Milei archiva la batalla ideológica con China para salvar las reservas
El pragmatismo económico parece estar ganándole la pulseada a la rigidez ideológica en la gestión de La Libertad Avanza. El presidente del Banco Central (BCRA), Santiago Bausili, confirmó de manera oficial que el objetivo prioritario del Gobierno argentino es extender el acuerdo del swap de monedas con China manteniendo exactamente las mismas condiciones vigentes.
Este giro discursivo y estratégico expone una marcada contradicción con las promesas de campaña de Javier Milei, quien había asegurado de forma tajante que no realizaría "pactos con comunistas". Sin embargo, tras los recientes acercamientos diplomáticos y la visita de Donald Trump, la estrategia geopolítica de la Casa Rosada parece haberse amoldado a una partitura dictada desde Washington: mantener los canales abiertos y la estabilidad cambiaria sin romper los puentes financieros que sostienen las reservas.
El swap, el FMI y el cepo corporativo
En un hilo de declaraciones que marcan la hoja de ruta financiera para los próximos meses, el titular de la autoridad monetaria no solo llevó calma respecto al frente de Beijing, sino que también precisó el estado de las negociaciones con los organismos multilaterales y los controles cambiarios:
Bausili desactivó las alertas sobre un posible vencimiento hostil del swap. La intención oficial es una prórroga lisa y llana para evitar un fogonazo que presione sobre las reservas netas del BCRA.
El funcionario se mostró optimista respecto al cumplimiento de las metas del programa vigente con el Fondo Monetario Internacional, asegurando que los números técnicos respaldan la aprobación de la segunda revisión.
Para quienes esperaban una apertura inmediata de los controles, Bausili fue categórico al descartar el levantamiento a corto plazo de las restricciones para la compra de dólares destinados a empresas. El acceso a las divisas seguirá cuentagotas para garantizar la estabilidad del Mercado Único y Libre de Cambios (MULC).
La necesidad de divisas y el peso de los vencimientos soberanos obligaron al Palacio de Hacienda a recalcular su política exterior, demostrando que la sintonía con los Estados Unidos también implica administrar con realismo las dependencias financieras heredadas.