En estudios con pingüino
Detectaron “químicos eternos” en las costas de Chubut
Asimismo, la doctora Luciana Gallo, investigadora del IBIOMAR-CONICET, explicó que estos compuestos se utilizan en múltiples productos de uso cotidiano y que se caracterizan por su gran persistencia en el ambiente, incluso años después de haber sido prohibidos.
“Se llaman químicos eternos porque permanecen en el suelo, el agua y los organismos durante muchísimo tiempo”, afirmo.
El estudio identificó nueve subtipos de PFAS, algunos ya prohibidos y otros de nueva generación utilizados como reemplazo. Estas sustancias están presentes en productos como envases descartables, sartenes antiadherentes, camperas impermeables y espumas contra incendios.
Para realizar el monitoreo, el equipo colocó bandas de silicona en pingüinos, que absorben contaminantes del entorno durante sus desplazamientos al mar y el retorno a sus nidos.
“Es una herramienta no invasiva que permite registrar la exposición a contaminantes en el ambiente que atraviesan los animales”, concluyó Gallo.
Exposición en los seres humanos
Se vincula con daños al sistema inmune, alteraciones de tiroides y mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer. Ahora, un grupo de investigadores de Argentina y Estados Unidos confirmó que estos compuestos llegaron a la costa de Chubut, en la Patagonia argentina, donde anidan colonias de pingüinos de Magallanes.
En el estudio, publicado en la revista Earth: Environmental Sustainability, reportaron la detección de PFAS en el 90,7% de las bandas de silicona analizadas, en una región con menos de dos habitantes por kilómetro cuadrado.
“Hicimos el monitoreo en las zonas donde los pingüinos se alimentan en un período específico del año cuando están criando a sus pichones”, resaltó la científica argentina Marcela Uhart, coautora y directora del Programa para América Latina del Centro Karen Drayer de la Universidad de California en Davis, Estados Unidos.
Equipo de trabajo
Para hacer el estudio, los investigadores colocaron bandas de silicona en las patas de las aves. Eso les permitió medir la exposición externa por contacto y no la acumulación interna de sustancias en sangre u órganos. Las bandas funcionan como “esponjas químicas”, absorben los contaminantes del entorno que el animal frecuenta —el nido, la costa y el mar— durante el tiempo que permanecen puestas.
El equipo estuvo formado por investigadores de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo (SUNY Buffalo) y de la Universidad de California en Davis.
También colaboraron los científicos Luciana Gallo (SENASA en Puerto Madryn) y Flavio Quintana, del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR), y Gabriela Blanco, del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR) del Conicet.
Los trabajos de campo se hicieron en dos colonias de pingüinos de la costa de Chubut que están separadas por unos 490 kilómetros: San Lorenzo, la más grande de la especie con más de 200.000 parejas reproductoras, y Cabo Dos Bahías, una colonia más pequeña con menos de 9.800 parejas.