Básquetbol
Argentina entrena para dejar atrás la pésima noche y enfocarse en Panamá
El conjunto argentino, que cuenta en su cuerpo técnico con el comodorense Nicolás Casalánguida y con el actual entrenador de Gimnasia de Comodoro Rivadavia, Pablo Favarel, viene de una noche para el olvido: convirtió apenas 44 puntos y cayó por 61 a 44 ante el seleccionado uruguayo, en un partido en el que se vio superado en distintos aspectos del juego y nunca logró encontrar una reacción sostenida.
La estadística final expone con crudeza lo sucedido. Argentina firmó un bajísimo 13 por ciento en tiros de tres puntos, no consiguió anotar con regularidad en transición y perdió claramente el juego de posesión, un factor determinante en el desarrollo del encuentro. Uruguay manejó mejor los tiempos, tomó decisiones más claras y supo capitalizar cada momento favorable para construir una victoria sólida.
De cara al duelo ante Panamá, el panorama invita a un moderado optimismo por el regreso de los jugadores que militan en Europa. Estarán a disposición Facundo Campazzo y Gabriel Deck, dos piezas fundamentales tanto por su jerarquía individual como por su capacidad de liderazgo. Su presencia puede resultar determinante para mejorar la circulación ofensiva, aportar claridad en los momentos de presión y sostener las aspiraciones de clasificación.
La autocrítica del entrenador
Tras el encuentro, el entrenador argentino realizó un análisis profundo y autocrítico, marcando con claridad dónde estuvo el principal déficit del equipo.
“Obviamente para hacer un análisis más fino hay que volver a ver el partido y estar más calmos, pero está claro que nuestra ofensiva hoy nos dejó un poco tirados. Defensivamente nos habíamos propuesto dejar a Uruguay en 60 puntos y lo conseguimos. Los dejamos en 61 y eso es positivo porque nuestra identidad está basada en la defensa desde hace tiempo. Pero en ofensiva nunca pudimos encontrar ritmo”, señaló.
El técnico remarcó la baja eficacia en el tiro exterior como uno de los factores determinantes: “No pudimos correr, casi no anotamos en transición. Contra los cambios nos frenamos mucho y tiramos 13 por ciento de tres puntos, muchos de esos lanzamientos fueron abiertos. Algunos los forzamos, pero otros no. Es muy difícil ganar un partido con ese porcentaje”.
Además, hizo hincapié en la pérdida del control de las posesiones y en la lucha rebotera: “Perdimos el juego de posesiones. Ellos tuvieron casi diez más que nosotros. No pudimos rebotear, nos costó mucho el rebote ofensivo contra los doce que capturaron ellos. Tiraron mejor, hicieron mejor las cosas y nos tiene que servir como aprendizaje cuando nos defiendan de esa manera. Tenemos que circular mejor el balón, tocar más, jugar la siguiente acción”.
A pesar del resultado adverso, el entrenador intentó poner el foco en lo que viene: “La ventana tiene dos juegos. Terminó el primero, pasamos página y ya estamos volcados al lunes. Parte del staff ya estuvo trabajando en Panamá. Estoy convencido de que vamos a estar preparados para competir”.
Un desafío inmediato
La derrota obliga a una rápida reacción. El margen de error en este tipo de competencias es escaso y cada juego puede resultar determinante en la carrera hacia la clasificación mundialista. La incorporación de Campazzo y Deck no sólo aporta talento, sino también experiencia en escenarios de alta exigencia.
Argentina necesita recuperar su identidad ofensiva sin resignar la solidez defensiva que históricamente la caracterizó. El desafío ante Panamá será mostrar una versión más dinámica, con mejor circulación de balón, mayor agresividad hacia el aro y, sobre todo, mayor eficacia en los tiros abiertos.
El lunes ofrecerá una nueva oportunidad. Después de una noche que dejó preocupación y autocrítica, la Selección trabaja con la intención de reencontrarse con su mejor versión y sostener intactas sus aspiraciones mundialistas.