2022-02-28

Una mirada interna

“La injusticia consiste a menudo en no hacer, y no solamente en hacer”

La frase del título pertenece a Marco Aurelio

 

En la complejísima realidad que nuestros pasos deben transitar a diario, con más sombras que luces, con más desesperanzas que esperanzas, y con más incertidumbres que certezas, el agobio existencial instala sus dominios.
Las sórdidas bases en las que se asienta el edifico social le otorga sus características determinantes.
La vulgaridad, exhibida como condecoración que parecería enorgullecer a quien la ostenta, sin cansarse de dar muestra de ella en todas las ocasiones posibles, se extiende a pasos agigantados.
La aceptación, como moneda corriente, de la hipocresía, el servilismo y la mentira en todas sus formas, nos ha convertido en rumiadores constantes de penurias conocidas, acrecentadas, siempre potenciadas, pero nunca resueltas, dándonos esa resignación crónica para tolerar la desgracia de soportar la degradación social permanente como un estigma clavado en el corazón comunitario, aunque siempre festejado por una fanfarria de miserables que hacen uso de su condición de tal.
Las más variadas y cada vez menos sorprendentes formas de degeneración social transitan el panorama diario como un desfile de la deplorable condición en la que, como en suelos pantanosos, nos vamos hundiendo irremisiblemente.
Será por todo eso que somos constantemente sacudidos por los ramalazos de los desvaríos y las insensateces.
El pueblo está famélico, entre otras cosas, de hechos concretos que permita abrigar la esperanza de un cambio radical que lo incluya y lo transforme en hacedor de un futuro digno, en constructor de su propia historia, que lo motive a empujar -entre todos- del pesado carro social con el menor esfuerzo posible, obteniendo los mayores beneficios a ser usufructuados por la totalidad del pueblo como retribución al esfuerzo real y comprobado de cada uno y cada quién… Que en la mezcla de emociones cotidianas el mayor porcentaje lo constituya todo aquello que potencie la armonía y el bienestar… Que las palabras y los hechos justos y comprobables conformen el brebaje comunitario que calme la sed de justicia que -a estas alturas- resuena como un grito social inapelable…
Los estragos irreparables causados a la sociedad, salen a escena en el devenir comunitario de la misma forma en que la basura, siendo arrojada al mar, es devuelta hacia la costa.
Absurdidad de haceres, disparates de decires, demenciales contradicciones, van abonando el panorama diario preanunciando la cosecha de los “nutrientes” que se obtendrán de la misma.
Joseph Campbell afirmaba: “Alcanzamos el último peldaño de la escalera y descubrimos que está apoyada contra la pared equivocada”.
Daría la impresión que vamos apoyando la escalera social contra la pared equivocada, una y otra vez, endilgándole la culpa a la pared... Mientras tanto, continuamos luchando contra los mismos gigantes a que hacía referencia Don Quijote: “la injusticia, el miedo, la ignorancia…”.
Por suerte, podemos encontrar en el pensamiento de Rudyard Kipling un soporte anímico y emocional para enfrentar cada día…: “Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir, cuando ofrezca tu camino solo cuestas que subir, cuando tengas poco haber pero mucho que pagar, y precises sonreír aun teniendo que llorar, cuando el dolor te agobie y no puedas ya sufrir, descansar acaso debes, pero nunca desistir.”

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