El consumo de carne vacuna cae a niveles mínimos en dos décadas
La carne de pollo se consolidó como la principal proteína animal consumida en Argentina, desplazando por primera vez a la carne vacuna. Según los datos del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), el consumo per cápita alcanzó los 49,4 kilos por habitante al año durante 2025.
Este registro marca un cambio significativo en los hábitos alimentarios de la población. La tendencia se mantiene en ascenso debido a la adaptación de la industria y la búsqueda de alternativas proteicas por parte de los consumidores locales en un contexto de cambio económico.
Factores nutricionales y prácticos
Desde el Centro de Información Nutricional de la Carne de Pollo (CINCAP) señalaron que la practicidad en la cocina es un factor determinante. Preparaciones como la milanesa de pollo se mantienen como una de las opciones más elegidas por las familias argentinas por su versatilidad.
En términos de salud, una porción de pollo cubre aproximadamente el 50% de las proteínas diarias requeridas por un adulto. El alimento aporta minerales esenciales como potasio, magnesio y hierro, además de presentar un bajo contenido graso cuando se consume sin piel.
Retroceso de la carne vacuna
La Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) informó que el consumo de carne vacuna registró una caída interanual del 3,7% a abril de 2026. La cifra actual se sitúa en 47,3 kilos por habitante al año.
Este nivel de consumo representa uno de los valores más bajos registrados en las últimas dos décadas. De acuerdo con la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), la inflación y la modificación en los precios relativos de los alimentos impactaron directamente en el presupuesto familiar.
Auge de la carne de cerdo
El sector porcino también reflejó un crecimiento histórico entre 2025 y 2026, alcanzando un consumo de 19,3 kilos por persona. Esta cifra implica un incremento del 80% en el transcurso de la última década dentro del mercado interno nacional.
La tendencia actual muestra una preferencia por el consumo de carne fresca, como pechito, solomillo o bondiola. Estos cortes ganaron terreno frente a los chacinados tradicionales, consolidándose como una opción frecuente y accesible en la dieta diaria de los argentinos.