2021-03-14

Narciso... la otra historia

Si bien desde siempre “el lustrabotas” de Comodoro Rivadavia fue reconocido como uno de los personajes de la ciudad, lo cierto es que desde mayo de 2005 –cuando falleció en su pequeño ranchito al pie del Chenque, en proximidades de Sarmiento y Pellegrini-, Narciso se convirtió en un mito urbano de la ciudad petrolera.


Desde entonces, o quizás desde mucho antes, se tejieron mil historias sobre quién era Narciso Esponda, por qué concluyó prácticamente en la calle o por qué eligió vivir de esa manera, qué sucedió con su familia o cuál sería su visión sobre la ciudad, sobre quienes transitaban a su lado –muchos sin verlo siquiera- o qué lugares viajaba con su mente mientras miraba televisión frente a alguna vidriera, acomodado sobre su cajoncito lustrín y con su inseparable casco petrolero, abollado y mal tratado, pero suyo.

[caption id="attachment_708956" align="alignnone" width="1080"] Mariano, fue otro de los hermanos de Narcico, quien llevó el apellido Boccazzi.[/caption]

Al conocerse el fallecimiento de Narciso, una retro “limpió” el lugar en el que vivía y allí, quizás, terminó de desaparecer la otra parte de su historia, aquella que podía rescatar padres, abuelos, hermanos, sobrinos o de qué lugar del país vasco llegó la primigenia familia del personaje… solo quedaron dos de sus históricas pertenencias: el cajoncito y su casco, aquel que le dio la pertenencia petrolera.

[caption id="attachment_708955" align="alignnone" width="1080"] Fernando Esponda, sobrino de Narciso (en la foto, junto a sus hijos), es quien intenta recuperar cada pequeño retazo de esa historia de familia de Narciso.[/caption]

La familia


Pero “un día”, tal cual podría comenzar un cuento que traslada al lector a otro tiempo y espacio, la historia de su historia tomó cuerpo a través de datos, fotos y documentos familiares con los que Narciso Esponda, a pesar de su ausencia -sin dejar de estar presente-, arroja nueva luz sobre un destino que comenzó a forjarse en el valle de Erro Zilbeti Lintzoain, Navarra, en el noroeste de España.

[caption id="attachment_708954" align="alignnone" width="1080"] Certificado de matrimonio de los abuelos de Narciso: María Magdalena Errea y MQQanuel Esponda. Data del año 1899.[/caption]

Desde ese pequeño poblado del viejo continente, comienzan a recuperarse documentos que certifican el matrimonio de María Magdalena Errea y Manuel Esponda –en el año 1899-, los abuelos de Narciso y allí comienza la primer parte de la azarosa vida de nuestro recordado lustrabotas y permite conocer algo más sobre sus padres, sus hermanos nacidos en Comodoro y en Valle Huemules, una serie de adopciones que separaron a los pequeños cuando eran muy niños y un reencuentro con la historia familiar que aún continúa.

Fernando Esponda, sobrino de Narciso, es quien intenta recuperar cada pequeño retazo de esa historia de familia y va conociendo detalles que comparte con Crónica como para “aportar algo más sobre un hombre que se transformó en parte de Comodoro Rivadavia y que desde la calle, desde su cajón, desde su deambular silencioso, supo ganarse un lugarcito en el interés de mucha gente”, señala.

El padre de Fernando es Eusebio Esponda hermano de Narciso, nacido en 1943 en Valle Huemules –inscripto en Lago Blanco- y quien tiene testigos de su nacimiento a Alberto Brunialtti, cuñado del también conocido Francisco –el Bebe- Cunningham.

[caption id="attachment_708958" align="alignnone" width="1080"] Eusebio Esponda -hermano de Narciso-, nacido en 1943 en Valle Huemules pero inscripto en Lago Blanco.[/caption]

Además de Eusebio y Narciso la familia –Eusebio Esponda (padre) e Ignacia Vallejos- contaba con al menos otro tres hijos: Mariano –quien llevó el apellido Boccazzi-, Marta e Inés, todos quienes partieron hacia diferentes regiones del país, adoptados por distintas familias, sin conocer su verdadera rama familiar, algunos hasta los 40 años, cuando recién supieron de sus adopciones.

La historia continúa y Fernando, sobrino de Narciso, está dispuesto a seguir reconstruyendo un árbol familiar al que le faltaban varias ramas pero que, de a poco y conociendo las vivencias de algunos de sus integrantes casi perdidas en el tiempo, va logrando armarlo para su propio conocimiento y para dejárselo a sus hijos.


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