Fútbol
Que el silencio no gane más luchas
Este miércoles, la ciudad comodorense despertó con la ingrata novedad del fallecimiento de Ezequiel Sánchez, un chico de 19 años, integrante del plantel de Reserva y Primera División de Rada Tilly. Un sacudón que obliga a repensar dónde nos ubicamos para aprender y saber escuchar esos silencios que gritan luchas casi invisibles.
La pérdida de un ser duele, pero revuelve las tripas más fuerte cuando se trata de alguien de apenas 19 años. No existen palabras suficientes para explicar y aceptar lo sucedido.
Nos queda entender que detrás de cada camiseta, de cada entrenamiento y de cada sonrisa compartida en un vestuario, hay una persona que muchas veces carga luchas invisibles, que son las más duras, las más peligrosas.
El deporte en general y el fútbol en particular, enseña sobre compañerismo, esfuerzo y trabajo en equipo. Pero también tendría que recordarnos la importancia de estar atentos a ciertos mensajes a escuchar más allá de las palabras y de entender que nadie está exento de atravesar momentos oscuros. Pasó miles de veces que, quienes más sonríen son quienes más necesitan ser escuchados.
La salud mental sigue siendo un tema del que cuesta hablar. Muchas personas sufren en silencio por miedo, vergüenza o simplemente porque sienten que nadie va a comprenderlas. Y en los ámbitos deportivos, donde suele valorarse la fortaleza y la resistencia, expresar dolor emocional todavía representa un desafío para muchos jóvenes. Hay que hablar.
Esta tragedia deja una reflexión urgente: prestar atención a las señales, acompañar sin juzgar y entender que un mensaje, una charla o un abrazo pueden marcar una diferencia enorme.
Que el preguntar “¿Cómo estás?” no sea sólo un hábito de saludo, sino escuchar de verdad la respuesta. Ningún problema cotidiano es más importante que la vida de una persona. Por eso hoy el fútbol llora, abraza y también debe aprender.
Aprender que cuidar la salud mental es tan importante como cuidar el cuerpo. Aprender que pedir ayuda no es una debilidad. Y aprender, sobre todo, que nadie debería sentirse solo en sus peores momentos.
El mejor homenaje será construir espacios más humanos, más empáticos y más atentos al dolor ajeno. Porque detrás de cada jugador hay un hijo, un amigo, un compañero y una historia que merece ser acompañada.
Hablar es el primer paso y escuchar es el siguiente, para continuar mirando a los ojos a quienes logran salir de un laberinto que nunca debe ser motivo de un final indeseado.