Inflación, combustibles y exportaciones: el efecto de la guerra en Argentina
El conflicto bélico en Medio Oriente amenaza con elevar la inflación argentina hasta 2,5 puntos porcentuales en 2026, debido al encarecimiento de la energía y los costos logísticos globales tras el cierre del estrecho de Ormuz.
La interrupción de rutas fundamentales para el transporte de crudo y gas ha disparado los precios internacionales, con el petróleo Brent alcanzando los USD 120 por barril en abril, un 70 % más que al inicio del conflicto. Según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), este fenómeno no solo afecta a los combustibles, sino que ha provocado alzas críticas en insumos esenciales como los fertilizantes, cuya cotización, en el caso de la urea, se disparó un 82 %, presionando directamente los costos de producción de alimentos y manufacturas a nivel mundial.
Para Argentina, el escenario presenta una dualidad compleja. Por un lado, el país podría ver un incremento en su superávit comercial de aproximadamente USD 6600 millones anualizados, impulsado por las exportaciones de hidrocarburos desde Vaca Muerta, el sector agropecuario y la minería.
"El aumento de los precios internacionales de la energía podría sumar hasta 2,5 puntos porcentuales a la inflación argentina durante 2026", advierte el informe del organismo regional, que subraya cómo el traslado de los costos internacionales a los precios internos de los combustibles ya impactó en el índice de precios de marzo, que alcanzó un 3,4 %.
Más allá de la inflación, el contexto internacional plantea riesgos financieros significativos. La posible persistencia de tasas de interés elevadas por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos complica el acceso al crédito y presiona el riesgo país. A esto se suma que Argentina importa más del 60 % de los fertilizantes que utiliza, lo que podría erosionar los beneficios obtenidos por las mejores cotizaciones de los granos.
En este sentido, la economía local enfrenta un panorama ambiguo donde la entrada adicional de divisas compite con mayores costos productivos y una presión inflacionaria sostenida.