2026-05-11

Presupuesto, pluralismo y autonomía

“Defendamos el presupuesto como lo establece la ley. Y defendamos que ninguna facción partidaria se quiera llevar puesta la autonomía y el pluralismo”.

Por Martín Gómez

*Licenciado en Ciencia Política (UBA). Concejal del bloque Despierta Comodoro. Presidente Pro Chubut

De las diferentes dimensiones que hicieron de la universidad pública argentina una casa de estudios con prestigio mundial y excelencia académica, el pluralismo y la autonomía son las que más se destacan. En breves palabras: una institución donde se ponen en discusión, independientemente de la disciplina, las diferentes corrientes de pensamiento que ostenta la actividad científica. El carácter político de la epistemología es irreductible.

El pluralismo metodológico y teórico es tan necesario como útil para pensar nuestro país y sus dimensiones económicas, científicas, tecnológicas, productivas y sociales. Por otro lado, la autonomía de su gobierno, prescindiendo de los partidos políticos o facciones que gobiernan los destinos del Estado, la libera -ante todo- de cualquier tipo de sobreideologización y su consiguiente discrecionalidad.

Por supuesto que las condiciones materiales —condición de posibilidad de todo lo anterior— son indiscutibles. Es decir, sin presupuesto no hay universidad pública ni investigación, ni pluralismo, ni autonomía. Aquellos que entendemos que la discusión pública se enriquece de las diferencias, solemos pensar en idénticos términos sobre la discusión en la vida académica. Diferentes intentos autoritarios a lo largo de la historia –de los que nuestro país no estuvo exento– intentaron coartar esta discusión plural desde la academia. Y, por supuesto, fueron intentos tan desopilantes como patéticos para liquidar su constitutiva autonomía y pluralidad.

Pretendieron adjudicarse la universidad pública como un instrumento más del poder partidario, gubernamental o estatal. Una muestra muy interesante de esto es la recordada intervención a la UBA durante un gobierno democrático (1974/76). El interventor nombrado por el poder ejecutivo, Alberto Ottagalano, designó a un cura (Sánchez Abelenda) como decano interventor de la Facultad de Filosofía y Letras para llevar a cabo una “depuración ideológica”.

 

 

La coyuntura actual nos obliga a posicionarnos en la defensa de estas tres dimensiones mencionadas. Con dos objetivos centrales: garantizar el presupuesto para que la universidad pública continúe como garantía de movilidad social ascendente y, por otro lado, que no sea cooptada por los partidismos autoritarios. Una institución que contribuyó a la horizontalidad de nuestra sociedad. Una institución donde nadie pregunta ni ha preguntado por la cantidad de bienes, ni de estancias, ni por la herencia, ni el dinero, ni el apellido con o sin historia, o sobre sus orígenes a los ciudadanos que ingresan.

Es decir, donde miles de jóvenes han podido acceder a las carreras deseadas independientemente de sus biografías. Una institución que nos dio mucho y que no nos ha pedido nada a los que pasamos por sus aulas: solamente que estudiemos, nos formemos y que salgamos al mundo como hombres y mujeres capacitados para el trabajo, la investigación y la incesante formación.

La universidad pública argentina no pertenece a ningún sector social: ni a los obreros ni a sus hijos, ni al “pueblo”, ni a ningún concepto demagogo sin sentido. Enunciados partidarios que solamente sirven a los intereses de unos pocos.

Es la universidad de todos los ciudadanos, sin distinción ni categorización, que quieran formarse en sus aulas, como siempre lo ha sido, a pesar de los innumerables intentos de apropiación. Defendamos el presupuesto como lo establece la ley. Y defendamos que ninguna facción partidaria se quiera llevar puesta la autonomía y el pluralismo.

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