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Barrios de Comodoro: Las 1008 viviendas

viernes 14 de octubre de 2022
Barrios de Comodoro: Las 1008 viviendas
El escándalo envuelve la construcción de las 1008 viviendas. A principios de los 80, se retoman los trabajos. Foto: Archivo de Crónica
El escándalo envuelve la construcción de las 1008 viviendas. A principios de los 80, se retoman los trabajos. Foto: Archivo de Crónica

El barrio 30 de Octubre o ‘de las 1008’ nunca tuvo esa cantidad de viviendas, sino 1.140 viviendas distribuidas en nueve sectores de diez y once edificios, unidos de a dos con doce viviendas por escalera, haciendo un total de 106 edificios. En el 2000 residirán allí, en menos de tres hectáreas, más de 7.500 personas.

Un proyecto que nadie quiere

Este plan de viviendas es el segundo que el Instituto Provincial de la Vivienda ejecuta en Comodoro Rivadavia. El proyecto es originario de España, ideado para erradicar las 'chabolas' o villas miserias; diversas organizaciones se oponen a la construcción de este tipo de complejo porque no aseguraba la calidad de vida de las personas y se desestima su construcción.

Sin embargo, el organismo argentino decide implementarlos en el país y se elige a Comodoro Rivadavia y a Ushuaia como prueba piloto. Finalmente, se construye solo en estas ciudades.

La construcción se inicia en el último período del gobierno militar –1976/1982-, y las viviendas se terminan en plena democracia.

En Comodoro Rivadavia, además de este complejo, y a cargo de la misma empresa, se construye el barrio militar ubicado en avenida Alsina y Sarmiento.

Se trata de viviendas económicas, construidas con paneles abulonados, sin conexión -salvo el palier- entre las dos alas de cada edificio. Las redes de agua y cloacas, y el techo también son de material de bajo costo.

Los departamentos se entregan por etapas, la primera en abril de 1983, la segunda a fin de año y, en 1984, el resto. El proyecto original de 1.008 viviendas incluye la construcción de un Jardín Maternal, que se desestima para ocupar el terreno con un nuevo sector de viviendas dada la gran demanda presentada por la gente de la ciudad.

El barrio tiene finalmente 1.140 departamentos y nunca fue inaugurado oficialmente.

Foto: Archivo de Crónica

 

El costo de lo barato

Doña Guillermina González, una vecina del barrio, recordará años después que “a mí me tocó planta baja, la misma persona que me entregó la llave me dijo que iba a tener problemas, porque siempre el de arriba perjudica al de abajo; tanto con los ruidos como con las roturas, seguro que se rompe el baño, me dijo, y parece que ya lo tenían previsto porque con el tiempo me pasó, estoy con ese problema desde hace más de dos años” (1).

Los materiales de construcción, de bajo costo, al poco tiempo cumplen su vida útil, los problemas son de adentro y de afuera.

Las complicaciones que tiene Guillermina se multiplican como tantos vecinos tiene el barrio, además de las filtraciones y rasgaduras en la mayoría de los edificios.

La difícil convivencia entre los vecinos motiva, algunos años después, la instalación de un equipo de policías comunitarios, “atendemos lo que nos compete y lo que no nos corresponde porque alguien lo tiene que hacer, la gente recurre a nosotros, estamos para atender cuestiones de seguridad, pero viene el vecino a quejarse porque el de arriba golpea y no lo deja dormir, por dar un ejemplo, hablamos con los dos y tratamos que ellos lleguen a un acuerdo; o por el perro del vecino ladra toda la noche”, dirá con preocupación una de las integrantes del equipo policial.

Pero no es lo único, “también atendemos muchos casos de violencia familiar, contra mujeres y niños, generalmente nos avisan cuando el hecho sucedió, nos preguntan qué pueden hacer, la gente no sabe de las instituciones a la que pueden acudir”.

Remar contra la corriente

Cuando finaliza la entrega de viviendas surge una comisión de vecinos que organiza la Asociación Vecinal. La reunión se realiza el 13 de febrero de 1985, y por consenso general el barrio fue denominado “30 de Octubre”, día y mes que, en 1982, el país retorna a la democracia.

Este grupo de vecinos, además de bregar para que se terminen las obras que, supuestamente, incluye el complejo, es también la receptora, y muchas veces árbitro, de los problemas de convivencia entre los vecinos. También es el canalizador de los reclamos ante el gobierno de la provincia, instituto de la vivienda o gobierno municipal.

La estructura de estos edificios se deteriora al poco tiempo. Los vecinos son trasladados a otro barrio del I.P.V. Tiempo después se reconstruyen para dar vivienda a familias de veteranos de guerra. Foto: Archivo de Crónica.

 

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Veteranos de guerra en edificios destruidos

En 1989, el Centro de Veteranos de Guerra plantea al gobierno de la provincia la necesidad de vivienda que muchos de ellos tienen “empezamos con las gestiones y entre propuestas y contrapropuestas surge la posibilidad de ocupar estos dos edificios que estaban abandonados, pero eso representaba un enorme desafío para el mismo gobierno dadas las condiciones en que se encontraban”, recordará Sartori uno de los referentes de la entidad.

Los edificios en cuestión fueron los primeros que se entregaron, los mismos que al poco tiempo “se partieron, a la gente que vivía acá las reubicaron en las 1313; estuvieron unos cinco años abandonados, a los defectos del edificio se sumó el vandalismo, en ese momento era irrisorio el planteo de que nos dieran estas viviendas, pero bueno... ahí se inició otro vía crucis para que las arreglaran, estaba todo destruido, eran taperas”, dirá el veterano que en el 2000, junto a otras familias lograron hacer un cálido y confortable rincón, con parque infantil incluido.

 

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Extraído del libro "Crónicas del Centenario" editado por Diario Crónica en febrero de 2001.

 
(1) Crónica. 16 de abril de 2000.
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