Milagros Barría: el triunfo de la voluntad en las aulas de la UNPSJB
La estudiante comodorense de 26 años, quien convive con una severa parálisis cerebral que afecta su motricidad y el habla, recibió su título de Técnica en Redacción y Corrección de Textos en la sede de Comodoro Rivadavia. Un logro que corona años de esfuerzo, superación ante los prejuicios y la firme convicción de que las personas con discapacidad deben habitar la universidad pública.
Para comunicarse y dar forma a sus pensamientos, "Milu" se apoya en la tecnología: utiliza una aplicación en su celular que se convierte en el puente para que su mente brillante y sus palabras cobren voz. A través de esa pantalla, expresa que verse a sí misma transitando las aulas de la universidad es una fuente inmensa de orgullo y felicidad. Es la confirmación de que las limitaciones físicas no determinan el destino de una persona: "Me demuestra que aunque existan barreras, también existen posibilidades. Que la discapacidad no define mis sueños ni limita mis capacidades. Que puedo estudiar, crecer, aprender y construir mi futuro", reflexiona, dejando en claro que con el apoyo y las oportunidades adecuadas, los espacios académicos también pertenecen a las personas con discapacidad.
Derribar los prejuicios y las barreras materiales
Sin embargo, llegar a este día de celebración en la sede de Comodoro Rivadavia implicó transitar un camino con espinas. Milagros no oculta que una de las mayores dificultades no estuvo en los libros, sino en la falta de empatía de algunos sectores. Hubo momentos dolorosos, marcados por frases de profesores que cuestionaban su lugar en la educación superior, llegando a escuchar comentarios hirientes como que "la universidad no era una guardería".
A eso se sumó la falta de accesibilidad material y pedagógica, incluso en su actual cursada de la Licenciatura en Comunicación Social. "A veces no se trata de no querer hacer algo, sino de no contar con las herramientas, los tiempos o las adaptaciones necesarias para poder hacerlo en igualdad de condiciones", explica Milagros.
A pesar de esos tragos amargos, destaca que fueron los menos, y contrapone el valor de aquellos docentes abiertos y dispuestos a trabajar codo a codo, haciendo que el aprendizaje sea "más humano".
El desafío cotidiano también se juega en la infraestructura. Los ascensores colmados por personas que no ceden el lugar, los escalones imponentes, los elevadores que fallan o la interminable rampa principal de la universidad -que en el crudo invierno patagónico se vuelve un enemigo invisible- representan el cansancio y la dependencia diaria. Por eso, para ella, el título vale el doble: "No solo tuve que estudiar, rendir y cumplir con las exigencias, sino también enfrentar prejuicios, falta de accesibilidad y situaciones que me hicieron sentir que tenía que esforzarme el doble para demostrar que podía estar ahí".
La comunicación como trinchera y el deporte como superación
Lejos de conformarse con este gran logro, Milagros ya mira hacia adelante. Su motor actual es la Licenciatura en Comunicación Social, una carrera que eligió para alzar su propia voz y la de tantos otros, incentivada por la voz de su padre que también curso esa carrera universitaria. Su gran anhelo es la creación de contenidos para visibilizar realidades que la sociedad suele ignorar.
"Estudiar Comunicación Social es encontrar herramientas para expresarme, contar mi historia y transmitir mensajes que puedan llegar a otras personas. Esta carrera me ayudó a confiar más en mí, a reconocer que mi mirada también importa. Poder hacer contenido significa ocupar un espacio, comunicar desde mi propia voz y demostrar que las personas con discapacidad también tenemos mucho para decir, aportar y transformar", afirma con una madurez e inspiración conmovedoras.
Esa misma garra es la que traslada al ámbito deportivo. Quienes conocen su trayectoria saben que Milagros supo ser la mejor jugadora de bochas adaptadas (boccia) de Chubut, un deporte paralímpico de precisión y estrategia. Su gran desempeño en los torneos regionales le valió el año pasado la convocatoria del Comité Paralímpico para participar en los Juegos Hadar, una experiencia preolímpica donde compartió espacio con la Selección Nacional. Aunque este año las dificultades económicas le impidieron viajar al Encuentro Nacional en Mar del Plata, su ilusión permanece intacta de cara a noviembre. Para ella, las bochas son "una forma de superarme, de compartir, de aprender y de demostrar que también podemos competir, representar y cumplir nuestros objetivos".
Al ser consultada sobre su máxima aspiración en la vida, Milagros no duda. Su respuesta sintetiza la esencia de su lucha y el propósito de su paso por la universidad pública: "Mi mayor sueño ya lo estoy logrando: es poder visualizarme como una persona con discapacidad y poder dar mi voz a gente que la sociedad no puede pensar más que como a un niño".
El sostén invisible del día a día
Detrás del éxito de "Milu" hay un engranaje familiar y de asistencia fundamental. Su papá comparte el orgullo silencioso de verla con el diploma en mano, recordando cómo la impulsó a seguir el camino de la comunicación. También destaca el alivio que significó lograr, a través de la obra social, el transporte diario que la traslada a la facultad, a la pileta y a sus entrenamientos de bochas, un derecho por el que muchas familias tienen que batallar entre trabas burocráticas.
A este equipo se suman su mamá Paola, y sus hermanas Bella y Victori junto a Lucía y Vivian, sus acompañantes terapéuticas, quienes se coordinan mañana y tarde para asegurar que Milagros pueda habitar las aulas de la UNPSJB en igualdad de condiciones. También cumple un papel importante su psicóloga Silvina.
Hoy, Comodoro Rivadavia celebra a una nueva profesional. Milagros Agostina Barría no solo se llevó un título bajo el brazo; le dio a toda la comunidad una lección inolvidable de dignidad, derecho y resiliencia.