Bullrich impide a familiares de la Masacre de Trelew visitar la cárcel de Rawson en un nuevo aniversario
Este viernes se cumplen 53 años de la Masacre de Trelew, un evento trágico ocurrido el 22 de agosto de 1972 en la Base Aeronaval Almirante Zar, donde 19 militantes fueron fusilados por las Fuerzas Armadas y solo tres de ellos lograron sobrevivir.
Anualmente, en esta fecha, los familiares de las víctimas y diversas organizaciones de derechos humanos planifican una serie de actividades conmemorativas que incluyen actos, recorridos por los sitios asociados a la represión y visitas a los lugares donde los detenidos estuvieron presos. Una de las paradas habituales de esta conmemoración es la Unidad 6 del Servicio Penitenciario Federal en Rawson, donde los militantes estuvieron recluidos antes de ser trasladados a la base militar.
El acceso a esta cárcel se ha convertido en una tradición simbólica para mantener viva la memoria de este suceso, considerado un antecedente directo del terrorismo de Estado que se implementó durante la última dictadura. No obstante, este año la costumbre fue interrumpida.
El 25 de junio, Silvia Pecci, junto a Ilda Bonardi de Toschi y Sara Kohon, familiares de las víctimas y parte del grupo organizador, presentaron una solicitud formal para obtener el permiso de ingreso. La respuesta oficial llegó el 19 de agosto, pocos días antes del aniversario, denegando la autorización para que el grupo ingresara a la cárcel federal. La orden provino de la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich.
Esta decisión ha puesto fin a una costumbre de décadas, durante las cuales los familiares podían visitar el pabellón que actualmente funciona como comunidad terapéutica para personas en tratamiento por adicciones.
En una entrevista con Jornada Radio, Pecci manifestó que están "muy enojadas, para decirlo diplomáticamente". Añadió que, aunque la decisión no fue una sorpresa total, sí ratifica un cambio en la postura del Gobierno nacional hacia los espacios de memoria relacionados con hechos de violencia política. "El pasado siempre está relacionado con el presente en hechos y personas: las mismas personas protagonizan decisiones muy arbitrarias e instalan métodos represivos", comentó.
En años anteriores, las visitas a la prisión no solo servían como homenaje, sino también como un espacio de diálogo entre sobrevivientes, familiares y los actuales residentes de la comunidad terapéutica. Para los organizadores, esta interacción era fundamental para una "construcción de memoria activa", que unía la narración de los hechos de 1972 con las problemáticas sociales y sanitarias del presente.