2026-10-25

Trelew

Waldo Griffiths recibió la Corona del Poeta en el Eisteddfod del Chubut

El escritor trelewense obtuvo una de las principales distinciones del tradicional encuentro cultural con su obra “1899”, presentada bajo el seudónimo “Gelert”. La ceremonia se desarrolló en el Salón Cincuentenario de la Asociación San David, donde se reconoció al mejor poema en castellano de estilo libre.

El escritor y profesional trelewense Waldo Griffiths fue distinguido con la Corona del Poeta durante la última sesión del Eisteddfod del Chubut, una de las celebraciones culturales más representativas de la comunidad galesa de la provincia. El reconocimiento fue otorgado por su poema “1899”, presentado bajo el seudónimo “Gelert”.

La ceremonia se desarrolló el sábado por la noche en el Salón Cincuentenario de la Asociación San David, en Trelew, ante una importante concurrencia de participantes y público que acompañó la instancia final del encuentro.

La distinción, otorgada por la Municipalidad de Trelew, reconoce al autor del mejor poema escrito en idioma castellano y de estilo libre. Se trata de uno de los momentos centrales del Eisteddfod, una celebración que mantiene vigente la tradición literaria, musical y artística vinculada con la historia de la colonización galesa en Chubut.

Una obra inspirada en la historia del Valle

Griffiths obtuvo el reconocimiento con “1899”, una composición que reconstruye, desde una mirada poética, la experiencia de una inundación y sus consecuencias sobre una familia del Valle.

A través de imágenes relacionadas con el avance del río, la pérdida del hogar y la reconstrucción, el texto presenta una historia atravesada por la adversidad y la permanencia en el territorio.

1899

El río no avisó. Vino de noche,
despacio, como quien vuelve a lo que era,
y entró en la casa sin pedir permiso,
por donde entraba el frío: por la puerta.

Las paredes, de barro, lo sabían:
se ablandaron sin queja y sin sorpresa,
y la casa, sin ruido, volvió a ser
un poco de terra sobre la tierra.

Ella subió a la loma con su hijo
y desde arriba vio pasar la mesa,
el libro de tapas negras, abierto,
y el agua lo leía en otra lengua.

Todo el valle era un río sin orillas,
con techos asomando como piedras,
y una puerta cerrada que pasaba
sin casa, y todavía siendo puerta.

Después el río se acordó del mar
y se fue por donde vino. Quedó ella.
Otros bajaron al puerto, a otro barco.
Ella clavó en el barro una madera.
La puerta la encontraron en un sauce,
cerrada, igual que cuando estaba puesta.

La colgaron primero, antes que el techo:
una puerta sin casa. Pero abierta.

Gelert

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