Esquel en otoño: una invitación a bajar el ritmo y redescubrir la Patagonia desde los sentidos
“Esperamos a las familias, los grupos de amigos, las personas mayores y aquellas personas que quieran capturar la mejor paleta de colores de la Patagonia, sin la necesidad de ser fotógrafos profesionales”, destacó Yago Miguens, referente del equipo de comunicación de turismo de la ciudad, en diálogo con Crónica.
Hay destinos que se visitan y otros que se sienten. En otoño, Esquel pertenece, sin dudas, al segundo grupo.
Cuando los primeros fríos empiezan a pintar de ocres y rojizos los bosques cordilleranos, algo cambia. El paisaje se vuelve más íntimo, más silencioso. Desde afuera hacia adentro, el otoño invita a bajar un cambio. Y en ese gesto simple —caminar más lento, respirar más profundo— Esquel despliega su esencia.
Uno de los rituales inevitables es el trekking. Sentir el crujir de las hojas bajo los pies no tiene traducción posible: es una experiencia que se vive en el cuerpo. La ciudad ofrece más de 20 senderos periurbanos, con opciones para todos los niveles. Desde desafíos como el Cerro 21 o la Reserva Natural Urbana Laguna La Zeta, hasta rincones menos explorados en Alto Río Percy —como Piedra de la Aguja o la Micosenda— cada camino propone un encuentro distinto con el entorno.
A pocos kilómetros, el imponente Parque Nacional Los Alerces amplifica la experiencia. Allí, el otoño se expresa en su máxima dimensión: senderos como Cascada Irigoyen, Pinturas Rupestres, lago Kruger o cerro Alto el Dedal combinan paisajes únicos con una biodiversidad que parece detener el tiempo.
Pero Esquel no se recorre solo con los pies. También se descubre a través del paladar.
La gastronomía de montaña encuentra en esta estación uno de sus mejores momentos. El hongo de pino —protagonista indiscutido— se suma al cordero patagónico y la trucha fresca en platos que hablan del territorio. Todo acompañado por chocolates artesanales que completan la experiencia sensorial. Y como broche distintivo, la región sorprende con algunos de los viñedos más australes del mundo: sobre la Ruta 259 y sus alrededores, cepas como Pinot Noir, Chardonnay y Gewürztraminer crecen en un entorno tan extremo como fascinante.
El otoño también trae consigo excusas para quedarse un poco más.
Del 1 al 3 de mayo, la ciudad será sede de la segunda edición de la Fiesta del Hongo, una propuesta que combina degustaciones, recorridos y experiencias vinculadas al universo fungi. En paralelo, el deporte suma su propio pulso con el Desafío Capri, una competencia de trail running que convoca a cientos de corredores entre cerros y senderos. Y para quienes buscan cerrar el día con música, el 22 y 23 de mayo el Auditorio Municipal vibrará con el Festival de Blues, que reunirá a artistas de nivel internacional.
En Esquel, el otoño no es solo una estación: es una forma de habitar el tiempo. Una invitación a conectar con la naturaleza, con los sabores y con uno mismo.
Porque a Esquel se llega por sus paisajes. Pero siempre hay algo más que invita a quedarse.
“También se puede sumar a la experiencia los imperdibles de siempre: el Alerzal Milenario, la navegación al lago Kruger y las salidas de La Trochita, previstas para el 22 de abril y durante los fines de semana largos”, agregó Miguens, reforzando la invitación a descubrir la temporada desde múltiples experiencias.