El Papa en la Unesco: la vida es un don, no una mercancía
El Pontífice denuncia las formas de despotismo o barbarie de esta época, así como la «deshumanización» de la persona y la humanización de las máquinas.
En el marco de su visita oficial a París, el Papa León XIV encabezó un encuentro en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), donde pronunció un discurso centrado en la construcción de la paz, la defensa de los sectores vulnerables y la necesidad de aplicar criterios éticos al desarrollo tecnológico. Se trató de la primera visita pontificia a dicha institución en el presente milenio, tras el antecedente de Juan Pablo II en 1980.
Durante su intervención ante representantes académicos, diplomáticos y de la sociedad civil, el Pontífice sostuvo que la existencia humana no debe ser concebida como un producto sujeto al mercado, sino como un don y una responsabilidad colectiva.
En ese sentido, enfatizó que la fraternidad nace de reconocer la condición de indigencia y vulnerabilidad original de cada persona, advirtiendo sobre la deshumanización de la persona en contextos donde los criterios de eficiencia desplazan a la dignidad.
Cuestionamientos a la guerra y las nuevas tecnologías
Al abordar los conflictos armados contemporáneos, el líder de la Iglesia Católica calificó a la guerra como la más terrible de las obras humanas, señalando que la ciencia se degrada cuando se pone al servicio de la destrucción y la muerte.
Asimismo, dedicó un tramo central de su alocución al impacto de la inteligencia artificial, instando a que los sistemas informáticos permanezcan al servicio del ser humano y no se transformen en herramientas de dominio o exclusión social.
En relación con el contexto digital, solicitó la implementación de medidas para proteger a la infancia y a la juventud frente a la explotación y la proliferación de noticias falsas.
Para ejemplificar los modelos de convivencia global, el Pontífice contrapuso la imagen bíblica de la Torre de Babel —asociada al dominio y al colonialismo financiero— con la plaza de Pentecostés, orientada a la unidad en la diversidad y el respeto por las culturas.
Encuentro institucional y mensaje final
Previo a su disertación en la Sala I, el Pontífice mantuvo una reunión bilateral con el director general del organismo, Khaled El-Enany, regó un olivo en la Plaza de la Tolerancia como gesto simbólico y firmó el Libro de Honor.
De acuerdo con los registros del evento, el Papa concluyó su mensaje con un llamado a renovar la confianza en las instituciones internacionales para superar las crisis de eficacia mediante un diálogo sincero entre las naciones.