El sistema energético cubano al borde del quiebre ante la falta de petróleo
El sistema energético de Cuba se dirige hacia una parálisis total en un plazo de seis a ocho semanas si no logra asegurar nuevos suministros de petróleo o sus derivados. Esta proyección surge tras las recientes sanciones anunciadas por Estados Unidos contra los proveedores de crudo de la isla, agravando la dependencia de un país que importa dos tercios de la energía que consume.
Según Jorge Piñón, especialista del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, el margen de maniobra es mínimo ante la pérdida del sostén histórico de la producción venezolana. El experto advierte que, si en los próximos dos meses no se registran entregas de combustibles provenientes de Venezuela, México o Rusia, la nación enfrentará una crisis profunda.
Impacto en los servicios esenciales
La disponibilidad de diésel resulta vital, ya que este insumo representa el 20% de la demanda nacional. La carencia de este combustible tiene consecuencias directas en el transporte de pasajeros, la agricultura, la industria y el sistema de distribución de agua potable.
Asimismo, el diésel es el combustible utilizado para la generación distribuida, compuesta por grupos electrógenos que aportan el 40% de la oferta del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Actualmente, diversas regiones de la isla ya registran apagones que superan las 20 horas diarias.
Dependencia externa y desabastecimiento
La crisis actual refleja el agotamiento de un modelo que no alcanzó la autosuficiencia energética. Con plantas termoeléctricas que superan los 40 años de antigüedad y una producción nacional que solo cubre 40.000 de los 110.000 barriles diarios necesarios, el escenario se asemeja al denominado Periodo Especial de los años 90.
Tras la caída de los subsidios extranjeros y la debacle de la industria petrolera venezolana, que redujo sus envíos de 100.000 a 27.000 barriles diarios, el país se encuentra en un estado de aislamiento financiero y tecnológico extremo. La falta de recursos propios para la compra de energía sitúa al sistema eléctrico en un punto de quiebre inminente, según los especialistas consultados.