2025-01-30

Aniversario de Diario Crónica

Que veinte años no es nada…

Histórica carta para los lectores de Don Diego Zamit

 

Así decía el tango "Volver" de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera. Qué lejos quedó 1934, ¿no? En definitiva, esta breve frase de esta emblemática pieza musical nos sirve para introducir este pedacito de nuestra historia.

En el año 1982, cuando se cumplieron veinte años de la fundación del Diario Crónica, publicamos una emotiva carta para todos nuestros lectores, en la que quisimos remarcar que nuestro compromiso seguía intacto, que nuestra impronta no iba a cambiar, que, pasara lo que pasara, nosotros íbamos a seguir siendo ese faro comunicacional que desde 1962 iluminó a toda nuestra provincia.

A continuación, una transcripción de la carta que se publicó el día 31 de enero de 1982, escrita por el tan querido y emblemático Don Diego Joaquín Zamit.

 

"Veinte años al servicio de la verdad”

 

Veinte años pueden ser mucho tiempo o poco tiempo, según sea la perspectiva que se tome, el lapso será grande o pequeño. Para Crónica, que hoy cumple sus primeros veinte años, no es mucho.

Quienes fundaron el diario tuvieron en mira el futuro, el porvenir medido en términos de grandeza, no lo que ocurrirá mañana o pasado, y en función de esa óptica todo se ha hecho para un diario que ha de trascender la vida física de quienes lo iniciaron proyectándose en el tiempo como una institución permanente, con un rol protagónico e insoslayable en la vida de esta región patagónica; para hoy y para el siglo XXI. Los veinte años que quedan atrás representan, quizá, los más difíciles de la historia reciente de la Argentina.

Sus convulsiones conmovieron todas las instituciones. En ese lapso se sucedieron gobiernos de toda clase: desde la demagogia más desenfrenada hasta el autoritarismo militar más riguroso. Y en todo ese proceso, Crónica fue un testigo veraz e insobornable que cumplió sin titubeos su misión de informar con veracidad y opinar sin temor, siguiendo una férrea norma de conducta que se anticipó en el primer número, se estampó en su lema (‘solo la verdad nos hará libres’) y se mantuvo celosamente en todo momento, cualesquiera fueran las condiciones en que debió manejarse.

Esta noble tarea, informar lo que ocurre diariamente y opinar sobre los problemas de actualidad, no es tan simple en nuestro país como parece. El periodismo no siempre tiene fácil acceso a las fuentes de información y las trabas no siempre le son impuestas por los gobiernos. Muchas veces, más de lo que podría suponerse, son los particulares quienes ocultan, distorsionan o dificultan la misión del periodista en la búsqueda de la verdad. Intereses creados, temor de que se sepa una verdad que molesta, infinidad de otras razones se dan para que la verdad no salga a la luz.

En cuanto a los gobiernos, o para ser más precisos, las autoridades, casi podría decirse que con muy contadas excepciones, es casi una tradición en nuestro país, restringir al periodismo libre, el acceso a las fuentes de información; desde el pretexto del secreto del sumario en las noticias policiales hasta pretendidas razones de seguridad militar, cuando alguna noticia inconveniente roza a determinados círculos del poder militar, desde el secreto de Estado cuando a ciertos gobernantes no les interesa que se difundan datos que no le convienen, hasta las reglamentaciones hechas ex profeso para obstruir el acceso de la prensa a documentos que son de interés público.

Todos estos escollos, trabas, presiones e intereses, surgen a cada momento en la vida del periodismo y para superarlas hay que tener tanta paciencia como valor cívico para enfrentar las consecuencias de la mala voluntad de quienes detentan el poder, sea en el gobierno, sea en las grandes empresas, sea en las instituciones privadas. Y si es difícil el acceso a la información, más lo es el hecho de opinar sin temores ni cortapisas.

La historia de las últimas décadas en nuestro país y también en casi toda Latinoamérica, nos muestra que esta independencia de criterio ha valido al periodismo la cárcel, la bomba, la agresión física, la clausura o la persecución económica.

Este cuadro de situación era sabido cuando el primer número de Crónica salió a la calle. Era un riesgo conocido y aceptado como propio de las reglas de juego que se dan en nuestra profesión. Y así, el 31 de enero de 1962 comenzó lo que muchos consideraron una aventura destinada al fracaso y pocos, muy pocos, vislumbraron como el inicio de una magna obra para un futuro de grandeza. Hoy, a veinte años de distancia, está visto que los augures del fracaso erraron en sus profecías.

Crónica, en poco tiempo, se convirtió en el diario de mayor circulación en las provincias patagónicas -circulación, por lo demás, certificada por el Instituto Verificador de Circulaciones, no por simples declamaciones sin base cierta y su voz pasó a ser la expresión de los sectores populares, como bien se dijo, la voz de los que no tienen voz.

Hoy se ve en Crónica el arma que el hombre del pueblo tiene para defender sus derechos, para hacerse valer, para combatir las injusticias, para impulsar las obras de bien común. Ello no quiere decir que la mira de Crónica esté puesta únicamente en la defensa de un sector o de una parcialidad, sea más o menos extensa o importante.

Crónica estuvo y estará siempre al servicio del pueblo, de todo el pueblo, sin exclusiones ni preferencias. Y el pueblo somos todos: los obreros y los rentistas, los grandes empresarios y los changarines, los civiles y los militares. Esta suma de individualidades es la que diariamente con su esfuerzo silencioso hace Patria desde esta bendita Patagonia. Ese es el pueblo al que servimos y al que Crónica se debe.

Hoy este nuevo aniversario lo cumplimos en un nuevo y monumental edificio y el diario se compone con las más sofisticadas tecnologías en la que no faltan los equipos electrónicos, las microcomputadoras y los sistemas de impresión más avanzados del país. Pero lo que se ha mantenido como una constante indestructible es el espíritu que guió a sus periodistas en el número inicial y sigue hoy alumbrando su derrotero.

Esa llama de la verdad que ilumina cada edición de Crónica, esa apasionada defensa de los intereses populares, esa valla insobornable contra los excesos del poder, esa independencia de criterio para expresar nuestra opinión en cualquier momento y ante cualquier circunstancia, esa vocación de servicio puesta a disposición del deporte, el arte o la cultura, ese complejo de voluntades que conforma el equipo humano del diario, es lo que ha hecho de Crónica la máxima expresión del periodismo patagónico para orgullo nuestro y de la comunidad a la que servimos.

 

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