos de cuestionar la iniciativa, la psicopedagoga consideró que la restricción puede resultar beneficiosa, pero insistió en que no debería quedarse únicamente en la prohibición. A su entender, el principal desafío es avanzar en políticas de ciudadanía digital que enseñen a niños, adolescentes y familias a utilizar la tecnología de manera responsable. "Prohibir por sí solo no alcanza. Hay que educar para convivir con la tecnología, establecer límites y enseñar un uso crítico de las herramientas digitales", afirmó.

Entre los beneficios que podría generar una menor presencia de pantallas en las escuelas, destacó una mayor concentración durante las clases y la recuperación de los vínculos presenciales entre los estudiantes. Señaló que muchos niños y adolescentes construyen hoy gran parte de sus relaciones a través de videojuegos o redes sociales, lo que, en algunos casos, dificulta la interacción cara a cara y la comunicación con docentes y compañeros.

La especialista también advirtió sobre los riesgos del ciberacoso, una problemática que, a diferencia del bullying tradicional, continúa fuera del horario escolar y acompaña a la víctima durante las 24 horas del día. En ese sentido, consideró que la escuela necesita trabajar junto a las familias para prevenir estas situaciones y fortalecer los espacios de acompañamiento. "El ciberacoso tiene una diferencia con el bullying: el chico sale de la escuela y el hostigamiento continúa. Está las 24 horas y es mucho más difícil frenarlo", indicó a nuestro equipo.

Otro de los puntos que planteó fue la necesidad de capacitar a los docentes para acompañar la implementación de la ley. Según expresó, el ejemplo de los adultos resulta fundamental y la formación en alfabetización digital debería formar parte de las políticas públicas vinculadas a la educación. "Los chicos hacen mucho más de lo que ven que de lo que escuchan. Si queremos promover un uso responsable de la tecnología, los adultos también tenemos que ser ejemplo", señaló.

Para Abejer, el éxito de la medida dependerá de que exista un compromiso compartido entre el Estado, las escuelas y las familias. En ese sentido, recomendó que los adultos supervisen el uso que hacen los chicos de los dispositivos sin interpretar ese acompañamiento como una invasión de la privacidad. "Supervisar no es invadir. Saber qué está haciendo un hijo con el celular no significa violar su privacidad", expresó.

También propuso recuperar espacios libres de pantallas dentro del hogar, fomentar actividades presenciales, conocer el funcionamiento de las redes sociales y consultar a profesionales cuando aparezcan señales de aislamiento, cambios de ánimo o dificultades vinculadas con el uso compulsivo del celular. "Volvamos a los juegos de mesa, a los espacios compartidos. Si vemos señales de aislamiento, depresión o un uso compulsivo del celular, hay que consultar a un profesional", concluyó. 

La profesional consideró que la tecnología llegó para quedarse y que el verdadero desafío no consiste únicamente en restringir su uso dentro de las escuelas, sino en enseñar a utilizarla con criterio, límites y responsabilidad desde edades tempranas.

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