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Recuerdos de la vida Ferroviaria desde el corazón de Km 5

miércoles 23 de febrero de 2022
Recuerdos de la vida Ferroviaria desde el corazón de Km 5
Obreros trabajando, en vagón de carga y caldera.
Obreros trabajando, en vagón de carga y caldera.

Impulsor de la economía local y regional, el ferrocarril cumplió un gran papel que forjó las bases de Comodoro Rivadavia. El barrio Presidente Ortiz, que este mes cumplió sus 116 años, es testigo. Raquel Torres, Margarita Quintero e Ítala Condina, integrantes de la Asociación de Rescate Histórico Detrás del Puente, reunidas en la plaza de la exestación Talleres, dialogaron con Crónica sobre anécdotas y memorias de la querida vida ferroviaria. 

El pueblo de Km 5 nace porque su muelle era el que desembarcaba todo el material que estaba destinado para el tendido del ramal ferroviario. Más adelante, se realizaron importantes movimientos de carga y descarga, mercadería que luego distribuía el ferrocarril. “En ese momento trabajaban muchos trabajadores extranjeros porque eran los que se habían asentado aquí en el pueblo… porque en ese momento era un pueblo”, remarcó Margarita Quintero dando cuenta el desarrollo del lugar.

De izquierda a derecha, coche motor Ganz y Drewry.


También agregó que YPF utilizó el muelle para traer su material de producción para la extracción del petróleo. De esta manera, el movimiento de la producción de ese tiempo, se manejaba desde allí. “Empieza el tendido con los obreros mayoritariamente “gringos” como se le decía en ese momento y después se acoplan los norteños. Porque existía en ese tiempo un sistema de contratación como una especie de minga: iba gente de YPF al norte y se plantaban en una plaza, y decían ´quien quiere ir a trabajar al sur´, y la mayoría de los jóvenes, que no tenían trabajo en el norte se venían a trabajar acá”. describió Margarita.
Fue así que, con muchas esperanzas y con el correr  del tiempo, aquellos inmigrantes y norteños lograron un buen futuro y al tener un trabajo, “formaron sus familias o las que tenían familias en el norte las trajeron para acá”. De esta manera, fueron parte de los primeros vecinos que se asentaron en el barrio.

Margarita también comentó su experiencia como trabajadora en la Compañía “Yo trabajé en el ferrocarril en el servicio médico. La verdad que a mí me causó mucha alegría,  porque permanecer a una empresa como Ferrocarriles no era poco en ese tiempo, que ya prácticamente no se tomaban empleados. Los aprendices para conductores o maquinistas ya no se tomaba. Sí operarios para lo que era el servicio de mantenimiento en los galpones del ferrocarril. Pero bueno, hubo una vacante ahí en el servicio, porque la señora que trabajaba era extranjera y en ese tiempo si no se nacionalizaban no podía seguir trabajando. Ella renunció, quedó la vacante, se hizo un concurso y lo gané”.

Por su parte, Ítala Condina, compartió la historia de su padre que era ferroviario y trabajaba en vías y obras, como albañil. “Vino en el año 48 él solito, ya estaba casado y habían nacido mis tres hermanos. Vino de Italia, se solía acostumbrar esto de que primero se adelantaba el hombre como para conseguir trabajo y un lugarcito donde vivir. Después venía la familia. Así fue, que en enero del año 1950 vino mi mamá con mis hermanos, y a papá le habían dado una casita de las que había en ese momento, no estaban construidas todavía las casas de material. Eran casitas de chapa, en la primera cuadra del barrio. Toda la fila de esta calle”, dijo Ítala señalando hacia su costado. “Y bueno en el reencuentro aparecí yo” agregó entre risas.

“Era un servicio barato y puntual, no fallaba nunca en los horarios”

Raquel Torres, compartió su experiencia como usuaria del autovía. “Yo trabajaba así que me movilizaba con eso. Al tener los horarios de comercio, teníamos un abono que te daba la posibilidad de pagar por el mes. Era un lindo lugar de encuentro, tanto esta estación Talleres, como la estación que tenemos en el centro. Era un vehículo  que nos movilizaba a todo el 5. Además, la gente de Astra y de los demás barrios, venían a la Anónima”, dijo señalando al frente suyo.


Vale mencionar, que la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de Patagonia, fue una de las entidades financieras y comerciales más importantes de la Patagonia. Con el descubrimiento del petróleo y el crecimiento inmediato de la población, abrió sucursales en los distintos campamentos petroleros, alejados del centro de Comodoro. En el año 1965, cerró definitivamente sus puertas. “Tenía de todo, desde telas y calzado, hasta comida y cubiertas para autos”.


