2026-08-27

EFEMÉRIDES

Dos oros para romper 52 años de espera: el día que Argentina volvió a tocar el cielo olímpico

El 28 de agosto de 2004 quedó grabado para siempre en la memoria del deporte argentino.

En Atenas, la Selección de fútbol y la Generación Dorada del básquet conquistaron dos medallas de oro en un mismo día y pusieron fin a una sequía olímpica de 52 años.

Entre ambas celebraciones también hubo lugar para otro podio: Carlos Espínola y Santiago Lange se colgaron el bronce en vela.

 

Una madrugada que terminó en oro

Todavía no había amanecido en la Argentina cuando millones de personas se pegaron al televisor. A las 4 de la mañana, la Selección dirigida por Marcelo Bielsa enfrentaba a Paraguay por la final olímpica.

El equipo llegaba invicto y como gran candidato después de una campaña perfecta. Había goleado 6-0 a Serbia y Montenegro, superado 2-0 a Túnez y derrotado 1-0 a Australia. En los cuartos de final había aplastado 4-0 a Costa Rica y luego dejó en el camino a Italia con un contundente 3-0.

Ante Paraguay fue diferente. Un partido cerrado, de esos que se juegan con los dientes apretados, terminó con victoria argentina por 1-0. El oro era realidad.

Y no era un oro más. Argentina volvía a conquistar una medalla dorada olímpica después de 52 años. La última había llegado en Helsinki 1952, cuando Enrique Capozzo y Eduardo Guerrero se consagraron en remo doble par. Además, el fútbol conseguía por primera vez el máximo premio olímpico.

 

La vela también tuvo su lugar

La jornada todavía tenía capítulos por escribir. Horas después, Carlos Espínola y Santiago Lange consiguieron la medalla de bronce en la Clase Tornado.

Para Espínola significó convertirse en el primer deportista argentino en alcanzar tres medallas olímpicas, después de las dos platas obtenidas en Atlanta 1996 y Sydney 2000.

Para Lange, en cambio, aquel podio era apenas el comienzo de una historia extraordinaria. Volvería a ganar el bronce en Beijing 2008 y, años más tarde, alcanzaría la gloria máxima en Río 2016 junto a Cecilia Carranza, con el oro en la categoría Nacra 17. Pero en Atenas todavía faltaba el plato fuerte.

 

La Generación Dorada y una revancha inolvidable

Por la tarde, la Generación Dorada del básquet argentino salió a jugar por algo más que una medalla. Enfrente estaba Italia, el mismo rival que le había ganado por apenas un punto durante la fase de grupos. Pero aquella tarde fue distinta.

El equipo dirigido por Rubén Magnano venía de protagonizar una de las grandes hazañas del torneo: había derrotado 89-81 a Estados Unidos en semifinales, dejando afuera a un seleccionado repleto de figuras de la NBA.

En la final, Argentina no dejó lugar para las dudas. Ganó 84-69 y se convirtió en campeón olímpico.

Aquel torneo quedó lleno de imágenes que todavía sobreviven en la memoria: la palomita de Emanuel Ginóbili ante Serbia y Montenegro, los bombazos de Pero Cameron, la volcada de Andrés Nocioni sobre Yao Ming, la aparición de Walter Herrmann ante Grecia y aquella inolvidable secuencia frente al Dream Team, con el pase de faja de Hugo Sconochini y la recepción a una mano de Alejandro Montecchia.

Y en la final, el remate de Luis Scola, tras la asistencia de Pepe Sánchez, terminó de sellar una historia que ya era inolvidable.

Ese 28 de agosto de 2004, Argentina volvió a sentirse olímpicamente dorada. Dos oros y un bronce en un solo día, después de 52 años de espera. Una jornada que convirtió a Atenas en uno de los lugares más felices que recuerde el deporte argentino.

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