2026-05-03

El uso de redes sociales aumenta la posibilidad de sufrir ansiedad y depresión en menores, indica investigación global

Un profundo metaanálisis de alcance internacional relacionó la utilización de las redes sociales con una desmejora en la salud mental de los jóvenes.

El estudio, difundido a través de JAMA Pediatrics, examinó información de más de 363.000 niños y adolescentes, donde se verificaron conexiones constantes entre el tiempo dedicado a las plataformas digitales y un incremento en los peligros de padecer depresión, ansiedad y autolesiones. La investigación advierte acerca de la magnitud planetaria de esta situación y plantea que, si bien las consecuencias a nivel individual pueden ser moderadas, el impacto general tiene el potencial de perjudicar a una generación entera.

Conexión entre plataformas digitales y salud mental

Este metaanálisis —un tipo de trabajo que indaga en los frutos de diversas investigaciones autónomas— halló que hay un vínculo directo y de relevancia entre el empleo de redes sociales y el empeoramiento del bienestar psíquico en la juventud. Para llegar a esta conclusión, se consideraron 153 estudios longitudinales efectuados a partir del año 2000.

En este sentido, se detectaron nexos coherentes entre estos espacios virtuales y una subida de los cuadros depresivos, la ansiedad, las autolesiones y diversos inconvenientes socioemocionales en menores de distintas latitudes.

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De acuerdo a lo precisado por una publicación de JAMA Network, el relevamiento solo contempló indagaciones longitudinales posteriores al año 2000, las cuales contaron con un seguimiento promedio de 2,5 años. Se procesaron datos de niños y adolescentes de entre dos y 19 años, oriundos principalmente de Europa, Norteamérica y Australia, aunque se incluyeron también regiones de Asia y Latinoamérica. Los indicadores de carácter negativo más recurrentes fueron la depresión, la ansiedad, las autolesiones y la baja autoestima entre los usuarios de menor edad.

Etapas de mayor vulnerabilidad

Los hallazgos demuestran que la asociación entre los entornos digitales y los resultados perjudiciales se manifiesta con mayor nitidez en adolescentes de entre 12 y 15 años. Dicho periodo es señalado como una “ventana sensible” debido a la fragilidad neurológica propia de esa edad.

“La relación entre las redes sociales y la depresión era más fuerte en la preadolescencia”, detalló la docente adjunta Yunyu Xiao, perteneciente al Weill Cornell Medical College, en testimonios recabados por JAMA Network. El informe puntualiza que el contacto temprano y reiterado con estas redes se vinculó con una mayor presencia de ingesta de sustancias, comportamientos conflictivos, un desempeño escolar deficiente y la caída de la autoestima.

Por el contrario, otras clases de contacto tecnológico, como sucede con los videojuegos, exhibieron tanto consecuencias negativas como positivas. Sin embargo, las redes sociales resaltaron por agrupar mayoritariamente factores de riesgo. La profesional en psicología Samantha Teague, de la Universidad James Cook en Australia y principal responsable de la investigación, manifestó: “Descubrimos que los niños corrían un mayor riesgo de sufrir dificultades en su desarrollo social y emocional”. Si bien el margen de peligro extra se sitúa entre el 3% y el 5%, al observar poblaciones masivas, el incremento potencial de individuos con trastornos de índole psicológica es elevado.

Discusión sobre el origen del riesgo

A pesar de la firmeza de las cifras, quienes encabezaron el estudio aclaran que la información no demuestra una causalidad directa. “Es muy difícil discernir qué fue primero, el huevo o la gallina; ¿cuál es la dirección de la relación?”, reflexionó Jason Nagata, experto de la Universidad de California, San Francisco. La controversia en el ámbito científico hoy se centra en definir si el uso de las aplicaciones profundiza síntomas que ya existían o si, inversamente, los menores con complicaciones previas buscan refugio con más frecuencia en estas herramientas.

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La relevancia de las investigaciones longitudinales radica en su potencial para trazar el progreso de los síntomas y reconocer su orden cronológico. Sumado a esto, elementos como el marco en el que se utilizan, la selección de los algoritmos y las alertas constantes pueden volver más intensa la vivencia negativa. Nagata remarcó las similitudes entre el empleo compulsivo de estas plataformas y los cuadros de adicción, a pesar de que todavía no hay un diagnóstico oficial para la dependencia a estos servicios.

Normativas y compromiso de las tecnológicas

El incremento de los problemas de salud mental ligados a los entornos virtuales ha motorizado medidas de regulación en distintas naciones. Australia puso en marcha una restricción para menores de 16 años hacia finales de 2025, mientras que en Francia se demanda el aval de los padres para quienes no alcanzan los 15 años. Asimismo, ciertos estados de Estados Unidos aplican topes similares. No obstante, para Teague, estas disposiciones carecen de efectividad plena, dado que los jóvenes suelen hallar maneras de esquivarlas.

Diversos especialistas advierten que las respuestas basadas solamente en prohibir pueden generar efectos contrarios y restringir otros aspectos del bienestar de la juventud. De forma creciente, el foco se pone sobre la responsabilidad de las firmas de tecnología.

En marzo, un tribunal consideró que Meta y Google eran responsables de daños en la salud mental de los jóvenes por desarrollar interfaces adictivas. Kate Blocker, quien dirige investigaciones en Children and Screens, resaltó que la perspectiva comienza a girar hacia la “responsabilidad por productos defectuosos”. Blocker exhorta a que las empresas supriman funciones de comparación social, tales como los recuentos de “me gusta” y las rachas visibles, además de acotar las notificaciones que fomentan un uso permanente.

Sugerencias y aplicaciones clínicas

El panorama expuesto fuerza a que tanto progenitores como trabajadores de la salud tomen una postura más activa. Los conocedores del tema sugieren incorporar el control del uso problemático de las redes en las consultas con el pediatra, a la par del sueño y la nutrición. Xiao indica que es fundamental examinar no solo el tiempo frente a la pantalla, sino el modo de interacción digital de los chicos. Por su parte, Nagata recomienda comenzar las charlas sobre el uso de dispositivos con apertura, eludiendo la estigmatización para promover la honestidad de los menores.

Si bien la constancia de beneficios probables es baja, algunos expertos opinan que las acciones a futuro deberían contar con la ayuda de las compañías tecnológicas, las instituciones de salud y los grupos familiares. Teague propone profundizar el análisis sobre las consecuencias de los vídeos cortos y de las diversas aplicaciones, además de proyectar espacios digitales de mayor seguridad para los jóvenes.

Mientras los retos continúan y la mayoría de los adolescentes persiste en un uso frecuente de estas plataformas, la labor de cuidado queda en manos de familiares y profesionales médicos. Aunque las herramientas digitales brindan nuevas alternativas, los investigadores advierten que la mentalidad comercial dominante no suele estar en sintonía con el crecimiento sano de la juventud.

Con información de Infobae.

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