Mujeres iraníes desafían al régimen con un gesto simbólico en medio de las protestas
En un contexto de recrudecimiento de las protestas en Irán y de fuerte represión estatal, un gesto protagonizado por mujeres comenzó a multiplicarse como forma de protesta simbólica contra el régimen. Se trata de videos e imágenes en los que mujeres iraníes fuman un cigarrillo encendido con retratos del ayatolá, una acción que combina la crítica política con el cuestionamiento a las normas sociales impuestas por la República Islámica.
La modalidad cobró visibilidad luego de que una mujer iraní residente en Canadá difundiera en redes sociales un video en el que prende fuego un retrato del líder supremo, Alí Jamenei, y utiliza la llama para encender un cigarrillo. El gesto se viralizó rápidamente y fue replicado por otras mujeres, tanto en el exterior como dentro del país, pese al bloqueo casi total de las telecomunicaciones que Irán mantiene desde hace tres días.
Este tipo de protesta se da en paralelo al endurecimiento del discurso oficial. En las últimas horas, la Guardia Revolucionaria y otros estamentos de seguridad calificaron de “terroristas armados” a quienes participan de las movilizaciones, que comenzaron a fines de diciembre por el aumento del costo de vida y derivaron en reclamos más amplios contra el Gobierno. Los medios estatales abandonaron la denominación de “alborotadores” y comenzaron a difundir imágenes de edificios incendiados y funerales de miembros de las fuerzas de seguridad.
Según organizaciones de derechos humanos, al menos 65 personas murieron desde el inicio de las protestas y más de 2.300 fueron detenidas. El apagón de internet dificulta la verificación de la información y el trabajo de organismos independientes, situación que fue denunciada por Amnistía Internacional como una estrategia para ocultar violaciones a los derechos humanos.
En ese escenario, el protagonismo de las mujeres vuelve a ocupar un lugar central, como ya ocurrió durante las protestas de “Mujer, vida y libertad” iniciadas en 2022. El acto de fumar —una práctica socialmente reprimida para las mujeres en Irán— adquiere un sentido político al combinarse con la quema de símbolos del poder religioso y estatal.
Las manifestaciones continúan en varias ciudades del país, mientras el régimen advierte con penas severas, incluso la pena de muerte, para quienes participen de enfrentamientos o actos de sabotaje. Desde el exterior, comunidades iraníes expresan su apoyo a las protestas y amplifican estas formas de resistencia simbólica que, pese a la censura, logran trascender fronteras.