Petróleo y gas
El Golfo San Jorge busca transformarse de la mano de tecnología y apuesta empresarial
La Cuenca del Golfo San Jorge, motor histórico de la producción petrolera argentina, atraviesa un punto de inflexión. Desde hace casi una década, arrastra un deterioro que afecta tanto al empleo como al tejido productivo de ciudades como Comodoro Rivadavia y Caleta Olivia. Hoy, mientras Vaca Muerta concentra el 71% del petróleo nacional, el Golfo apenas sostiene un 25% de la producción y se ve obligado a redefinirse.
La producción local pasó de 280.000 barriles por día (en su mejor momento entre 2009 y 2012) a 189.000 barriles, según datos oficiales de marzo de este 2025. En paralelo, el empleo cayó de un pico de 25.000 trabajadores registrados en 2014 a menos de 21.000 a fines de 2024, con un éxodo creciente de profesionales hacia Neuquén.
El retiro de YPF y la reorganización empresarial
La retirada de YPF de campos históricos en la región durante el último año no hizo más que profundizar la incertidumbre en una industria que durante décadas fue el corazón económico de la Patagonia Sur. Pero en medio de la crisis, se empiezan a gestar movimientos que podrían reconfigurar el futuro de la cuenca. Dos pilares sobresalen como oportunidades concretas: la recuperación terciaria y el shale gas.
La apuesta de Pan American Energy al shale
El otro eje de transformación es más ambicioso: la incursión en shale gas, con epicentro en la formación D-129, apodada por varias voces como la “mini Vaca Muerta” chubutense.
PAE avanza un plan piloto con pozos horizontales de hasta 1.500 metros y 25 etapas de fractura. Si la apuesta se consolida, la cuenca podría evolucionar de su perfil petrolero clásico hacia uno mixto, con un fuerte componente gasífero. El salto tecnológico que implica este tipo de explotación hidrocarburífera no solo significaría extender la vida útil de la región como polo energético, sino también insertarse en el prometedor mercado del GNL, en articulación con proyectos como el de Southern Energy o Argentina LNG.
A esto se suma una reconfiguración del mapa de inversiones. Con el repliegue de gigantes como Sinopec y ENAP entre 2016 y 2017, y la retirada parcial de YPF, comenzaron a emerger actores nuevos y otros que retoman protagonismo: PECOM, CGC, Capex, Crown Point, Selva María Oil y Fomicruz —esta última con un rol activo en Santa Cruz tras recibir 10 concesiones de YPF que serán relicitadas—. La firma de acuerdos de productividad entre operadoras y provincias también marca un intento de blindar el desarrollo regional.
Sin embargo, ningún proceso de reconversión puede sostenerse sin políticas públicas firmes que lo acompañen. Hoy, la cuenca necesita más que inversiones empresariales: hace falta una estrategia integral que contemple infraestructura, retención de talentos, actualización tecnológica, capacitación laboral y, sobre todo, un rol activo del Estado nacional y provincial.
La reconversión de la concesión de Cerro Dragón, por ejemplo, es posible gracias a un marco legal que incluye la Ley de Hidrocarburos y un decreto reciente. Esto otorga a PAE un plazo de 35 años, prorrogable por 10 más, para desarrollar el proyecto en la zona de la formación D-129.
El Golfo San Jorge tiene puertos estratégicos como los de Termap en Comodoro y Caleta Olivia, prestigio internacional y un ecosistema de trabajadores y pymes con décadas de experiencia. La diversificación energética es sin dudas una oportunidad de resurgimiento.
El 2025 se perfila como un año bisagra. Si los proyectos en recuperación terciaria y shale gas logran escalar, el Golfo podría recuperar parte de su peso perdido. Pero si estos esfuerzos quedan aislados o no se sostienen en el tiempo, la cuenca corre el riesgo de ser un recuerdo productivo y no una promesa energética.
Redactado a partir de información de los medios EnergíaON y EconoJournal.