Asimismo, se refirieron a los nombres particulares con los que etiquetaban a los medios de transporte y coches de autovía. “Chanchita, cucaracha, autovía… los ferroviarios le ponían unos nombres muy graciosos. La cucaracha era de madera, y se hacía acá en los talleres que nosotros recuperamos”. Como dijo Raquel, estos coches fueron construidos en los Talleres de Km. 5 con madera de cedro machimbrada y Motores Ford de la época y ruedas fundidas en los talleres de Petroquímica e YPF. Funcionaban a nafta común y gas butano. “La gente que le iba a ser las reparaciones le decían la zorrita”, dijo Raquel con un tono chistoso. 

    
Por otro lado, estaba el coche motor Ganz. Eran dos coches que realizaban la línea hasta Sarmiento en el día, demorando en su recorrido desde la Estación Central hasta la Estación Terminal, 4 horas aproximadamente. Alcanzaban una velocidad de 100 km/h, en rectas. Estas unidades trasladaban pasajeros y carga liviana como verdura, leche y carne, que era esperada ansiosamente por los vecinos. “El más grande era el Ganz que iba hasta Sarmiento, ese salía a las 6 y media de la mañana y traía todo fresco. Incluso mi abuelo que era verdulero, le traían la verdura de allá y salía con un carrito a vender, por esta zona”, recordó Raquel. 

Por su parte, Margarita, trajo a la conversación una anécdota que siempre contaba un vecino conductor, Andrés Varas. Cuando le tocaba el turno de mañana, generalmente ocho menos diez, salía el autovía de la Estación Talleres para llegar a las ocho y cinco al centro. “Y como todos se conocían al ser gente del barrio, si faltaba a llegar un pasajero, decía: ´Esperamos 5 minutos hasta que llegue fulanito porque seguro se durmió´. De repente se veía al tal fulanito corriendo para subirse a la autovía e irse a trabajar. Así era que lo esperaban”.

La estación de Km 5 se llama Estación Talleres, justamente porque allí se encontraban los talleres del ferrocarril donde se fabricaban las piezas, se arreglaban las máquinas y se guardaban los coches a la noche. “Uno era marca Drewry, que es el que conocemos como la chanchita” recordó Ítala. El mismo, realizaba en sus comienzos el trayecto entre la Estación Central y Escalante. Más tarde cambió su recorrido. Un coche partía desde Comodoro Rivadavia pasando por Estación Talleres, Empalme Astra y Km. 27 y el otro, con una diferencia de entre 15 y 20 minutos, salía desde Comodoro a Estación Talleres, Empalme Astra, Km. 8. regresando a Km. 11 y de allí hacia Astra. Estos coches contaban con un motor diesel de 6 cilindros, más chicos que el Ganz.

Entre tantas memorias que surgieron en la charla, fue inevitable el recuerdo que tuvo Raquel de un querido ferroviario y vecino del barrio. “Yo tengo la anécdota Don Carrizo. Él decía que cuando llegaba a Sarmiento, había un perrito. De alguna manera, el perrito sabía que llegaba Don Víctor Carrizo, e iba corriendo a la par de la autovía hasta la estación. Cada vez que regresaba, yo me sentaba a su lado y lo escuchaba; decía que era un soldado chamamé, será por que era catamarqueño”, recordó Raquel entre risas. 

Finalmente por decreto nacional en 1977 se dispuso la clausura del ramal Sarmiento - Comodoro Rivadavia del ferrocarril, y al año siguiente, se cerró definitivamente el servicio de autovía. Así, con el pasar del tiempo fueron quedando atrás las anécdotas y vivencias ligadas a la vida ferroviaria. 

Un 7 de mayo del 2007 se organizó una Asamblea en la parroquia Nuestra Señora del Valle, en la que se formó la primera comisión de la Asociación de Rescate Histórico Detrás del Puente con el objetivo de recuperar ese patrimonio histórico y cultural del barrio. “Seguimos hace 15 años juntos, luchando por todo lo poquito que quedó del ferrocarril y lo menos que quedó de YPF” afirmó Raquel. 

Con información del libro “Entre Rieles Patagónicos” de Liliana Esther Peralta y María Laura Morón. 
Epígrafes:
(foto: Ganz y Drewry)
– Fototeca (foto: estación talleres)
– fototeca (foto: obreros trabajando)

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