Alerta sanitaria y exportaciones
Influenza aviar: Argentina suspende exportaciones y revive pérdidas millonarias
La Argentina volvió a cerrar las exportaciones avícolas por un nuevo caso de influenza aviar altamente patógena (IAAP) detectado en una granja comercial de la provincia de Buenos Aires. La confirmación oficial del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria activó de inmediato el protocolo sanitario y dejó en suspenso los envíos a los mercados que exigen estatus de país libre de la enfermedad.
La medida impacta de lleno en el comercio exterior del sector, que todavía arrastra las consecuencias del cierre sufrido en 2023, cuando la interrupción de ventas generó pérdidas estimadas en USD 160 millones.
El brote fue detectado en un establecimiento avícola de la localidad bonaerense de Ranchos. Tras el resultado positivo de IAAP H5, el Senasa dispuso la interdicción inmediata del predio, el sacrificio sanitario de las aves afectadas y la desinfección total de las instalaciones.
En paralelo, notificó a la Organización Mundial de Sanidad Animal, organismo ante el cual la Argentina deberá volver a acreditar su condición sanitaria una vez superada la contingencia.
Según la normativa internacional, el país podrá autodeclararse nuevamente libre de la enfermedad si transcurren al menos 28 días desde la finalización de las tareas sanitarias y no aparecen nuevos casos en granjas comerciales.
Mercados cerrados y tensión empresarial
La suspensión alcanza a los países que exigen el estatus de libre de IAAP para habilitar importaciones. Entre los principales destinos figuran China y la Unión Europea, claves para el negocio exportador.
En 2023, una situación similar obligó a cerrar esos mercados durante seis meses. El golpe económico fue fuerte: el sector calculó pérdidas por alrededor de USD 160 millones. En ese contexto, empresas como Granja Tres Arroyos, el mayor procesador de pollos del país, vieron caer su volumen exportado del 33% al 25%.
La crisis de entonces dejó secuelas que aún no terminan de cicatrizar. Desde el sindicato de la carne advirtieron que, si la situación se prolonga, podrían producirse más de 450 despidos en marzo y no descartan cierres de plantas.
Consumo interno sin riesgo
El Senasa aclaró que la producción destinada al consumo interno continuará con normalidad. La influenza aviar no se transmite a las personas a través del consumo de carne de pollo ni de huevos.
El organismo remarcó que los controles sanitarios se mantienen activos en todo el territorio y que la detección temprana permitió actuar de manera inmediata para evitar la propagación.
No obstante, la suspensión exportadora genera presión adicional sobre un sector que viene golpeado por la caída de ventas externas, el aumento de costos y la inestabilidad del mercado internacional.
Un antecedente reciente
La primera gran crisis por influenza aviar en la Argentina se desató en febrero de 2023. En ese momento se confirmaron casos en aves silvestres y luego en establecimientos comerciales. Fue la primera vez que se detectó la variante altamente patógena en el país.
Tras meses de controles, sacrificios sanitarios y monitoreo epidemiológico, en agosto de ese año la Argentina recuperó el estatus sanitario y pudo reabrir mercados.
Durante 2024 no se registraron brotes en aves comerciales. Sin embargo, en 2025 reaparecieron casos aislados en aves de traspatio y una granja de gallinas ponedoras en Buenos Aires, lo que obligó a suspensiones temporales.
Ahora, con este nuevo foco en Ranchos, el sector vuelve a quedar en pausa.
El debate por la regionalización
Fuentes del mercado señalaron que las empresas buscan avanzar en un esquema de regionalización sanitaria, que permita limitar las restricciones a la zona afectada y evitar el cierre total del país ante un brote puntual.
Esa herramienta, utilizada por otros exportadores, permitiría sostener parte del comercio exterior aun frente a focos aislados.
Por ahora, la prioridad es contener el brote y cumplir con los plazos internacionales para recuperar el estatus sanitario.