2025-05-20

Alfredo Yabrán, el poder en las sombras que cayó tras el crimen de José Luis Cabezas

Acorralado por la justicia y el repudio social, el empresario se suicidó el 20 de mayo de 1998. El asesinato del reportero gráfico destapó una red mafiosa con conexiones en la política, la policía y los servicios de inteligencia.

Fue uno de los hombres más enigmáticos y poderosos de los años noventa. Sin cargo público ni exposición mediática, Alfredo Yabrán manejaba empresas clave en logística, seguridad y transporte aéreo. Pero todo cambió cuando una foto suya llegó a la tapa de una revista: la de José Luis Cabezas, el reportero gráfico que fue secuestrado, asesinado y calcinado en enero de 1997. A poco más de un año del crimen, Yabrán, ya imputado y prófugo, se quitó la vida con un escopetazo en la boca, en una estancia entrerriana perteneciente a su hombre de confianza.

Un poder en las sombras

Durante el menemismo, Yabrán construyó un imperio sin rostro. Fue dueño de empresas como OCASA (correos), Ciccone Calcográfica, Intercargo (manejo de aeropuertos) y EDCADASSA (cargas aduaneras). También se vinculó a la SIDE, cultivó relaciones con el entonces ministro del Interior Carlos Corach y manejó millonarios contratos estatales.

El enigma creció cuando Domingo Cavallo lo acusó en el Congreso de encarnar "el poder mafioso en la Argentina". Nadie conocía su rostro… hasta que Cabezas lo retrató en Pinamar.

El crimen que lo derrumbó

El 25 de enero de 1997, José Luis Cabezas fue encontrado calcinado dentro de un Ford Fiesta en una cava de General Madariaga. Lo habían golpeado, esposado, ejecutado de dos disparos y prendido fuego. El móvil fue claro: una represalia por su trabajo periodístico.

La investigación reveló que el asesinato fue cometido por una banda de delincuentes conocida como "Los Horneros", contratados por el entorno de Yabrán. Entre los condenados estuvo su jefe de custodia, Gregorio Ríos, considerado instigador directo del crimen.

Un suicidio con olor a ocaso

A medida que la investigación avanzaba, Yabrán fue imputado como autor intelectual. El juez José Luis Macchi ordenó su detención, pero el empresario se dio a la fuga. El 20 de mayo de 1998 fue hallado muerto en el baño de una habitación del campo "San Ignacio", propiedad de su testaferro Patricio Peralta Ramos, en Entre Ríos.

El cuerpo presentaba un disparo en la boca con una escopeta calibre 12/70, apoyada entre sus piernas. Dejó una carta suicida en la que se decía "perseguido político y mediático" y pedía perdón a su familia por no poder resistir más.

Juicio, condenas e impunidad

El crimen de Cabezas tuvo ocho condenados, incluyendo a Los Horneros y a Gregorio Ríos. Sin embargo, con el paso del tiempo, varios recuperaron la libertad mediante beneficios judiciales.

El caso marcó un hito en la democracia argentina: nunca antes un periodista había sido asesinado por su trabajo desde el retorno institucional de 1983. La consigna "No se olviden de Cabezas" se volvió símbolo de la defensa de la libertad de prensa.

Un legado oscuro

La muerte de Yabrán no cerró el capítulo. Su figura sintetiza el cruce entre negocios, política, servicios de inteligencia y violencia mafiosa. Su caída expuso una red de complicidades que funcionó durante años bajo el paraguas del poder.

Cada aniversario del crimen de Cabezas y del suicidio de Yabrán nos recuerda que la verdad puede ser peligrosa, pero el silencio lo es mucho más.

Te puede interesar