Desde ayer la ciudad cuenta con su segundo cinerario
Dentro de las nuevas decisiones que ha obligado o que surgen por el tiempo de pandemia, la Iglesia se abre a un encuentro especial con la comunidad en general y dentro de ese marco, la parroquia Nuestra Señora de Fátima inauguró ayer su cinerario que si bien estará disponible para todos, pretende ser un espacio especialmente para las parroquias de la zona norte de la ciudad.
Luego que la cremación dejara de ser un rito pagano para la Iglesia, desde el año 1963 -cuando se levantó la prohibición que impedía a los católicos optar por la cremación- se han multiplicado las diócesis de todo el mundo que han aceptado los cinerarios en las parroquias pero en nuestra ciudad, hasta el momento solo existía uno, el de la parroquia de Luján.
Con esta nueva opción, y despejadas las dudas respecto a la prohibición que existía para que un católico opte por la incineración, la parroquia Nuestra Señora de Fátima -del barrio Don Bosco- se convirtió en el segundo espacio con el que contará Comodoro para depositar las cenizas de personas fallecidas y posteriormente cremadas.
Calificado el cinerario como “un lugar de consuelo, un lugar de oración y de encuentro con el Señor”, el espacio surge quizás evocando antiguas costumbres cuando en torno a las iglesias se creaban los “camposantos” pero, y de acuerdo a lo que se vive en el mundo en el marco de una pandemia, se instala como una necesidad real de la sociedad.
Ante esta situación, se reiteró nuevamente que la Iglesia “no prohibe la cremación” por lo que quien opte por la cremación no incurre en ninguna falta ni se aleja de la fe de la Iglesia y no se afecta la suerte eterna de quien es reducido a cenizas.
Finalmente, lo que se aclara es que con el cinerario, se pretende ofrecer un espacio donde se dé un trato digno a las cenizas de una persona, pese a que la Iglesia “aconseja vivamente” que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos.