2025-08-07

Milei promete dejar los insultos: ¿un giro real o estrategia electoral?

En plena previa electoral, Javier Milei anuncia que dejará los insultos para enfocarse en el debate de ideas. Detrás del giro discursivo, hay una estrategia clara: conquistar al electorado moderado que aún lo mira con desconfianza.

A pocas semanas del inicio formal de la campaña legislativa, el presidente Javier Milei anunció que dejará de insultar a la oposición para “discutir ideas”. El cambio, más que una transformación personal, responde a una recomendación de sus estrategas de campaña con el objetivo de captar votantes moderados, especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde se juegan las elecciones del 7 de septiembre.

Durante un evento de la Fundación Faro, encabezada por el ideólogo ultraconservador Agustín Laje, Milei volvió a cargar contra sus detractores, a quienes calificó de “parásitos mentales” y acusó de romper la disciplina fiscal. Sin embargo, sorprendió con un aparente cambio de tono: “Voy a dejar de usar insultos a ver si están en condiciones de poder discutir ideas”, dijo, justificando sus formas como respuesta a la supuesta falta de nivel intelectual de sus adversarios.

El presidente arrastra un estilo comunicacional violento que se convirtió en su sello personal desde su irrupción en la política. Según el portal Chequeado, en su primer año en el poder promedió dos insultos diarios, con un fuerte repunte en los últimos meses: 611 agresiones verbales en 100 días, 57 de ellas con referencias sexuales, según un recuento de La Nación.

Entre sus blancos favoritos figuran políticos, periodistas, sindicalistas y artistas, a quienes Milei agrupa bajo el concepto de "la casta". Pero su estilo comienza a mostrar límites: una encuesta de la consultora Analogías reveló que el 66 % de los argentinos considera violenta su forma de comunicarse, y el rechazo asciende al 77 % entre mayores de 60 años, un segmento clave en las próximas elecciones.

Pese a gobernar en minoría, La Libertad Avanza lidera las encuestas legislativas junto al debilitado PRO de Mauricio Macri. En este contexto, dejar los insultos podría ser una jugada clave para ampliar su base de apoyo y garantizar mayor gobernabilidad en los próximos dos años.

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